Más de 600 personas trabajaron durante toda la jornada de ayer --incluida la noche-- en la extinción del incendio forestal que asola la provincia desde el martes y que amenaza con convertirse en una de las peores catástrofes ambientales de la historia de Castellón.

En la lucha para sofocar las tres lenguas de fuego no se han escatimado medios. Solo en Llucena, que era ayer el foco más preocupante, se concentraron los más de 30 aviones y helicópteros --de ellos, 3 nuevas unidades procedentes de Aragón, Murcia y Cataluña--, 37 autobombas, 2 camiones cuba y 26 brigadas. Todos ellos actuaron hasta que cayó la noche. Del grueso de 600 efectivos humanos, 165 procedían de la Unidad Militar de Emergencia (UME) llegados desde Madrid, Zaragoza, Valencia y León, equipados con 42 vehículos ligeros, 42 autobombas, 14 nodrizas, 14 vehículos pesados y 8 vehículos tácticos de transmisores.

Dos de estos vehículos militares --procedentes de la base de Bétera-- aprovisionaban de agua el camión nodriza en una balsa de riego de Costur y relataban los detalles de una tarea a la que ya están acostumbrados en época estival. "Esta mañana hemos sacado el fuego de la aldea --Mas d´Avall-- pero hasta que no pille un cortafuegos será difícil controlar el incendio", aseguraba uno de los militares. "No hace aire y hay muy poca humedad en el ambiente", añadía.

El camión nodriza que llenaban de agua con una bomba puede almacenar hasta 13.500 litros, necesarios para abastecer a las diferentes dotaciones de bomberos. "Hemos llenado los tanques ocho veces en apenas unas horas; ahora nos iremos a repartir el agua a quienes lo necesiten", explicaba el miembro de la UME. "En invierno hacemos frente a nevadas e inundaciones, y en verano al fuego; a ver si entre todos rematamos el fin de semana el trabajo y evitamos que el incendio acabe en una catástrofe natural".