Un ataque preventivo superpoderoso no solo borrará de un plumazo las fuerzas imperialistas de Washington desplegadas en Corea del Sur y alrededores sino que reducirá a cenizas Estados Unidos, ha aclarado la agencia de noticias norcoreana. La retórica inflamada añadida a los tres flamantes misiles intercontinentales o ICBM mostrados en el reciente desfile militar de Pionyang legitiman el miedo. También hay razones para la calma: el misil que esta semana estalló cuatro segundos después de despegar o el cono tembloroso de un cohete mostrado en el desfile de la plaza de Kim Il Sung.

En la carrera nuclear norcoreana se confunden el deseo y la realidad. Los más pesimistas calculan que en el 2020 contará con un ICBM y un centenar de cabezas nucleares. El líder, Kim Jong-un, prometió que probaría este año un ICBM. «Eso no ocurrirá», respondió Donald Trump.

Las informaciones suelen acompañarse de gráficos, nombres abstrusos de misiles y órbitas que cruzan el planeta hasta golpear la costa estadounidense. La idea es que la amenaza es real, pero un examen más templado requiere relativizar esa interesada certeza de Pionyang y Washington. La primera, porque necesita subrayar sus logros ante su pueblo. La segunda, para justificar el mastodóntico presupuesto de Defensa y el despliegue en el patio trasero chino.

Los avances son notables para un pequeño país empobrecido de 26 millones de habitantes y ahogado por las sanciones internacionales que emprendió la aventura nuclear en los noventa con la ayuda de ingenieros llegados de la extinta Unión Soviética.

El desfile militar certificó el buen ritmo. Los expertos subrayaron tres novedades: un tercer misil intercontinental que se añade a los conocidos KN-14 y KN-08, un nuevo proyectil de medio alcance lanzado desde submarinos para dificultar su detección, y los escudos que protegen de las vibraciones y los cambios de temperatura. Este año Corea del Norte ha probado con éxito proyectiles con combustible sólido, que no requieren una carga de varias horas y permiten el lanzamiento inmediato y en ráfagas.

«Soy aún muy escéptico acerca de un ICBM golpeando Estados Unidos», señala Markus Schiller, experto en armamento. «Corea del Norte se ha esforzado mucho últimamente en convencer al mundo de que su programa es algo más que un farol, que son peligrosos y que van en camino de conseguir un ICBM. Pero no deberíamos tomarnos las cosas como Corea del Norte quiere», añade.

El examen de las fotografías de misiles en anteriores desfiles descubrieron pinturas rugosas y otros detalles que sugieren el engaño. La prueba estática del escudo térmico del 2016 fue una «farsa», juzga Schiller. «Lucía bonito e impresionó a muchos científicos, pero desde la perspectiva de un ingeniero es inútil», sostiene el experto.

URANIO / La única certeza es que Corea del Norte cuenta con uranio y plutonio para sus bombas, pero detonarlas en un túnel es mucho más fácil que trasladarlas a la otra punta del mundo. Para ello son imprescindibles dos elementos. El primero es una ojiva que pueda ser calzada en un misil. Eso exige miniaturizar la bomba hasta 60 centímetros de diámetro y 700 kilos. Kim Jong-un, ante el escepticismo generalizado, se hizo fotografiar junto a una supuesta ojiva con aspecto de bola de discoteca de carretera. No convenció a nadie.

El segundo es un ICBM. Requieren múltiples motores para las fases de vuelo y protección contra las vibraciones del despegue y el calor en la reentrada a la atmósfera. Y después viene el asunto de la puntería. Corea del Norte ha puesto en órbita satélites con misiles que requerirían mucho trabajo para reconvertirlos en ICBM. No es lo mismo lanzarlo al espacio que hacerlo bajar y guiarlo hacia un objetivo.

Se entiende, pues, que los expertos maticen el triunfalismo norcoreano o las advertencias apocalípticas estadounidenses. «El uso de motores con combustible sólido en los ICBM es muy complicado. La experiencia muestra que China o Francia, incluso cuando ya disponían de misiles de medio alcance con esa tecnología, necesitaron décadas para trasladarla a un ICBM fiable. Es posible que Corea del Norte reciba alguna ayuda, pero no lo conseguirá en años sino en décadas», juzga David Wright, codirector de la Asociación de Científicos Preocupados.

Las cifras desmienten el riesgo de un próximo ataque norcoreano a Estados Unidos. Sólo uno de los ocho misiles de medio alcance Musudan fue lanzado con éxito el pasado año. Si Corea del Norte tiene problemas insalvables para hacer volar los misiles de medio alcance vacíos, parece quimérico que acierte con un ICBM cargado con una ojiva. Algunos Musudan han caído al mar tras un breve vuelo gallináceo y otros han matado a operarios al estallar en la misma plataforma de lanzamiento. No cuesta imaginar su pánico antes de apretar el botón de un ICBM atómico.

«Hace ya cinco años que los primeros ICBM fueron mostrados en un desfile en Pionyang y aún no los hemos visto volar. Veremos si eso cambia en los próximos años», finaliza Schiller.