Choque dialéctico entre Angela Merkel y Theresa May. Por la mañana, en una comparecencia en el Bundestag, la cancillera sentenció: «Tengo que decir obviedades porque en el Reino Unido todavía hay gente que se hace ilusiones, pero eso sería una pérdida de tiempo». La cancillera se refería a los partidarios del brexit que presionan para obtener unos derechos especiales tras haber votado su salida de la Unión Europea (UE). A última hora de la tarde, la primera ministra británica respondió con una retórica casi bélica. «Los 27 países de la Unión Europea están uniéndose contra nosotros», señaló la primera ministra en un mitin en Leeds, donde auguró: «Las negociaciones van a ser difíciles».

Merkel remarcó que tras su salida de la Unión los ciudadanos británicos no contarán con los mismos derechos de los que gozan ahora bajo el paraguas comunitario. La cancillera de la primera potencia económica del continente, reiteró su estrategia basada en que no habrá ninguna negociación sobre la futura relación entre la isla y Bruselas hasta que no estén cerrados todos los puntos sobre su salida, una posición que hasta ahora Berlín ha esgrimido con firmeza y a la que Londres ha dado la espalda.

El encontronazo se produce dos días antes de que mañana se celebre en Bruselas una cumbre extraordinaria con los 27 miembros de la comunidad para adoptar la línea y los pasos que se seguirán en la negociación del brexit. Lejos de las discrepancias que suelen verse en la capital, la líder alemana espera que esa cumbre sirva para «emitir un fuerte mensaje de unidad» frente al reto mayúsculo que supone el adiós del Reino Unido.

En esa negociación, que puede durar dos años y cuyo final se ha marcado en el calendario el 29 de marzo del 2019, Berlín espera proteger los intereses de los ciudadanos europeos y cohesionar la UE para evitar que se contagie del auge nacionalista y eurófobo que venció en la isla británica.

Uno de los puntos más importantes en esa negociación es el desarrollo económico y el plan financiero europeo que se seguirá después de que un socio y contribuyente tan importante como el Reino Unido diga adiós al grupo. Londres es el tercer destino de las exportaciones alemanas (7,6%) y Berlín es el segundo en las británicas (9,3%). Esa relación esencial para ambas economías evidencia el peso que tendrá este factor en las futuras negociaciones que pueden incluir, según el plan británico, distintos acuerdos comerciales.

Para Merkel, la política es pragmatismo y por eso ve el brexit como un choque en el que ambas partes saldrán perdiendo pero aun así como un proceso de divorcio con el que hay que lidiar. Por eso, a pesar de que la primera ministra británica, Theresa May, ha adoptado una posición dura afirmando que no entrarán en el mercado único y renunciando a la libre circulación de personas que exige Bruselas, la líder alemana y sus homólogos europeos han mantenido su posición de separarse primero y acordar la futura relación después.

Pero más allá del comercio, lo que más importa a Berlín es preservar un pilar como la UE, que ve especialmente amenazada por el auge nacionalista continental que al otro lado del Atlántico ha llevado a Donald Trump a la presidencia. Hasta ahora, Merkel, una de las más convencidas defensoras del proyecto europeo que tanto ha beneficiado a Alemania, ha reiterado que su intención no es castigar al Reino Unido, sino reforzar la unidad de la erosionada UE en un momento crítico. Permitir a los británicos elegir a la carta sería dar alas a los populistas.

El miércoles, May se reunió en Downing Street con el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el encargado de las negociaciones europeas, Michel Barnier, para abordar distintos puntos de un brexit que se prevé extremadamente complejo y complicado. Para ello, May convocó por sorpresa unas elecciones generales para el 8 de junio que, según las encuestas, le permitirán salir aún más reforzada para pilotar el adiós a la UE.