La pena de muerte es un castigo cuestionable y cuestionado en Estados Unidos y Richard Glossip, un hombre de 52 años al que los tribunales dieron cita este lunes con la inyección letal en Oklahoma, encarna a la perfección esos dilemas.

Condenado en 1998 como organizador del asesinato un año antes del dueño del motel que gestionaba, Glossip planteó junto a otros reos del corredor de la muerte un caso denunciando la crueldad de la inyección letal por el uso de fármacos como el Midazolam, que según sus críticos provoca la pérdida de conciencia pero no el coma profundo que evitaría sentir los efectos de los otros dos elementos del cóctel letal, pero el Tribunal Supremo en junio dictaminó que las autoridades podían emplear ese medicamento.

Glossip, cuya ejecución está prevista para este martes a las tres de la tarde en la penitenciaría estatal de McAlester, sería el primero en ser ejecutado tras esa luz verde. Su caso, además, es otro más en el que hay dudas sobre su culpabilidad y sobre el proceso judicial que llevó a su condena, lo que ha provocado una intensa campaña de movilización de activistas, abogados, celebridades y ciudadanos para tratar de frenar su ejecución, de momento sin éxito. La gobernadora de Oklahoma, Mary Fallin, aseguró el lunes que no retrasará la ejecución.

SIN PRUEBAS FÍSICAS

La condena de Glossip, sin pruebas físicas que lo involucraran en el crimen, se basó sobre todo en el testimonio de Justin Sneed, un vagabundo de 19 años que fue quien asesinó a Barry Van Treese, el dueño del motel, apaleándole con un bate de béisbol.

Sneed -que a cambio de su testimonio logró evitar su propia condena a muerte y logró una cadena perpetua-- dijo en su día que Glossip, que le dejaba quedarse en el motel a cambio de trabajos de mantenimiento, le había pedido que matara a Van Treese porque temía que fuera a despedirle. Van Treese sospechaba que Glossip estaba robándole dinero, trampeando las cuentas del establecimiento y gestionándolo mal.

Los abogados de Glossip aseguran que han descubierto nuevas pruebas que demuestran la inocencia de su cliente, incluyendo el testimonio jurado de un compañero de celda de Sneed, según el cual este dijo que había "entrampado a Glossip" y que este "no había hecho nada". Tienen también nuevos testimonios que identifican a Sneed como un adicto a las metanfetaminas y hay, además, dudas sobre las tácticas que la policía usó para interrogar y lograr el testimonio de Sneed (que dio varias versiones antes de la que inculpaba a Glossip). Se denuncia también que el condenado a muerte no recibió adecuada representación legal en distintas fases de su proceso. Sus primeros abogados, según su nueva defensa, no investigaron adecuadamente a los testigos en el juicio ni les interrogaron de forma efectiva. Cuando volvió a ser condenado en el 2004, tampoco sus abogados defensores hicieron el trabajo que les correspondía. Entre quienes están pidiendo el retraso de al menos 60 días para estudiar las nuevas pruebas se encuentran Susan Sarandon y Helen Prevean, la monja activista contra la pena capital a la que la actriz interpretó en la película 'Pena de muerte' y que es asesora espiritual de Glossip.