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Salud pública

India declara la guerra a las palomas, defendidas por legiones de devotos

Un tribunal prohíbe alimentar en lugares públicos a esta especie, cuya población ha aumentado un 150% en los últimos tres años

La población de palomas en India ha aumento un 150% en los últimos tres años.

La población de palomas en India ha aumento un 150% en los últimos tres años. / Zowy Voeten

Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

Pekín

Las lonas sobre Dadar Kabutarkhana, el más icónico merendero de palomas de Mumbai, certificaban recientemente que algo se ha torcido en una amistad secular. India ha resuelto expulsar, o al menos rebajar, en sus principales ciudades la población de esos pájaros, símbolos de la paz para unos e infectas ratas aladas para otros dada la suciedad que expanden. A la cacofonía de animalistas, devotos religiosos, autoridades médicas y planificadores urbanos puso fin un tribunal de la macrourbe india prohibiendo alimentarlas en lugares públicos.

La decisión ha generado las pugnas previstas. Policía y amantes de las palomas se enfrentaron la semana pasada en Dadar Kabutarkhana. El incidente acabó con una quincena de detenidos y la seguridad reforzada. No es la única protesta y algunos han amenazado con huelgas de hambre mientras dure la prohibición. Las palomas no son un asunto menor en la India. Alimentarlas supone para muchos cultos un deber piadoso que reconforta las almas de los ancestros y atrae las bendiciones. Para los ritos del jainismo, una doctrina sin dioses y guiada por la compasión y la paz, son capitales. En los aledaños de sus templos suelen acomodarse las 'kabutharkanas', sufragadas con las donaciones de los fieles, algunas de rutilante valor histórico. Son estructuras ornamentales y techadas, casi siempre de madera y vivos colores, que se levantan varios metros para alejar a las palomas de gatos y perros. Sólo en el centro urbano de Mumbai se cuentan ya una cincuentena de 'kabutharkanas' y ninguna es tan célebre como la de Dadar, levantada un siglo atrás.

Inmunes al calor

Las palomas han encontrado en Mumbai y otras ciudades indias su hábitat ideal. Son inmunes al calor sofocante y a la ubicua contaminación que han traído los procesos de industrialización y urbanización. Serpientes, aves rapaces y otros de sus depredadores, en cambio, han quedado diezmados. No necesitan más que un recoveco en cualquier edificio para construir sus nidos y son cebadas a conciencia por la población. Un estudio de 2023 sentaba que su población había aumentado más de un 150% en los últimos tres años, muy por encima de cualquier otra especie alada.

La inquietud sólo apareció en los años 90 con las evidencias científicas de sus perjuicios para la salud. Sus heces contienen al menos siete patógenos zoonóticos. La cercanía a ellas y sus plumas está vinculada con la neumonitis por hipersensibilidad, una enfermedad potencialmente fatal que causa cicatrices pulmonares, presión en el pecho, carencias respiratorias y toses prolongadas. Los médicos responsabilizaron a las palomas de la reciente muerte de un niño de once años en Delhi por neumonitis por hipersensibilidad y un estudio certificaba que el 77% de los casos de esa infección están causados por ellas.

Salud

La salud parece un argumento imbatible: mimar a las palomas es menos misericordioso si enferman los humanos. La sentencia ordena la demolición inmediata de kabutharkanas y prevé multas a los que las alimentan. Sus defensores proponen estos días vías intermedias como limitar la entrada en esos centros a unas horas concretas para que puedan ser limpiadas con regularidad. No parece que vayan a prosperar.

La cochambre, los olores, las deposiciones, los accidentes de motoristas… Las palomas ya habían dividido a la sociedad india durante décadas. El viento sopla a favor de los contrarios, que estos días fotografían a los que las alimentan para avergonzarlos en el vecindario o denunciarlos en la comisaría. No es Mumbai la pionera en regular la árida convivencia entre humanos y palomas. Varias ciudades indias del mismo estado, como Pune o Thane, ya adoptaron las multas, y también Nueva Delhi las está estudiando. En Venecia y Singapur son especialmente altas mientras Nueva York y Londres han establecido zonas acotadas. Otras, como Barcelona, han rebajado su número con pienso que impide la eclosión de sus huevos.

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