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Crisis económica

Una oleada de huelgas recorre Turquía

Ante la inflación desbocada, que oficialmente se sitúa en el 48% anual, los trabajadores turcos salen a la calle en masa | Decenas de grandes empresas turcas ven cómo sus empleados deciden sumarse a la protesta para reclamar un aumento de salarios

Protestas de los motoristas de la empresa Yemeksepeti en Estambul ayer jueves. REUTERS

El conserje del edificio de oficinas aún está adormilado cuando, desde el fondo de la calle, ahí a lo lejos, empiezan a sonar cientos de bocinas. Es temprano por la mañana y la lluvia invernal de Estambul lleva empapando el asfalto desde hace horas. Son cientos de motocicletas, todas rosas, todas rugiendo. 

Sus conductores también lo hacen, levantando algunos los brazos y gritando, todos, en la misma dirección: hacia el edificio protegido por el conserje solitario. El inmueble está casi vacío, pero la calle está llena

"La situación es tan mala, tanto, que no sé ni cómo explicarlo. Para poder estar aquí hoy y protestar por mis derechos estoy teniendo que pedir días libres, cuando debería usarlos para estar con mi familia, mis hijos, en lugar de estar ahora bajo la lluvia. Pero aquí estamos, desgraciadamente. Lo que nos está haciendo la empresa es una desgracia", se queja Murat, uno de los cientos de repartidores a motor de la empresa de propiedad alemana y una de las más grandes de Turquía, YemekSepeti, cuyos trabajadores de reparto llevan más de dos semanas en huelga. 

La huelga de esta empresa , sin embargo, es solo una de muchas: en este inicio de 2022 Turquía se ha llenado de compañías —muchas de ellas las más grandes del país— cuyos trabajadores han decidido ir a la huelga. Los motivos son simples: una crisis inflacionaria que está desbocada y unos salarios cuyo valor se ha reducido a casi la mitad.

Subidas y bajadas

Ha sido una tormenta anunciada: con el desplome de la lira, la moneda turca, a finales de 2021, se esperaba que la inflación se disparase a principios de este año. Y así ha sido: en enero, según cifras oficiales, la inflación en Turquía se sitúa en el 48%, aunque son pocos los que se creen esta cifra del instituto oficial de estadística, cuyo presidente es cambiado cada poco por un Recep Tayyip Erdogan a quien no gustan los números que hace público este organismo. 

Según estudios independientes, la inflación real se sitúa en torno al 115%. Una cifra completamente descontrolada. "El salario mínimo ni por asomo es suficiente. ¿Quién de ustedes trabajaría por el salario mínimo turco en estas condiciones laborales? Nos hacen trabajar 12 horas al día. Si entregamos tarde un pedido nos lo descuentan; si dañamos la motocicleta nos lo descuentan. Si ustedes creen que el salario mínimo es decente, adelante, trabajen ustedes. Nosotros no lo haremos", dice Aykan, compañero de Murat en la huelga. Alrededor suyo se ha formado un corrillo. Todos aplauden.

La lira turca cae y también el valor de los salarios. En julio de 2016, el salario mínimo equivalía a 450 euros. En julio de 2021, 345 euros; hoy equivale a 270 euros.

Más por venir

"En los próximos días, meses y semanas veremos como toda esta resistencia crece como un acordeón. Crecerá como una bola de nieve y explotará en abril, cuando la inflación llegue a su pico", sostuvo en una entrevista al medio 'Arti Gerçek' Irfan Aktan, presidente de uno de los mayores sindicatos de trabajadores del país.

"Hay ya decenas de trabajadores en lucha y vendrán muchos más", dice Aktan. Y parece no faltarle razón: hace pocos días, los trabajadores de almacén de la cadena de supermercados más grande del país entró en huelga —la policía cargó dentro de los almacenes—, y los empleados de seguridad del Aeropuerto de Estambul, el mayor de Europa, amenazan con ser los siguientes. 

Mientras tanto, el conserje sigue ahí plantado, delante de las oficinas, aunque ya no protegiéndolas porque ahora quienes custodian las puertas son los policías antidisturbios y sus escudos. Delante de ellos, cientos de repartidores con sus motos. Todos gritando, todos rugiendo. Llevan acudiendo cada día durante más de dos semanas y, dicen, aquí seguirán hasta que les ajusten su salario a una inflación que, cada día que pasa, sigue en su tendencia alcista.

"No queremos ni pedimos nada más que unas condiciones dignas —dice Aykan—. Queremos poder vivir de nuestro trabajo. ¿Es tanto pedir? No, es nuestro derecho exigirlo".

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