Escribía Aristóteles en su Ética nicomaquea que la actividad contemplativa es la más alta de todas. Se supone que la inteligencia es el grado superior, aquello a lo que debemos aspirar y lo que nos permite observar con mayor detenimiento todo cuanto nos rodea, lo cual debería llevarnos a alcanzar aquello que todo ser humano “anhela”, es decir, la felicidad, el Bien Supremo.

En la actualidad, aquello que solemos denominar como vida contemplativa tiende a confundirse con la holgazanería. La imagen que asociamos es la de una persona desprovista de responsabilidades que dedica sus horas a no hacer nada o hacer muy poca cosa, desperdiciando su existencia. Pero tampoco dramaticemos, así que volvamos a Aristóteles y a aquello de que en el término medio está la virtud, ya que muchos de nosotros nos dejamos, de tanto en cuanto, arrastrar por esos momentos de descanso; el cerebro necesita desconectar o aligerar la frenética actividad que nos induce al irremediable y despreciable estrés.

Esa interrupción, o mejor dicho reducción de nuestra actividad neuronal habitualmente la realizamos frente al televisor. “Ver tele” es, o eso dicen, lo que requiere menor esfuerzo por nuestra parte. Y fue así cómo un sábado por la mañana vi una película que ahora recuerdo con cariño y que, pese a lo que muchos puedan pensar, requiere plena atención por parte del espectador. Su título: In the Bleak Midwinter, traducida aquí como En lo más crudo del invierno. Su guionista y director, el británico Kenneth Branagh.

TEATRO DENTRO DEL TEATRO // Joe Harper es el protagonista de este filme. Es un actor de teatro que alcanzó cierto éxito en el pasado y busca como sea un triunfo que lo catapulte al estrellato. Hace tiempo que no trabaja y un buen día decide, con la ayuda de su hermana Molly y de su agente Margaretta D’Arcy, preparar una representación de Hamlet, de William Shakespeare.

Esta producción servirá, además, para otro propósito, ya que deciden llevar a escena este clásico de la dramaturgia en un pueblecito inglés con un título muy esperanzador, Hope. Allí existe una iglesia desconsagrada que quieren derribar y Harper espera poder evitar su demolición gracias a la recaudación de las funciones previstas para celebrar la Navidad.

Poco a poco irán apareciendo una serie de personajes, cada cual más extravagante. Ellos son los actores que deben dar vida a esa tragedia potente y subyugante que Shakespeare escribiera, aquel retrato del que podría considerarse como el primer héroe trágico moderno, ese personaje que es símbolo de nuestra existencia.

Actores que hacen de actores, teatro dentro del teatro. A través de los malentendidos y rifirrafes, las confesiones y los miedos, las pasiones y las traiciones de todos estos intérpretes durante los ensayos en la iglesia en peligro de extinción, asistimos a una radiografía perfecta, en clave de comedia, de los que son las relaciones personales, la vida misma. Todos ellos buscan el amor, el prestigio, el consuelo... Buscan establecerse como familia, buscan entenderse, buscan, qué duda cabe, saber que no están solos.

'CRU HIVERN' // El próximo 5 de junio, a partir de las 20.00 horas, Cesca Salazar dirigirá en el Paranimf de la Universitat Jaume I una adaptación libre de In the Bleak Midwinter bajo el título de Cru hivern. Con la colaboración de Juan Belloch y la traducción de Ximo Montañés, el Aula de Teatre Carles Pons representará esta obra original de Kenneth Branagh en la que la acción se traslada a una sala de teatro abandonada donde una compañía de actores se reúne para ensayar e interpretar Hamlet con la intención de recuperar este espacio para el barrio.

La película de Branagh, y por ende la obra de teatro, si uno se para a pensar y/o a contemplar lo que tiene ante sí, busca explicar que existen obras --como el Hamlet shakespeariano--, hechos, acciones o situaciones que son y serán siempre actuales, pues realizan un análisis del carácter del ser humano con suma inteligencia.