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Las collas lucen sus carros engalanados por todo Castelló

Los carromatos toman la explanada bajo la Ermita de la Magdalena en un día de comunión entre las collas y de reivindicación de su tradición

Pablo Ramón Ochoa

Pablo Ramón Ochoa

Castelló

Son las ocho de la mañana del domingo de Romeria de les Canyes y empiezan a circular en su tradicional Despertà los carros engalanados por las calles de Castelló.

Los más de cien singulares vehículos decorados con mimo por las collas avisan a los rezagados de que es el día grande de la Magdalena.

El orgullo de las collas

«Esta tradición es muy bonita, al principio cuando la retomamos en 1993 éramos unos 30 o 40 carros, y ahora somos cien y pico. Al nuestro le tenemos mucho cariño, en más de 30 años nunca nos ha dejado tirados», dice Pepe García. Su carro, que representa la ermita de la Magdalena, ganó el certamen municipal en 1995 y aún lo muestran con orgullo.

Ya están en la explanada, donde han almorzado en comunión «longanizas, butifarras, queso, ximos, bunyols...». «Ens hem fartat», resume este veterano. Mucho han cambiado los carromatos desde sus inicios hace unos cien años, herencia de la Castelló de la huerta, pero que se reinventaron a finales del siglo XX.

Paellas en la explanada

El olor de las torrás deja paso poco a poco al xup xup de las paellas en la explanada bajo la ermita. Delfín Melià, de la colla A Casa No, cocina la de su grupo: «Les está gustando, aunque tampoco tienen otra...».

A pocos metros, en la colla La Ganissa, sus miembros reclaman que los carros engalanados sean Bien de Interés Cultural «y tengan menos impedimentos para circular». Su carro, comprado a la histórica colla Cagarròs, es una Ebro del ‘72 que aún tira como ninguna. Para Inma, de la colla El Trontoll, vivir la Magdalena «desde las collas y los carromatos, es otro sentimiento y otra fiesta».

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