Hace 30 años cruzó por primera vez la puerta de la sede del PP de Castellón y hoy tiene al partido regional en sus manos. Alberto Fabra Part (Castellón, 1964), sin apenas hacer ruido, inicia nueva andadura como líder del PPCV casi un año después de que asumiera la presidencia tras la dimisión de Francisco Camps.

El cuarto presidente regional que tiene el PP (tras Pedro Agramunt, Eduardo Zaplana y Camps) es un hombre tranquilo, cariñoso y que no tiene pudor a mostrar su sentimientos. A nadie sorprendió verle llorar el día que dejó la alcaldía de Castellón. Como cuenta un concejal de la capital, mientras ha estado al frente del Ayuntamiento nunca se le vio perder los nervios o levantando la voz a otro.

Esa proximidad se palpó en un acto de homenaje a los militantes celebrado hace tres semanas en la sede de Castellón. Allí, Alberto Fabra recordó con un nudo en la garganta sus primeros días como afiliado. En poco tiempo, su labor como militante de a pie se vio recompensada con la presidencia local de Nuevas Generaciones. Tenía 25 años y el ascenso no había hecho más que comenzar con la presidencia provincial de NNGG. En 1995 dio el salto y se convirtió en presidente del PP en la capital y vicesecretario en la provincia, cargo que ostentó hasta 2008.

Sin codazos, sin extravagancias. Así fue afianzándose la presencia de Alberto Fabra en el PP valenciano. En un partido crispado y nervioso por el estallido del caso Gürtel, que dio de pleno a la cúpula del equipo liderado por Camps, el talante y las formas del castellonense hicieron que en Génova le vieran como la persona idónea para pilotar la nave en cuanto el expresident dimitiera.

El camino comenzó en noviembre del 2009, cuando Camps crea para él el cargo de coordinador general del PPCV --en una reorganización provocada por la caída de Ricardo Costa--. El segundo paso se dio el 20 de julio del 2011. La junta directiva regional le designa presidente; Camps había anunciado su adiós. En pocos días Fabra logró lo imposible: tranquilizar y serenar un partido desbordado por los acontecimientos.

No hay duda de la complicidad con Mariano Rajoy, que le designó un papel clave en el congreso nacional como coordinador de la ponencia de estatutos, la más importante. El castellonense no se arrugó y alzó la voz para defender su apuesta por la ejemplaridad, la ética y la transparencia.

En la Generalitat, el rumbo lo enderezó enseguida: reactivó el Consell, desactivó a la oposición en Les Corts, tendió puentes con comunidades vecinas y colectivos y tuvo detalles como pedir perdón a los proveedores o recibir a las víctimas del metro. Sus banderas son el municipalismo, la territorialidad y, sobre todo, la lucha por erradicar la corrupción.

El paso que da hoy es un punto y seguido en su carrera. En sus manos tiene el partido y en su cabeza el sueño de reinventar el PPCV para iniciar un nuevo ciclo que le permita marcar su impronta en la Comunitat. H