Suscríbete

El Periódico Mediterráneo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Israel y Egipto, enfrentados por Ashraf Marwan: ¿espía o magnate en Mallorca?

Tel Aviv quiere dar carpetazo a la idea de que el promotor egipcio de Son Vida y dueño del hotel fue un espía doble al servicio de ambos países

Marwan se casó con la hija de Nasser y desarrolló su actividad en Son Vida.

Ashraf Marwan no solo estaba enamorado de Mallorca, sino que la empleó como trampolín para llevar a cabo excelentes negocios. Este químico egipcio reciclado en financiero fue un destacado promotor de la urbanización de Son Vida, además de copropietario junto a su familia del hotel con estructura de castillo que define los parajes, y del que llegó a ostentar personalmente un cinco por ciento.

Para Israel, uno de los primeros magnates en aterrizar en Son Sant Joan a bordo de un reactor privado Gulfstream era el espía más valioso en el seno del Gobierno egipcio. No solo ocupó la cartera de ministro de Información, sino que fue el jefe de los servicios secretos de El Cairo. Desde estos cargos privilegiados que compatibilizaba con la posición de yerno de Nasser casado con su hija Mona, alertó a los israelíes de la inminente ofensiva árabe que desembocaría en 1967 en la Guerra de los Seis Días. El resultado, una victoria arrasadora del pequeño país sobre sus poderosos vecinos. Los responsables de la Inteligencia israelí utilizaban la comparación de que "es como si tuviéramos a alguien durmiendo en la cama de Nasser". Literalmente.

En cuanto a Egipto, no se consoló mediante el repudio de la traición de Marwan, que a menudo desplazaba al Son Vida a su suegra Tahia Nasser viuda del rais, sino que defendió que se trataba de un espía doble. En tal calidad, habría proporcionado información falsa a Tel Aviv además de recopilar datos en la siguiente confrontación bélica de 1973. La ambivalencia del magnate es básica para defender el maltratado honor egipcio, que en otro caso habría sufrido el engaño de un político emparentado con lo más cercano que ha tenido el país de las pirámides a una familia real.

Ashraf Marwan, el mallorquín que se disputan Israel y Egipto.

Marwan murió en el exclusivo barrio londinense de Mayfair en 2007, a raíz de una caída desde el balcón de su vivienda. El extraño accidente de un cadáver sin zapatos, y que había sido visitado por dos varones de extracción oriental, obligó a una investigación exhaustiva. Quince años después, Israel ha decidido dar carpetazo a la controversia sobre la fidelidad del espía, atribuyendo al financiero con base en Mallorca una dedicación exclusiva a los intereses de Tel Aviv.

A partir de la confesión de un miembro de la inteligencia egipcia, el profesor Uri Bar-Yosef especializado en la Guerra de los Seis Días o Yom Kippur y autor de El Ángel: El Espía Egipcio que Salvó a Israel ha concluido que "este testimonio debería dejar zanjada la polémica sobre la adscripción de una vez por todas". Es difícil que Egipto acepte el veredicto de su vecino sobre un personaje a quien el New York Times definió como "el espía más efectivo en la historia de Oriente Próximo".

En cambio, nadie duda del compromiso de Marwan con Mallorca. En la isla tejió una trama de influencias que abarcaba a sus socios, el traficante de armas Adnan Kashoggui y el dictador libio Muammar Gadafi. El miembro más destacado y desconocido del Mossad es recordado por quienes le conocieron en la isla como un personaje elegante que jamás se despojaba de sus gafas oscuras. Hablaba pausadamente, y el ajetreo del Son Vida le ofrecía el camuflaje ideal para su intensa tarea de intermediación económica y política. Marwan no solo avisó a Israel de las acometidas árabes, sino que también disuadió a sus empleadores judíos de iniciar campañas inspiradas por falsas alarmas.

Marwan no limitaba Mallorca a escaparate de sus numerosos negocios. Según el prestigioso diario israelí Haaretz, también utilizó a Palma como base de sus reuniones con los enviados del Mossad, junto a capitales europeas como Roma y París. Cuando deseaba impresionar a un contacto o un periodista, lo invitaba a la isla. Entre los segundos, el británico Chris Blackhurst se desplazó a Palma en el avión privado del empresario. Dejó anotado que "en Mallorca fuimos tratados a cuerpo de rey. Nos desplazábamos en todo momento en una flotilla de automóviles por la isla, disponíamos de mesa en los mejores restaurantes. No entiendo qué pintaba yo, podríamos haber hablado en Londres para confeccionar el perfil que me habían encargado. Sin embargo, estaba claro que deseaba atraparme en sus redes, establecer una complicidad".

El papel excéntrico de Mallorca le concedió el papel de plataforma sobre los conflictos de Oriente Medio. La conexión del familiar de Nasser con el Mossad se superpone a las visitas de Arafat en tiempos de Bruno Kreisky, otro actor capital en la región. Entre los amigos del espía egipcio a quien Israel pretende monopolizar, se hallaba el primer ministro libanés Rafic Hariri, también dueño de una casa en Son Vida y asimismo víctima de una muerte violenta. La red se completa con Kamal Adham, otro amigo de los anteriores con casa en Son Vida y que fue el jefe de la inteligencia saudí en tiempos del rey Faisal.

Parece difícil superar la rocambolesca imagen de un yerno de Nasser al servicio de Israel, pero Mallorca lo ha logrado. Otto Skorzeny, el lugarteniente de Hitler que no solo dirigió campañas triunfales de las SS sino que liberó a Mussolini, coordinaba desde su chalet mallorquín Moré Vermell la actividad de los antiguos nazis tras la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, había sido contratado a la fuerza por el Mossad para colaborar con Israel, una pirueta a la altura del disputado Ashraf Marwan.

Compartir el artículo

stats