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El Periódico Mediterráneo

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Crisis

La inflación llena los comedores sociales en Portugal

La pérdida de poder adquisitivo está golpeando con fuerza a los jubilados, la mitad de los cuales reciben pensiones inferiores a los 402 euros mensuales

Un comedor social en Lisboa. Lucas Font

Como todos los días laborables, Maria Alice acude al comedor de A Voz do Operário, una entidad social en el centro de Lisboa, a por una ración de comida para llevar. Hace un año que la anciana viene con regularidad, aunque reconoce que en los últimos meses ha tenido más urgencia debido a la subida de la inflación, que ha disparado los precios de los alimentos en los supermercados. “Con lo que me dan aquí tengo para una comida diaria, me lo como ahora para almorzar y por la noche como un poco de pan y una pieza de fruta. La vida es así, está todo muy mal”, lamenta. 

Alice es una de las 43 personas, la mayoría de ellas ancianos, que acuden al comedor de la entidad. La responsable de acción social, Rita Governo, explica que este es el máximo de plazas que pueden ofrecer con la financiación que reciben del estado portugués, aunque las solicitudes para recibir ayuda no han parado de aumentar en los últimos meses. “Se ha juntado el fin de algunos apoyos que el Gobierno ofreció durante la pandemia con el aumento de los precios en los supermercados. Esta situación ha hecho que volvamos a estar en una situación parecida a la de abril de 2020”, señala.

Pensiones bajas

El aumento de la inflación ha colocado a los beneficiarios de prestaciones sociales y a los pensionistas en una situación aún más vulnerable en Portugal, donde más de la mitad de los jubilados reciben una pensión de entre 278 y 402 euros -el mínimo establecido por ley en función de los años cotizados- según los últimos datos disponibles de la Seguridad Social. Unas retribuciones que, según Governo, no son suficientes para hacer frente al aumento del coste de la vida y al precio de los alquileres en las principales ciudades del país. Alice lo suscribe: “Estuve trabajando más de 40 años en una tienda de productos para el hogar, pero el salario era muy bajo y tengo derecho a una pensión muy pequeña. Es así, hay mucha gente que está igual que yo”. 

El Gobierno portugués ha aprobado varias ayudas para los más vulnerables para tratar de hacer frente a la crisis, como una reducción en el precio de las bombonas de gas o un complemento de 60 euros mensuales para la cesta de la compra. Unos apoyos que personas como Carlos Jorge, uno de los asistentes al comedor de A Voz de Operário, creen que son positivos, a pesar de ser temporales. “Parece que no, pero este dinero me ayudó un poco porque todos los meses estaba pidiendo dinero a mi vecino. Un día cinco euros, otro día diez… y al llegar a fin de mes tenía que devolverlo. Con esta ayuda no he tenido que pedir nada y eso para mí es un alivio”, explica.

Apoyos insuficientes

Las organizaciones sociales insisten, sin embargo, en que estos apoyos no ayudarán a resolver la situación a largo plazo. Para la presidenta de la Federación Portuguesa de Bancos de Alimentos, Isabel Jonet, la solución en Portugal pasa por mejorar los salarios medios y las pensiones de la población, que siguen estando entre los más bajos de la Unión Europea. “Las personas más necesitadas viven tan mal que cualquier ayuda es buena, pero no dejan de ser medidas paliativas que no permiten de ninguna manera cambiar la vida de estas personas. En Portugal tenemos cerca de un 19% de la población en riesgo de pobreza, es un problema estructural, y en un periodo de crisis esta situación se agrava todavía más”, asegura.

A pesar de las protestas de los sindicatos y de las organizaciones sociales, el Gobierno luso ha rechazado aumentar los salarios de los funcionarios más allá de lo establecido a principios de año, un 0,9%, y tampoco se ha mostrado favorable a mejorar la subida extraordinaria de las pensiones más bajas acordada a finales del año pasado, de 10 euros mensuales

Esta situación colocará a más familias en una situación de vulnerabilidad, según Jonet, aunque la activista confía en que el aumento de los precios no afecte a la recaudación de alimentos. “Todo el mundo conoce a alguna familia que hoy está peor que antes. Personas que vivían al día y que con el aumento de la inflación están en una situación todavía más difícil. Por suerte, los portugueses son solidarios y en la última campaña, realizada en mayo, apenas notamos un descenso en el volumen de alimentos recogidos”. 

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