Castella, a hombros en el cierre con una magnífica entrada por Morante
El francés abre la puerta grande tras desorejar al enclasado quinto, un toro de dulce dentro de una desrazada corrida de Juan Pedro Domecq
Faena de regusto y ricos matices de Morante de la Puebla

El quinto toro de Juan Pedro fue el único que embistió de verdad y Castella lo aprovechó para redondear la faena de la tarde. / Jordi Juárez
Jorge Casals
Ver la plaza rebosante y hasta la bandera, por la mañana y por la tarde, ha sido la imagen más significativa de la buena salud que atraviesa la fiesta taurina. Llenazo de no hay billetes en la matinal de recortes, y la mejor entrada de la feria en la corrida vespertina, con un entradón espectacular.
El ambientazo se respiraba desde la mañana. La feligresía esperaba impaciente ver a su dios, Morante de la Puebla, con el temor siempre presente de que el maestro recaiga en esa maldita enfermedad que le ha tenido apartado de los ruedos durante más tiempo del esperado. Los ecos de su reaparición en Almendralejo acrecentaron el interés por verle, por sentir unas sensaciones únicas.
En una reveladora entrevista confirmó, a corazón abierto, que tenía miedo de enloquecer. Precisamente él, que tantas veces nos ha vuelto locos con su toreo. Hoy estábamos dispuestos a ello, a volvernos locos, pero la corrida de Juan Pedro Domecq, una vez más, dio al traste con tantas ilusiones.

Sebastián Castella abrió la última puerta grande de la feria de la Magdalena tras cortar dos orejas a un toro. / Jordi Juárez
La ovación con la que Castellón ha recibido a Morante ha sido de una sensibilidad y emoción tremendas. Ha sido el aliento de una afición para arropar al hombre, para salvar al torero. Ese abrazo de un amigo en los tiempos difíciles que te recarga de vitalidad.
Se ha hecho el silencio expectante cuando Morante se ha abierto de capa. Un par de verónicas sensacionales y una media de suma despaciosidad han sabido a gloria. También deletreada ha surgido otra media para abrochar un quite por chicuelinas. Buen tercio de banderillas de Curro Javier. Ha correspondido Morante en el brindis, al que no le ha importado que cayera la montera boca arriba.

Talavante estuvo por encima de sus dos toros y de no ser por los aceros, no se hubiera ido de vacío. / Jordi Juárez
Bonito y variado el inicio de faena: estatuarios, cambios de mano, pase del desdén… todo con suma tersura. Se ha echado la mano a la izquierda de primeras y se se ha colado por ahí el animal de manera descarada. Por la falta de fuerzas quizá. Ni se se ha inmutado y ha seguido por ahí con valor en una tanda más, ayudado con la espada. Pero el pitón era el derecho y por ahí ha seguido, toreando con gran empaque y torería. Todo con una naturalidad asombrosa.

La media verónica de Morante de la Puebla, sabrosa, con su peculiar capote de vueltas verdes. / Jordi Juárez
Noble el toro, con el fondo y el fuelle justo. Faena rica en matices, con detalles toreros, como esos doblones finales para ahormar al toro que han sido una delicia. Ha matado de estocada algo caída y el palco, que ha contado con los pañuelos, no ha atendido la petición de oreja. No ha querido Morante perder el tiempo con el marmolillo cuarto y ahí se ha acabado su paso por esta tierra.
Castella, a hombros
La tarde ha sido anodina y soporífera por la desrazada corrida de Juan Pedro Domecq. El quinto ha sido el único toro potable del encierro y lo ha aprovechado Castella para cortarle las dos orejas y salir a hombros.
De agradable expresión, ha salido con otro aire. Muy bien la cuadrilla de Castella, tanto José Chacón en la brega como Viotti y Zayas en banderillas, que se han desmonterado. Se ha ido a los medios Castella a brindar y a comenzar la faena con sus habituales cambiados por la espalda. Bueno el toro, de clase sublime y recorrido. La calidad de juampedro por bandera. Castella lo ha toreado a placer sobre ambas manos, dándole sus tiempos al animal. Algunos enganchones han afeado alguna tanda.
El público, muy metido en faena y pendiente a la vez de la banda, que ha interpretado La Concha Flamenca fenomenal, que ha empujado al premio gordo de las dos orejas y la puerta grande.
Alejandro Talavante, por encima de su lote, se ha invetado dos faenas. Ha encontrado virtudes donde nadie las veía a su primero. Y en el cierraplaza, que ha tenido una calidad y humillación buenas, ha dejado naturales aislados y solo la espada le ha privado de tocar pelo.
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