A tan solo un día de la tan esperada tregua entre las milicias prorrusas y el Ejército ucraniano, anunciada el jueves por los líderes de Rusia, Alemania, Francia y Ucrania en Minsk, el pulso entre Moscú y Kiev cobró una tensión máxima. A los combates sangrientos se añadieron duros intercambios verbales.

Los desacuerdos limados por los altos mandatarios durante su reunión en la capital de Bielorrusia salieron a la superficie a raíz de un alarmante cruce de acusaciones entre el Kremlin, los milicianos y el Gobierno de Kiev, provocando serias dudas sobre la viabilidad de los acuerdos alcanzados.

«No hay que hacerse ilusiones. Aún falta mucho para lograr la paz. Nadie tiene la firme certeza de que las condiciones para la paz acordadas en Minsk se cumplirán a rajatabla», dijo el presidente de Ucrania, Petró Poroshenko, al visitar un centro de entrenamiento de la Guardia Nacional del país. Con todo, añadió: «Hay esperanza de que, pese a todo, a partir de ahora la situación tome la senda del freno de la escalada. Y espero que eso nos lleve a la paz».

Paralelamente, se intensificaron los combates y bombardeos en Donbás. El vicecomandante de las milicias de la República Popular de Donetsk, Eduard Basurin, informó de que más de 40 militares ucranianos murieron y otros 30 resultaron heridos durante la noche del jueves al viernes. «El Ejército ucraniano, durante esta noche, perdió dos vehículos de combate de infantería, cuatro tanques y cuatro automóviles, además de sufrir 42 muertos y 30 heridos», informó.

INTERPRETACIÓN DIFERENTE

Basurin, que denunció que el Ejército ucraniano no demuestra ninguna disposición a cumplir el alto al fuego pactado en Minsk, añadió que durante las últimas 24 horas los militares de Kiev atacaron 42 veces las posiciones de las milicias.

El portavoz del Estado Mayor de Ucrania, Vladislav Selezniov, informó, por su parte, de 11 bajas mortales entre los soldados y 40 heridos. Y ante la virulencia de los enfrentamientos, dijo: «Todos los intentos del enemigo de tomar nuevas posiciones y modificar la actual línea de separación en su beneficio recibirán la debida respuesta de los militares ucranianos».

El Grupo de Contacto (Ucrania, Rusia, la OSCE) y los jefes de las milicias de Donetsk y Lugansk acordaron el jueves en la capital bielorrusa una serie de nuevas medidas para reiniciar el proceso de paz en el sureste del país eslavo, tras el fracaso de varias iniciativas anteriores.

El memorándum, bautizado por la prensa como el acuerdo Minsk 2.0, prevé un alto el fuego en el este de Ucrania a partir de las 00.00 horas de esta noche, la retirada del armamento pesado por parte de los dos bandos del conflicto en un plazo máximo de dos semanas, una amnistía general a las milicias y el canje de prisioneros. Las medidas acordadas recibieron el apoyo de los líderes de Alemania, Francia, Rusia y Ucrania a través de una declaración conjunta, aprobada tras 17 horas de tensas negociaciones.

Sin embargo, sin esperar a que se seque la tinta de los documentos firmados, Moscú y Kiev han comenzado a interpretar los puntos clave cada uno a su manera. El ministro de Exteriores de Ucrania, Pavló Klimkin, declaró que la amnistía para los participantes en el conflicto no se extenderá a los responsables de crímenes de lesa humanidad, causando una respuesta inmediata del Kremlin.

QUEJAS DEL KREMLIN

La vicedirectora del servicio de prensa de la cancillería rusa, María Zajárova, llamó a Klimkin para que aclarase su postura sobre el cumplimiento de los acuerdos de Minsk con Poroshenko. «No debería hacer esas declaraciones públicamente sin acordarlas con su presidente. Al menos, es como se hace en los países que tienen un sistema político estable y prima la ley».

En lo que supuso otra decepción para Kiev, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, desmintió que haya un pacto entre Moscú y Kiev para liberar a la militar ucraniana Nadezhda Sávchenko, detenida en Rusia, en contra de lo que había anunciado Poroshenko.