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Tomás Rufo vuelve a coronarse en Castelló con un montalvo explosivo

El toledano cuaja de manera sensacional al bravo quinto, de nombre Brincador, al que le corta las dos orejas saliendo a hombros con un dispuesto Marco Pérez, en una tarde de lo más entretenida

Jorge Casals

El idilio de Tomás Rufo con Castellón es ya una realidad. Desde que allá por el 2022 saliese disparado de la Magdalena, su toreo arrollador y poderoso ha caído de pie en esta tierra. El toledano tiene una conexión especial, como un flechazo, con esta plaza, y su toreo se ilumina cual si fuese una gaiata. Triunfó aquel 2022 y luego repitió en 2023 y 2024. Y ahora se postula, a falta de mucha feria, como el primer nombre propio.

La tarde no empezó del todo bien con dos toros rajados y desrazados. El primero, que buscaba salida para volverse al campo charro, acabó imantado en la hechizadora muleta de Perera, y el segundo fue un manso de libro. Pero en el tercero cambió el sino de la tarde y todo fue yendo a más, aflorando la bravura de esta ganadería a la que Juan Ignacio Pérez Tabernero le ha dado una gran personalidad sobre la base Domecq. Fue ese quinto un toro bravo de los de verdad, que sacó fondo y una manera de perseguir los engaños que llegaba al tendido. Brincador, así se llamaba el animal, estaba bien presentado, cuajado como toda la corrida, colocado de cara. Guapo de verdad. Tuvo buena condición, en el aire del tercero pero con mayor fondo, pues acabó repitiendo incansable hasta el final.

Galería: Tomás Rufo y Marco Pérez, por la puerta grande en Castellón

Tomás Rufo / Jordi Juárez

Salió Tomás Rufo a no dejarse ganar la partida y a defender su plaza talismán. Antes, el palco había ninguneado la petición de oreja tras hacer un esfuerzo con un toro manso que solo hizo que barbear tablas, y eso le dolió, pellizcó su amor propio. No podía dejar pasar otro año sin un éxito en esta plaza así que se fue a los medios para iniciar la faena de rodillas y meterse al público en el bolsillo. Siguió con el toreo en redondo, ligado y reunido. Repitió el toro, que tenía transmisión y emoción en su embestida. Al natural lo cuajó Rufo, poderoso y autoritario. Ligó en un palmo casi sin soltar y claro, aquello llegó al tendido. Inteligente Tomás, remató con una tanda de rodillas en redondo, que puso un final emotivo a su labor y fue clave para rematar por todo lo alto. Mató de estocada y cortó dos orejas. El montalvo fue premiado con la vuelta al ruedo.

El otro toro bueno de la tarde fue el tercero. Ya mostró otro aire de salida y su buena condición en el capote de Marco Pérez, que estuvo muy templado a la verónica. Tanto en el quite por chicuelinas, como después en el tercio de banderillas, el toro comenzaba a ilusionar por sus detalles de calidad y bravura. No falló. El toro colocó la cara con humillación y profundidad. Embistió con una entrega superior y muchísima clase. Marco le bajó la mano y sobre la diestra dejó algunas tandas estimables. Faltó quizá mayor distancia para que las tandas no surgieran tan embarulladas a veces, de hecho, al final el toro protestaba esas cercanías. Gustó al público la actitud del joven salmantino, aunque Castellón lo midió con exigencia. Dejó una estocada y paseó una oreja. Marcó se mostró como un estoqueador contundente, que se convirtió ayer en el salvoconducto para abrir la puerta grande, algo que logró tras cortar otro apéndice del sexto.

Galería: Tomás Rufo y Marco Pérez, por la puerta grande en Castellón

Tomás Rufo y Marco Pérez, por la puerta grande en Castellón / Jordi Juárez

Este último de la tarde se llevó una ovación de salida por su presentación. 600 kilos, para que luego digan que los toros salmantinos no se rematan a principio de temporada. Con mucha plaza. Alegría y buen tranco llevaba en su embestida, pero le costó humillar y entregarse abajo. Marco salió con mucha disposición ante un toro que acabó algo rebrincado y apagado. Buscó al final las cercanías, llegando más al público. Lo mejor, una gran estocada que puso en sus manos la oreja que le valió para salir a hombros junto a Rufo.

Sólida, solvente y de torero maduro y reposado fue la tarde de Miguel Ángel Perera, que debió abandonar el coso a hombros junto a sus compañeros. Al abanto que abrió plaza le dio confianza y celo primero, para después acabar apretándolo por abajo, rompiéndolo adelante y sin que el toro protestaste como en el inicio. Acabó hasta sacando buen son y Perera lo cuajó por el pitón derecho, lado por el que los dos se entendieron mejor, cortando una oreja.

Apostó por el cuarto, reparado de la vista. Fue poco a poco construyendo la faena muy a favor del toro hasta que acabó metiéndolo en el canasto y toreándolo en redondo muy largo y templado. Respondió el toro por abajo a la exigencia del extremeño, que lo toreó a cámara lenta, con reunión y expresión. Una pena el pinchazo antes del espadazo, así que el palco consideró que no era de premio.

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