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Nuevo curso político en Francia

El Gobierno de Macron regresa tras las vacaciones con la mirada puesta en un otoño difícil

Celebra su primer Consejo de Ministros marcado por la inflación y la crisis energética | La izquierda y los sindicatos convocan protestas contra el encarecimiento de la vida y reformas impopulares

El presidente francés, Emmanuel Macron. Reuters

Una rentrée marcada por la crisis energética y la posibilidad de un estallido social. El Gobierno francés se reúne este miércoles en su primer Consejo de Ministros tras el parón veraniego. Este arranque del nuevo curso político está, sin duda, marcado por la inflación y las medidas de sobriedad. Un empeoramiento de la vida corriente, sobre todo de sus clases trabajadoras, que alimenta el malestar. Viendo la actual oleada de huelgas en el Reino Unido, el Ejecutivo galo contempla la hipótesis de un otoño caliente, pese a la imprevisibilidad de los movimientos sociales —como recuerdan los sociólogos, no siempre hay una correlación directa entre la coyuntura económica y las protestas—.

"Debemos aceptar el precio de nuestra libertad y de nuestros valores", aseguró el presidente Emmanuel Macron el pasado viernes durante el acto de conmemoración de la liberación de Bornes-las-Mimosas, donde empezó la victoria contra los nazis en la franja meridional de Francia. Este discurso de "sangre, sudor y lágrimas" reproducía el tono del dirigente centrista en la tradicional entrevista del 14 de julio (día nacional), en que pidió a los franceses que "asuman colectivamente una lógica de sobriedad" energética.

Antes de que la clase política gala se fuera de vacaciones, la Asamblea Nacional aprobó en agosto una ley sobre el poder adquisitivo. Con este texto, se suprimieron algunos impuestos (como la tasa audiovisual), se limitaron las subidas de los alquileres al 3,5% y aumentaron las pensiones, ayudas sociales y salarios de los funcionarios entre el 3% y el 4% —una subida inferior al 6,1% de inflación en Francia en julio—. También se subvencionó con 30 céntimos el litro de gasolina a partir de septiembre, una medida adoptada tras un acuerdo con Los Republicanos (LR, afines al PP), el nuevo socio clave del macronismo en esta legislatura en que no dispone de mayoría absoluta en el Parlamento.

"Una 'rentrée' de nitroglicerina"

Difícilmente esta ley evitará que la inflación y la crisis energética marquen el debate en este inicio del nuevo curso político y social. Gracias al hecho de disponer de una empresa eléctrica estatal (EDF) y poder limitar hasta el 4% la subida de la factura de la luz, Francia registró una inflación inferior a la de sus vecinos, como Alemania, España o Italia. Pero teniendo en cuenta el actual precio del gas disparado —alcanzó este miércoles su récord anual de 275 euros por megavatio/hora— y la reputación de bulliciosa de la sociedad gala, la situación resulta fácilmente inflamable. 

"La presión social de la rentrée es un clásico del final de cada verano. Pero esta rentrée es la de la nitroglicerina", apuntaba el lunes Libération en su editorial. Según un sondeo para este mismo diario progresista, el 68% de los franceses considera que este otoño estará marcado por los movimientos sociales.

"El paquete legislativo adoptado por el Parlamento a principios de mes no resolvió esta cuestión (del poder adquisitivo), ¡para nada! Pero además de eso, preguntadle a los franceses sobre la reforma del sistema de desempleo, del RSA (equivalente del ingreso mínimo vital), el mutismo sobre los salarios o su preocupación por el hecho de alargar la edad mínima de jubilación (de los 62 a los 65 años)… Veréis", añadía Libération sobre algunas de las reformas más impopulares que prepara el macronismo. En principio, están previstas para los próximos meses, aunque el Ejecutivo intenta comunicar más bien poco sobre ellas.

Protestas previstas por la izquierda y los sindicatos

El insumiso Jean-Luc Mélenchon —hombre fuerte de la nueva alianza unitaria de la gauche— ya había convocado en julio una marcha para septiembre contra la "vida cara". Los sindicatos también anunciaron una primera jornada de protestas nacionales para el 29 de septiembre en aras de denunciar la negativa del Gobierno a un aumento significativo de los salarios más bajos, incluido el salario mínimo. Pese a la habitual desconfianza entre el mundo sindical y el político, ambos actores mantienen una constante interlocución para lograr que estas protestas sean un éxito. En cambio, desde el Ejecutivo confían en que queden en poca cosa y permanezca la lógica de desmovilización, que ha imperado en Francia desde el inicio de la pandemia del covid-19.

Además del frente social, Macron se enfrentará a una secuencia política llena de obstáculos. No le resultará nada fácil sacar adelante el presupuesto de 2023, teniendo en cuenta que el grupo macronista solo dispone de una mayoría relativa en la Asamblea. El apoyo de LR podría resultar clave. Pero fuentes gubernamentales reconocieron que contemplan aprobarlo por decreto, a través del polémico artículo 49.3.

Otro momento destacado será la presentación el 8 de septiembre del Consejo Nacional de la Refundación. Un organismo —u operación de comunicación, según la oposición— con que el presidente prometió cambiar su manera de gobernar, a menudo criticada por demasiado vertical. El panorama político francés no resulta tan inestable como en Italia o el Reino Unido, pero el dirigente centrista empieza un nuevo curso que no será un camino de rosas.

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