Esperada reunión
Xi y Trump se emplazan a "ser socios y no rivales" en una cumbre tras meses de guerra económica
El líder de EEUU le dijo a su homólogo chino que era "un honor ser su amigo", mientras que este, en un tono menos entusiasta, afirmó que ambas partes "deberían ser socios, no rivales"

El presidente de China, Xi Jinping, y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. / Europa Press/Contacto/Huang Jing / Europa Press
Adrián Foncillas
La trampa de Tucídides fue un feliz hallazgo del académico Graham Allison. Aludía al inevitable choque cuando coinciden una potencia pujante y otra declinante en un mismo periodo. Los 'think tank' y el periodismo se agarraron al concepto durante años para describir la realidad sinoestadounidense: bastaba citarlo para dotarse del aura del experto. El abuso aconsejó poco después alejarse de él para no caer en la autoparodia. El jueves por la mañana lo ha recuperado el presidente de la potencia pujante, Xi Jinping, frente al de la declinante, Donald Trump, para animarle a evitar el destino trágico de Atenas y Esparta.
Xi y Trump han anunciado un esplendoroso horizonte compartido cuando meses atrás se zurraban a diario con aranceles y se negaban las tierras raras y los microchips que las industrias ajenas necesitaban. Aquellas riñas han quedado atrás, han convenido. Con un apretón de manos, y no con el abrazo del oso que había anunciado Trump, se han saludado esta mañana frente al Gran Palacio del Pueblo. Pekín no ha ahorrado pompa para recibir a un líder con acrisolado gusto por los masajes del ego.
En Tiananmén no faltaron los 21 cañonazos de rigor, los himnos y la guardia de honor. Una chavalería saltarina y bulliciosa con flores y banderas acompañó su paseo hacia la sede parlamentaria acabada ya la liturgia de bienvenida. Desveló Trump luego que le había impactado la escena. "Parecían tan felices…", dijo. También se confesó orgulloso de su amistad con Xi y le definió como un gran líder. "Sé que a muchos no les gusta que lo diga pero lo digo de todas formas porque es cierto", añadió. "Las relaciones entre ambos países serán mejores que nunca", terminó.
La trampa de Tucídides
"¿Pueden China y Estados Unidos superar la trampa de Tucídides y crear un nuevo paradigma de relaciones entre potencias? ¿Podemos edificar juntos en el interés del bienestar de nuestros pueblos y el futuro de la humanidad?". Esas son las preguntas, subrayó Xi, que el mundo espera que respondan. Siguió por caminos trillados: "La cooperación nos beneficia a ambos; la confrontación nos daña a ambos".
Los emocionantes cantos a la cooperación y la buena convivencia son innegociables en las cumbres sinoestadounidenses. Es habitual que pocas semanas después China lamente el cinismo de Washington ante lo que percibe como atropellos comerciales, diplomáticos y militares. Xi acusó a Joe Biden de liderar una coalición para frenar el auge chino. Nunca ha llegado tan lejos con Trump y no le han faltado motivos. Este ha recordado que ambos líderes se mantienen el respeto, da igual el brío de la tormenta, y que siempre están disponibles al otro lado de la línea para resolver los problemas.
Esa química personal, a la que tanto alude Trump, será necesaria para convertir la frágil tregua comercial firmada en noviembre en Corea del Sur en un acuerdo. Los asuntos son muchos. Estados Unidos incide en las tres Bs: beef (vacuno), bean (soja) y aviones Boeing. China replica con las tres Ts: trade (la eliminación de aranceles), tecnología (el levantamiento de las restricciones de exportación) y Taiwán, pero no en ese orden. La isla, recordó Xi, es el "más importante asunto". "Si lo manejamos bien, nuestras relaciones serán razonablemente estables. Si no, habrá choques e incluso conflictos que las pondrán en un grave peligro", insistió. Soplan vientos favorables para Pekín. Debilitado y sin mucho más que ofrecer, Trump podría darle concesiones inéditas a China sobre Taipei.
Fotos en Tiananmén
A Trump le secunda en Pekín una docena de las mentes más clarividentes de la industria estadounidense. Tim Cook (Apple), Elon Musk (Tesla) Jensen Huang (Nvidia), por hacer la lista corta. Algunos de ellos tomaban fotos la mañana del jueves en la plaza de Tiananmén con la misma candidez que los miles de escolares que la visitan a diario. Ha pedido Trump a Pekín que les abra las puertas de su mercado para que contribuyan a la grandeza china. Bruselas comparte la pretensión y también los desengaños.
Terminada la reunion en el Gran Palacio del Pueblo, y antes de la cena de Estado, Trump y Xi pasearon por el Templo del Cielo. Es un complejo sagrado en el sur de Pekín, levantado en el siglo XV, donde los emperadores de las dinastías Ming y Qing rezaban y sacrificaban toros y bueyes antes de las cosechas. Lo visitaba siempre que podía Henry Kissinger, hasta 15 veces según la prensa local. El secretario de Estado de Nixon, entre muchos otros, propició el deshielo entre China y Estados Unidos medio siglo atrás.
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