«Ha llegado el fin de un mundo y el nacimiento de otro de nuevo». Profética y exuberante, Marine Le Pen sacó pecho ayer del auge populista y xenófobo que ya ha llegado al poder en Estados Unidos y que amenaza con hacerlo en puntos del continente europeo. Reunidos en la ciudad alemana de Koblenz, los líderes del nacionalismo más recalcitrante de Francia, Alemania, Holanda e Italia se unieron ayer para hacer frente común en un año marcado por elecciones trascendentales. «2016 fue el año de la revuelta en el mundo anglosajón. 2017 será el de la revolución en la Europa continental», añadió ante sus fieles.

El encuentro, llamado significativamente Europa de las Naciones y las Libertades, reunió a Frauke Petry, de Alternativa por Alemania (AfD), Geert Wilders, del Partido por la Libertad holandés (PVV), Matteo Salvini, de la Liga Norte italiana, Harald Vilimsky, del Partido de la Libertad de Austria (FPÖ), y la propia Le Pen, del Frente Nacional francés, para lanzar un mensaje conjunto contra las élites políticas europeas y una inmigración que, consideran, abre la puerta a lo que llaman la islamización de Europa. Acompañados por banderas de las distintas naciones europeas, el encuentro fue una exhibición de músculo tan solo un día después que Donald Trump jurase el cargo como presidente de los Estados Unidos.

Tras la victoria de Trump y del brexit, el populismo xenófobo continental considera que ha llegado su momento. En los próximos meses tres grandes potencias como Alemania, Francia y Holanda celebran unas elecciones determinantes en las que el discurso del miedo y su difamación de la multiculturalidad pueden catapultar a la derecha radical al poder.

El acto no estuvo exento de polémica. A principios de enero AfD prohibió la asistencia de ciertos medios de comunicación nacionales a los que calificó de «traidores· por «no haber cumplido los estándares periodísticos al informar sobre nosotros».