Perfil
Alí Jameneí, un líder supremo implacable y acorralado
El dirigente ha aplastado con mano de hierro las protestas que reclaman un cambio de régimen en el país

El líder supremo de Irán, Ali Jameneí, en una imagen divulgada por su oficina de un discurso pronunciado el pasado 8 de enero. / CONTACTO / EUROPA PRESS

El vídeo, resurgido en los últimos días en redes sociales, fue grabado hace algunos años. En él, un viejo líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, recibe a su regazo un niño de apenas cuatro años. El niño, nervioso, le dice algo a la oreja, audible ante las cámaras porque Jameneí está microfonado. "Quiero convertirme en mártir", le dice el niño al ayatolá, que suelta una pequeña carcajada. En países de tradición conservadora islámica, convertirse en un mártir —ya sea por el país como por la religión— es visto como un honor especial. "No, no. Primer conviértete en científico. Sé útil en vida. Luego, cuando ya seas mayor y viejo como yo, entonces conviértete en mártir. Pero primero vive", le dice Jameneí.
El tiempo de publicación no ha sido casualidad: en las últimas semanas, el líder supremo iraní había visto cómo el presidente estadounidense, Donald Trump, amenazaba con acabar con su vida en caso de una intervención de EEUU que finalmente ha ocurrido este sábado por la mañana, en coordinación con Israel.
Ha sido Tel Aviv, de hecho, la que ha bombardeado a primera hora del sábado la oficina de Jameneí en el centro de Teherán. A pesar de informaciones de funcionarios anónimos iraníes que aseguran que el ayatolá está vivo, el primer ministro israelí, Benyamín Netanyahu, y Trump han asegurado durante la noche de este sábado que Jameneí está ya muerto. La noticia, aún por confirmar, ha desatado algunos vítores en las calles de Teherán.
En el cargo desde 1989
Alí Jameneí era —o es, no está aun confirmado— uno de los líderes de Oriente Próximo más desconocidos a pesar de llevar casi 40 años en el cargo, al que ascendió tras la muerte en 1989 del primer ayatolá de la República Islámica, Ruhollá Jomeini. Jameneí es o era, también, uno de los hombres más poderosos del mundo, y su palabra, a parte de ser ley en Irán, influye o infuía en otros países de la región: Hamás y la Yihad Islámica en Palestina, Hizbulá en el Líbano, las Fuerzas de Movilización Popular en Irak y los hutíes en Yemen: todos estos grupos viven bajo la tutela de Irán y su República Islámica.
Pero cuando llegó al poder, en 1989, Jameneí era otro. Alguien mucho más tranquilo e inofensivo, incluso algo moderado, como muchos pensaban: por ello fue elegido como sucesor del primer ayatolá de Irán, Ruhollah Jomeini, tras su muerte. En la actualidad, sin embargo, Jameneí es considerado por los expertos como la máxima figura de la facción ultraconservadora y radical dentro de los estamentos de poder en Teherán, que aplasta con mano de hierro toda disidencia interna y las protestas que reclaman un cambio de régimen.
Hijo de una familia de ocho hermanos y nacido en 1939 en la ciudad más religiosa de Irán, Mashhad, Jameneí eligió el camino de su padre y ya a los 11 años empezó sus estudios de teología para convertirse en clérigo. Fue durante su época de estudiante cuando el futuro líder supremo entró en el movimiento político islamista contrario al shah de Persia, Mohammed Reza Pahleví, lo que llevó a Jameneí a pasar por la cárcel hasta en seis ocasiones.
Todo cambió en 1979: Ruhollah Jomeini voló de París a Teherán, la revolución triunfó y el país, en cuestión de días, pasó de ser una monarquía laica gobernada por militares castrenses y afeitados por norma a una república islámica liderada por clérigos y hombres con barba por obligación.
Superviviente
En 1981, en una conferencia, el clérigo fue víctima de un atentado, en el que perdió la movilidad de su brazo derecho. Pero en este nuevo país, Jameneí estaba destinado a lo más alto. "Sentí que estaba a las puertas de la muerte. En los días siguientes, me pregunté por qué había sobrevivido. Ahí me di cuenta de que Dios, por alguna razón, quiso que sobreviviese", dijo meses después Jameneí.
Aún recuperándose, en octubre de 1981, el clérigo fue elegido presidente, un cargo que le sirvió de trampolín para, ocho años después, convertirse en el segundo líder supremo de Irán, después de la muerte de Jomeini. Ahora, 37 años después, su reinado puede haber acabado por envío exprés de Israel, su jurado enemigo acérrimo.
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