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El Periódico Mediterráneo

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El gigante asiático

La larga marcha hacia la igualdad de la mujer en China

La equidad proclamada por Mao se ha ido diluyendo con el paso del tiempo y el número de trabajadoras ha caído en los últimos años, a la par que el país retrocede en la clasificación de igualdad de géneros

Mujeres chinas en un mercado de Wuhan..

Resonó la sentencia maoísta que responsabiliza a las mujeres de “sostener la mitad del cielo” cuando la astronauta Wang Yaping se convirtió a principios de mes en la primera china que daba un paseo espacial. A las chinas no les corresponde hoy conquistar su mitad, sino defenderla tras décadas que han limado la igualdad proclamada por el Gran Timonel.

Un país con la quinta parte de la población mundial y realidades diversas impide los titulares rotundos sobre la situación de sus mujeres. Son mayoría en la universidad e invisibles en la alta política, han fundado la mayoría de 'startups' de internet y son discriminadas en las zonas rurales, ha desaparecido el ecosistema negocial machista y se les pregunta en las entrevistas de trabajo si tendrán hijos, disfrutan de leyes ejemplares que no siempre se cumplen… China está muy por encima de India y el mundo en vías de desarrollo o de vecinos como Corea del Sur o Japón, que no han acompañado su desarrollo de políticas igualitarias. Sale peor parada si la comparamos con buena parte de Occidente y con la China anterior. También emite señales inquietantes. Cae el porcentaje de mujeres trabajadoras y China ha bajado del puesto 57 al 107 en la clasificación de igualdad de géneros del Foro Económico Global en poco más de una década.

Mao comprendió que no podría levantar un país devastado con la mitad de su población en casa y aprobó unas leyes revolucionarias que dinamitaron el credo confuciano. Prohibió el concubinato y los matrimonios forzosos, las invitó a trabajar sin discriminación salarial y construyó colegios y guarderías. La ocupación femenina en 1990 alcanzaba el 73 %, sin apenas rivales en el mundo, y el 61 % de 2019 obliga a preguntarse qué ha pasado. Es el tránsito de una economía estatal planificada que estimulaba la igualdad al mercado que la castiga. Las mujeres chinas, extinguida la excepción maoísta, padecen ahora los mismos males que las del mundo globalizado.

Problemas de envejecimiento

Su retroceso en el ámbito laboral va a contrapelo en un contexto global que les da más espacio pero un examen de los puntos de partida descubre algunos atenuantes. La zona euro, con un 42 % de mujeres empleadas en 1990, partía de muy atrás. Las tendencias contrarias aún no convergen. El 61 % actual de China supera al 52 % de España, al 51 % de la zona euro y al 57 % de Estados Unidos, según el Banco Mundial. A China le urge revertir la dinámica cuando afronta problemas irresolubles de envejecimiento. Una subida del 3 % de la participación de las mujeres en el mercado laboral añadiría casi 500 mil millones de dólares a su economía. Equivalen al 2 % de su PIB.  

Las mujeres integran el paisaje laboral de las grandes ciudades. La decena que ha entrevistado en Pekín este diario, empleadas en el cine, la televisión pública y privada, la abogacía, las finanzas o la arquitectura, no recuerda ningún episodio discriminatorio ni acoso sexual ni opinan que su género las haya penalizado. Tampoco las que han trabajado en Occidente o Taiwán consignan diferencias. Sólo la treintañera Wang Jing subraya las cuestiones sobre su soltería o la intención de tener hijos en las entrevistas de trabajo. “Es una constante. Ahora te lo preguntan de forma sutil para evadir la prohibición. Puedes negarte a responder pero sabes que no conseguirás el trabajo”, lamenta.

Una ley de 2019 prohíbe que los procesos de selección indaguen sobre el estado civil o maternidad, exijan pruebas de embarazo o fijen el género como preferencia o requisito, pero su cumplimiento es mejorable. “El castigo por maternidad no se refleja necesariamente en la entrevista. A menudo es menos explícita. El empleador asume que una mujer probablemente tendrá niños. La edad es importante: preocupa menos en mujeres veinteañeras pero se convierte en un problema en las treintañeras”, señala Ruixue Jia, experta en Desarrollo Económico Chino de la Universidad de California-San Diego.

Dos semanas por paternidad

El miedo a la maternidad chirría con una legislación generosa. El mínimo nacional de días de baja se sitúa en 98 pero la mayoría de provincias ofrecen entre 128 y 158 m (112 en España). Las empresas pagan un seguro para que las mujeres reciban su sueldo de los fondos del estado pero el sistema cuenta con dos fallos que explican la preferencia por el hombre. Por un lado, los pagos tienen un límite, por lo que el empleador deberá completarlos. Y por otro, la baja por paternidad de apenas dos semanas reduce las ausencias del hombre. 

Tampoco las ayuda su pronta jubilación, entre los 50 y 55 años, por los 60 de los hombres. Fueron aprobadas siete décadas atrás, con una expectativa de vida de 35 años, y ahí siguen cuando ya alcanza los 77. Aquella distinción que entonces protegía a las mujeres las obliga hoy a abandonar el puesto de trabajo en edad funcional y frena sus ascensos. Una encuesta reciente de una plataforma laboral ofrecía signos opuestos: ganan un 12 % menos que los hombres pero la brecha salarial se había reducido un 5 % en un año.

El sudoku que maneja el Gobierno revela la complejidad de los retos. Necesita tanto a las mujeres en el mercado laboral como incentivar la natalidad. Los discursos de su presidente, Xi Jinping, evidencian la problemática: ha subrayado la necesidad de alcanzar la igualdad de géneros completa y también la tradicional responsabilidad de la mujer en el hogar y la familia.

El Ministerio de Recursos humanos y Seguridad Social admitió en enero la discriminación y el Consejo de Estado aprobó en septiembre un plan para acabar con ella en diez años. Prevé 200 medidas y objetivos que incluyen el aumento de su presencia en el mercado laboral, el cumplimiento estricto de las leyes sobre igualdad salarial y penas más altas por el acoso sexual. Shenzhen, la capital tecnológica, aprobó en marzo una guía sobre el acoso sexual en el trabajo, universidad y colegios que aclara su significado y agiliza las denuncias. Las grandes compañías han adoptado códigos de conducta que dificultan los excesos y acabado con la costumbre de aceitar los acuerdos con cenas, alcohol, karaokes y señoritas. Aquella socialización tóxica que expulsaba a las mujeres ha sido barrida por la campaña contra la corrupción de Xi Jinping. “Los clientes ya no te piden que vayas a cenar con ellos. Y, si alguien te lo sugiere, puedes alegar educadamente que priorizas la vida familiar sin temor a perder el negocio”, aclara Jia, fundadora de un despacho de propiedad intelectual.

Sirve aquello tan habitual en China de mucho hecho y mucho por hacer. Con la mujer, sin embargo, la evolución pasa por la involución: recuperar aquella ejemplar igualdad maoísta que el liberalismo erosionó.

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