Tres artefactos caseros explotaron ayer frente a dos sedes del PP en Galicia y una oficina de la Xunta sin causar víctimas, pero sí varios desperfectos. La primera bomba se detonó a las tres de la madrugada de ayer y rompió la cristalera de la sede del PP en la localidad pontevedresa de Moaña. Minutos después, explotó otro artefacto ante la céntrica sede del PP en Pontevedra y, a las 3.13 horas, un cóctel molotov fue tirado contra la fachada de la dirección general de Estructuras Pesqueras de Santiago.

El delegado del Gobierno en Galicia, Arsenio Fernández de Mesa, relacionó los ataques con los del pasado diciembre en Poio y Sanxenxo, también en sedes del PP, en plena crisis del Prestige. La Guardia Civil sospecha que están relacionados con los atentados de hace un año en las obras de la Cidade da Cultura, en Santiago de Compostela. Las fuerzas de seguridad creen que se trata de un grupo radical independentista minoritario.

Los atentados reavivan el debate sobre la violencia social, ya que el PP atribuye estas acciones a la crispación ciudadana que provoca la oposición. En este sentido se expresó el vicepresidente primero del Gobierno, Mariano Rajoy, quien opinó que se ha pasado "de los carteles" insultantes a "las bombas". El presidente gallego, Manuel Fraga, pidió a la oposición que evite "seguir creando un clima" del cual se aprovechan los violentos para realizar sus acciones.

Tanto el PSdeG como el BNG condenaron los atentados contra las sedes populares, pero recordaron que se trata de hechos "aislados" y que el PP no podrá "esconder su incompetencia" detrás de ellos.