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OREJA PARA MORANTE EN LA PRIMERA DE SUS DOS COMPARECENCIAS

Pablo Aguado, el arte como arma contra la lluvia y la vulgaridad

Una delicia de faena la que firmó el sevillano a un noble toro

Pablo Aguado, tras cortar dos orejas.

A estas alturas de la feria tenemos asumido que la lluvia es una convidada de excepción. Es como el covid, con el que tenemos que convivir aunque no nos guste. Eso sí, no cabe duda que ayer frenó la taquilla a última hora. ¡Qué ganas de sol y moscas! La entrada no se correspondía con lo atractivo del cartel, pues el encapotado cielo dejó en sus casas a muchos indecisos. ¡Pues ellos se lo perdieron! Porque lo que hizo Pablo Aguado en Castellón es digno de retener en las retinas. El mejor antídoto contra el frío, la mejor arma contra la lluvia. No hay temporal ni diluvio que pueda frenar esa armonía, al alcance solo de los elegidos. Toreo del caro, pura sevillanía. Una caricia. Es el toreo que Pablo Aguado ha puesto en valor y con el que va a competir esta temporada. Esas son sus armas.

Pablo Aguado, así en Valencia como en Castellón. Lo volvió a hacer con los mismos mimbres: un toro de Juan Pedro Domecq. El binomio es perfecto y tiene visos de convertirse en norma esta temporada. Y es que la almibarada embestida de los juampedros le viene como anillo al dedo a las aterciopeladas muñecas del sevillano, que, ¡albricias!, ha venido a poner en valor la naturalidad. ¿Pues qué es el toreo si no? Burlar al miedo con elegancia, dejar pasar la muerte con desdén. Y eso es lo que hizo el sevillano. En esta su nueva reaparición tras la lesión, su toreo parece haber ganado en riqueza. Hay un punto de crecimiento en la capacidad técnica. Y su estética se torna deliciosa con una figura mayestática, más vertical, de compás semicerrado. Todo envuelto con aires sevillanos: los remates, los cambios de mano, la variedad para darle un inicio y un fin a sus faenas. ¡Ojo a este Pablo Aguado!

Dos orejas

El tercero de la tarde salió abanto, sin emplearse. Buscaba tablas en todo momento. Con la pelota en el tejado, el único que confiaba en el toro era el propio torero, sabedor de que, si lograba sujetarlo, podía ser el mejor compañero de baile. Y así fue. Cuando agarró la franela escarlata comenzó la danza acompasada. Pablo Aguado le bajó los humos en un soberbio inicio de faena genuflexo. Tan bonito como eficaz para imantar al animal, que desde entonces se quedó impregnado a las telas.

Aguado en plena faena. Jordi Juárez

La torería se hizo presente desde ese mismo momento y Pablo Aguado comenzó una sinfonía de toreo despacioso, acariciando la embestida de un toro que ya no quiso irse y que tomó los engaños por abajo, con ritmo y clase. Parecía otro toro. Lo toreó a placer Aguado, mayestático, con naturalidad. Improvisó en los cierres de tandas, variados… ora un cambio de mano, ora una trincherilla. Aroma caro el de Aguado en Castellón, que remató de una estocada pelín caída y que puso en sus manos las dos orejas. Puerta grande, primera entre los matadores. 

Se presagiaba cante grande en el sexto de la tarde, que salió con buen son y galope franco. Pero se desinfló el animal y la obra no llegó a las cotas deseadas. Abrió la faena de muleta con un inicio delicioso. Bonito pero no el más indicado por exigente, pues andaba medido de poder el de juampedro. Pablo Aguado toreó a media altura, sin molestar, componiendo la figura... Todo muy sentido, pero el toro comenzó a defenderse y puntear y la faena se vino abajo. Esta vez no anduvo fino con los aceros. 

Morante, detalles

Se esperaba a Morante en Castellón. Se palpaba en el ambiente. Algunas ramitas de romero en el tendido, que son señal de apoyo a los toreros de arte. ¿Protesta? También. El romero sirvió para tapar el puro del torero en la iconografía cartelera de la publicidad, atacada por la intolerancia y la falsa moral. Recordado queda. 

Morante tuvo detalles pero no logró triunfar en Castelló. Jordi Juárez

El primer toro acusó los kilos. Bajo de raza, le faltó también empuje. Salió aplomado de primeras. Morante se lo guardó para el final. En una primera tanda repleta de delicadeza, suavidad y caricia ya se ganó al público. Vacío el toro, agarrado con alfileres, la expresión la puso el diestro. Todo cuanto hizo tuvo cadencia y torería. Mató de una gran estocada que le valió la oreja y que paseó con celeridad. No estaba el torero para recrearse en halagos. 

Un esfuerzo hizo con el deslucido cuarto. Esfuerzo, sí, que este nuevo Morante se ha vuelto insistente con este tipo de toros que en otra época le hubiesen durado un suspiro. Algunos preferimos que eso lo deje para otros, que los artistas son eso, artistas. Parecía incluso mejor el juampedro bajo su jurisdicción, un toro que se apoyaba sobre las manos y soltaba la cara al final del muletazo. Eso sí, todo cuanto hizo tuvo un regusto especial y lo único vulgar fue la embestida del colorado.

Es el primer paseíllo de sus dos que tiene en esta feria en la que justifica su doble comparecencia con ese homenaje a sus bodas de plata como matador de toros. ¡El domingo más!

De Justo, inédito

También hacía doblete Emilio de Justo en esta feria, de la que sale inédito. Eso sí, con el buen sabor de boca que dejó con los victorinos, donde le jugó una mala pasada esa espada que ayer sí entró a fuerza de corazón. Tanto, que a punto estuvo de ser prendido por el pitón del toro.

De Justo no tuvo su mejor tarde. Jordi Juárez.

El jabonero sucio que hizo segundo fue de menos a más. Tuvo codicia en la muleta, aunque algo rebrincón y queriendo puntear los engaños, lo que embruteció el trasteo. No siempre venía metido en el engaño y eso exigió firmeza a Emilio de Justo. El extremeño lo sometió por abajo pero pocas veces las tandas tuvieron limpieza y rotundidad. No se le vio a gusto con el bravito juampedro. Lo mejor, una estocada volcándose en el morrillo. Mató bien pero descabelló mal.

La mortecina embestida del quinto deslució cualquier conato de faena de Emilio de Justo. El público, que bastante hacía con soportar la incesante lluvia, se impacientó ante tanto sopor y obligó al torero a abreviar. 

No ha sido por tanto la mejor feria para Emilio de Justo, por la que ha pasado de puntillas. ¿Estará su cabeza más pendiente de su encerrona en Las Ventas?

Ayer se inció el fin de semana explosivo de la feria, que se convierte en una pasarela de figuras por la que desfilará la flor y nata del toreo. Con el deseo de que la lluvia no empañe lo que con tanto esfuerzo se pretende conseguir, que es situar de nuevo a Castellón como una de las ferias referentes de principio de temporada. Las figuras, ya han hablado. Ahora el turno de palabra es de la afición, que debe alzar la voz y reivindicar con su presencia que Castellón tiene peso. Mucho peso. 

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