Galicia vive un clima de resaca electoral de cierta decepción, que afecta tanto al PP, que registra los peores resultados desde 1991, como a los progresistas, que esperaban un mayor castigo en las urnas hacia sus contrincantes por la gestión de la crisis del Prestige.

Sin embargo, los efectos del chapapote tuvieron más influencia electoral en ciudades interiores, como Lugo o Santiago, que en la costa. En el área más afectada, la Costa de la Muerte, en A Coruña, las urnas sacaron a flote al PP.

En la zona cero de la tragedia ecológica, la localidad de Muxía, los populares revalidaron la mayoría absoluta, igual que en Ribeira o Finisterre. La clave del éxito del PP en este área podría estar en la rapidez con que la Administración articuló ayudas para los afectados por el desastre.

RECUPERAR FERROL

Además de vencer en la costa y mantener la mayoría en Ourense, los populares también cuentan con recuperar el gobierno de Ferrol. En esta ciudad son la lista más votada, pero necesitan pactar. La llave la tiene el exconsejero popular Juan Fernández, líder de un grupo independiente.

Los pactos tienen que funcionar también en la Diputación de A Coruña, donde el PSG y el BNG suman un diputado más que el PP. Sin embargo, el presidente de la Xunta, Manuel Fraga, realizó ayer unas enigmáticas declaraciones: "Aún tenemos tiempo para pactar" para mantener el poder provincial, dijo.

CUATRO DE SIETE

Los socialistas son los que tienen más que celebrar, ya que gobernarán cuatro de las siete grandes ciudades gallegas, y han comenzado esta etapa con generosidad. El lucense José López Orozco manifestó su intención de contar con el BNG para el gobierno, pese a que no necesita apoyos. En A Coruña, la histórica sexta mayoría absoluta del socialista Francisco Vázquez fue más ajustada de lo esperado.

En el BNG se abre una etapa de reflexión. Ha obtenido más votos pero sólo mantendrá a uno de los tres alcaldes que tenía en las grandes ciudades y ha bajado en las zonas más afectadas por el chapapote.