Fin al bloqueo
Hungría "entierra" la era Orbán con un Magyar comprometido a la regeneración democrática

Javier Vendrell Camacho

El Parlamento húngaro enterró este sábado la era del ultranacionalista Viktor Orbán, tras 16 años de azote euroescéptico, con la elección como nuevo primer ministro del conservador Péter Magyar, cuya supermayoría parlamentaria le da plenos poderes para emprender la regeneración democrática. Con un "Dios bendiga a Hungría" ingresó Magyar en la sede parlamentaria, un mes después de su aplastante victoria electoral. Su jura como primer ministro fue recibida entre ovaciones de los diputados y el júbilo de miles de ciudadanos concentrados en el exterior del edificio. "Los húngaros no votaron solo por un cambio de gobierno, sino por el fin de un sistema", afirmó, en su primer discurso como líder electo.
No se anduvo por las ramas al detallar cómo piensa cumplir su compromiso de "servir a Hungría". Reiteró su exigencia al presidente del país, Tamás Sulyok, leal a Orbán, de dejar el cargo --"Señor presidente, es el momento de irse con la cabeza bien alta, mientras sea posible"--. Es decir, sin esperar a que le eche el Parlamento. Insistió a continuación en su compromiso de desmantelar el "régimen iliberal" de Orbán, restaurar el diálogo con la UE y combatir la corrupción. Fue un discurso largo, al que siguió no solo el himno húngaro, sino también el europeo -la 'Oda a la alegría' o Novena Sinfonía de Beethoven-, algo impensable bajo Orbán.
Una mayoría inmune al veto presidencial
Son muchos los desafíos de Magyar. Pero tiene a su favor una supermayoría parlamentaria: su partido, Tisza, ocupa 141 de los 199 escaños de la cámara. El Fidesz de Orbán controla apenas 52 puestos, mientras que los seis restantes corresponden a la ultraderechista ‘Nuestra Patria’.
El sistema electoral que Orbán remodeló a su conveniencia castigó finalmente al ultranacionalista Fidesz. Tisza obtuvo un 53 % de los votos, frente al 38 % de Fidesz, pero el traslado de esos porcentajes a escaños dan a Magyar las capacidades necesarias para restaurar los contrapesos democráticos. Su horizonte a corto plazo es el desbloqueo de los casi 18.000 millones de euros congelados por Bruselas por los ataques de la "era Orbán" a los principios europeos.
La supermayoría parlamentaria le garantiza que, a diferencia de lo que le ocurre al primer ministro polaco, el liberal Donald Tusk, no quedará atenazado por el veto presidencial que ejerce en Varsovia el ultraconservador Karol Nawrocki.
Revés para el euroescepticismo ultra
Orbán no pronunció un discurso de despedida ni asistió a la investidura de su sucesor. Tampoco tendrá escaño parlamentario. El hasta ahora hombre fuerte de la política húngara, y líder de los llamados 'Patriotas para Europa', el eurogrupo al que pertenecen entre otros la francesa Marine Le Pen, el neerlandés Geert Wilders y el español Santiago Abascal, parece haberse refugiado en la retaguardia política tras una derrota que admitió sin paliativos.
El hecho de que la elección de Magyar coincidiera con el aniversario del 9 de mayo de 1950, fecha fundacional de la Comunidad Europea del Carbón y el Acero, de la que luego nació la UE, realzó el rango de regreso al europeísmo de Hungría. La bandera de la UE que Orbán hizo erradicar del Parlamento ondea de nuevo sobre el edificio. La nueva presidenta de la cámara, la vicepresidenta de Tisza, Agnes Fortshoffer, ordenó su izado en su discurso inaugural. Recibió así la primera ovación de la jornada, tanto de los diputados como de quienes seguían la ceremonia desde el gran pícnic ciudadano en el exterior.
Tras una sesión parlamentaria que se prolongó, entre diversos protocolos, más de seis horas, estaba convocada en Budapest una fiesta ciudadana de formato similar a la que tuvo lugar la noche electoral, entre cánticos europeistas, bailes, abrazos y emociones desbordadas.
Transición exprés
Magyar ha demostrado que no quiere perder el tiempo. Inmediatamente después de su victoria emprendió una transición exprés. Se plasmó no solo en la exigencia de dimisión lanzada en la noche electoral contra el presidente "satélite" de Orbán, sino con una primera visita a Bruselas. Su propósito es combatir la telaraña tejida por Orbán a través de amigos, parientes y aliados que ha llevado a Hungría a encabezar los índices de corrupción a escala de la UE.
Magyar, de 45 años y exmilitante de Fidesz, convirtió la lucha contra la corrupción en su caballo de batalla electoral. Al éxito electoral de Tisza contribuyó la renuncia de partidos del centro, la izquierda moderada o ecologistas a concurrir a las elecciones para no minar las opciones de Magyar.
Tras su victoria se activaron las primeras investigaciones por presuntas fugas de capitales al extranjero. Se supone que oligarcas y otros personajes afines a Orbán han sacado del país aceleradamente miles de millones de euros.
Como primer ministro deberá no solo revertir la erosión democrática infligida bajo Orbán, sino también reactivar una economía maltrecha, en parte por la corrupta gestión de fondos propios y europeos de su antecesor.
Un equipo de tecnócratas
El gobierno de Magyar, con 16 ministros, incluirá un buen número de tecnócratas, explica El Periódico Zsolt Boda, director del Centro de Ciencias Sociales de Budapest. Magyar se propone servir así al "amplio espectro de electorado" que le dio la victoria y que no responde "a la división clásica entre bloques de izquierdas o de derechas", añade este analista.
A su capacidad para aglutinar electorado debe seguir un "uso correcto" de la mayoría de dos tercios y "el regreso de Hungría a la democracia", según Boda. Su señal de identidad debe ser el "diálogo constructivo" hacia Europa, pero no debe esperarse del nuevo gobierno giros radicales en cuanto a Ucrania o la política migratoria.
Orbán, quien ha ejercido de aliado europeo tanto de Donald Trump como de Vladímir Putin, bloqueó sanciones contra Moscú y rechazó la ayuda a Kiev. De Magyar cabe esperar que la "flexibilidad y el diálogo" hacia Bruselas sustituyan al bloqueo en política exterior y de defensa. Tampoco se prevé que Hungría deje la línea restrictiva en política migratoria. "Hay entre la población húngara resentimientos históricos contra Ucrania y rechazo a recibir inmigración. Magyar se debe a sus electores", resume Boda.
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Fuente: El Periódico
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