“Es lo más bonito que nos ha pasado, lo mejor de nuestra vida”, sentencia Pilar Aleixandre. Hace cinco años, ella y su marido, Aurelio Bellés, decidieron adoptar un niño ruso, Egor, quien ha dado alegrías y esperanzas a una pareja, desde la responsabilidad de educar y mirar hacia delante, asumiendo perfectamente las dificultades que ello entraña, “no por caridad ni por ayudar a un niño, sino por el deseo ferviente de ser padres y crear una unidad familiar”.

“En nuestro caso decidimos adoptar porque yo no podía tener hijos y decidimos que era la mejor opción”, cuenta Aleixandre, quien, pese a reconocer que los trámites de adopción de un niño ruso son “supercomplicados”, ellos tuvieron mucha suerte: “Pasó menos de un año desde que lo solicitamos hasta que el pequeño estuvo con nosotros; la verdad es que nos salió redondo”. Un proceso en el que “las autoridades rusas te piden mucha documentación, con traducciones perfectas y diciéndote hasta dónde tienen que ir las comas”, resalta, consciente de que “una vez tomas la decisión de adoptar tienes que seguir adelante, no te tienen que fallar las fuerzas, porque te vas a encontrar con muchísimas barreras”.

De esta forma, “tuvimos que ir una vez a Kostroma, la región rusa de donde es Egor, para poder verlo y estar unos días con él. Tras completar de nuevo más expedientes y más papeleos, por fin pudimos recogerlo” y vino a España. Recuerda aquel día de traer al pequeño, con dos años y medio, como “muy bonito, pero también muy terrorífico, sobre todo pensando en que iba a estar con nosotros siempre, no había vuelta atrás, y no sabíamos cómo podía reaccionar”, cuenta Pilar Aleixandre con la imagen puesta aquel día en un pequeño que tenía entonces tres años, “que se abrazaba, que no entendía nada y que no estaba acostumbrado al cariño, había un problema de incomunicación, en una cultura muy diferente”, concreta.

SDLqDESPIERTO Y SOCIABLE” // Ahora Egor -que conserva su nombre original eslavo- “hace vida completamente normal”. “Es un niño fuerte, despierto, sociable, que estudia Infantil en la línea de inmersión lingüística en inglés en el colegio Sanchis Yago, y que habla perfectamente español, inglés y valenciano”.

Pero, además, y Pilar lo considera “muy importante”, Egor vive tiene también sus hermanos, Daniel y Clara, “hijos biológicos de mi marido, con los que está perfectamente integrado en una experiencia que muy buena para toda la familia”. “Es una forma de crecer todos juntos”.

Por supuesto, anima a todas aquellas parejas que por las razones que sean no puedan tener hijos a que se decidan por la adopción: “Rotundamente, sí”, señala, convencida, pese a la lentitud que hay en los trámites para adoptar, sobre todo a nivel internacional. H