El Fadrí, el ‘soltero’ de Castelló que esconde sorpresas y mejores vistas
Más de 200 personas visitan la parte más desconocida de la torre, guiadas por la colla Pixaví y el Gremi de Campaners de Castelló

Subida al Fadrí / Toni Losas
El Fadrí es uno de los emblemas de Castelló, pero también un gran desconocido y las fiestas de la Magdalena ofrecen la posibilidad de descubrir las vistas de la ciudad que ofrece desde su parte más alta y los secretos que atesora.
Como cada lunes de Magdalena, entre 200 y 300 personas, guiadas por los expertos de la colla Pixaví y el Gremi de Campaners de Castelló, conocieron ayer el interior de este peculiar campanario, que además de su poco habitual ubicación guarda en su interior espacios e historias curiosas.
Hacer cumbre en el Fadrí supone un recorrido de 200 escalones, pero también cuatro paradas que nadie espera con estancias que muchos castellonenses desconocen: la cámara del reloj, la prisión, la casa del campanero, la sala de campanas y la terraza. El ascenso por un tramo de escaleras por el que solo es posible la ordenada circulación en un único sentido no representó problema para Mª Rita Resano, de Castelló, que con 80 años decidió subir por primera vez a la torre campanario y que quedó muy «sorprendida». También lo fue para, José Luis, que señala que «resulta que el Fadrí, además de ser soltero, guarda muchas sorpresas. Todo un descubrimiento».
Toques expertos con significado
Uno de los espacios clave de la visita es la sala de campanas, donde se encuentran las reinas del tañido, cada una con su personalidad, su función y su toque distintivo. La Doloretes, Victoria, Ángel, Vicent, Jaume, María, Joaquina y Cristina son las campanas que cuidan, conocen y hacen sonar los expertos del Gremi de Campaners.
Ellos y los integrantes de la colla Pixaví explican y muestran los toques distintivos tanto para anunciar la muerte de un hombre o de una mujer, como para dar la alarma de fuego. Para estos colectivos es todo un orgullo mantener y compartir esta tradición, y comentan que todos estos años de visitas al Fadrí dan para muchas historias y anécdotas, desde aquella única vez en que una señora se negó a ascender o descender por las escaleras y tuvieron que sacarla los bomberos, hasta la fiel visita de Joaquín Celades, un campanero de Villahermosa que acude cada año y, siendo invidente, distingue a la perfección el tañido de cada campana y cada tono que emiten.
La última parada es la terraza, donde se encuentran las campanas Tófol, Lledó y Ana. Allí disfrutaron de las vistas mientras descansaban María y Rosa. Esta última, que vivió más de 30 años en Castelló y viene cada año para Magdalena, explica que se siente «emocionada de subir al Fadrí. En todo este tiempo nunca lo había hecho y tengo los pelos de punta». Y es que el Fadrí es mucho más que una torre-campanario.
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