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Desde la academia de Marsella dijeron que Gumbau era un artista pura sangre

 

10/06/2017

La desaparición de mi entrañable Lorenzo Ramírez, mis sentidos y mis sentimientos me acercan últimamente a los artistas del dibujo, como si estuviera buscando algo que me falta. Nacido hace 110 años, se ‘levanta’ ahora ante mí otro excepcional artista dibujante castellonense, de Vila-real por más señas. Se trata de José Gumbau, el que un tiempo fuera directivo de la Casa de Valencia en París y condecorado con importantes premios y representativos diplomas honoríficos. Su última exposición antológica tuvo lugar en el Palacio Provincial de la Diputación, en 1986, con gran éxito de críticas y de público que aquí llegó de todas partes.

Es curiosa la biografía de Gumbau cuando se encuentra muy pronto, en su niñez, que alternó el trabajo de aprendiz de alpargatero, que era el oficio de su padre, con las clases en la escuela pública, antes de que se topara con su afición a pintar, primero como pintor mural y, a continuación, como pintor artista, cuando ya ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, en Valencia, al cumplir los 18 años de edad. Y es que fue decisivo en su carrera profesional, el encontrarse con el muy popular cartelista José Renau, también en Valencia, representando a los artistas progresistas, aquellos que aportaban nuevas fórmulas a sus vidas.

Becas y ayudas

Durante el segundo curso de su carrera, el Ayuntamiento de Vila-real le concedió una bolsa de estudios de 500 pesetas, que le permitió visitar los museos por primera vez. Y poco después la Diputación Provincial de Castellón le otorgó una ayuda de 1.500 pesetas, que le permitió realizar nuevos viajes para poder acercarse un poco más, especialmente en Madrid, a los centros de arte y museos y pinacotecas de muy alto nivel. Y al finalizar sus estudios de manera formal, instaló su taller propio en un viejo edificio del barrio del Carmen de Valencia. Las necesidades económicas le obligaron a alternar el trabajo de retocador de fotografías con la pintura de caballete. En esa época entró a formar parte del núcleo de artistas progresistas valencianos que capitaneaba el ya citado cartelista José Renau.

Con todo ese panorama de sus comienzos como pintor, en 1931, se incorporó al servicio militar y fue destinado a Guadalajara, donde conoció al poeta Miguel Alonso Calvo, que más tarde adoptó el seudónimo de Ramón de Garcisol. Y en 1934, de la mano de su amigo el poeta, entabló amistad con quien se preparaba en aquellos años para convertirse en muy popular autor teatral, Antonio Buero Vallejo.

Premio de pintura

Al licenciarse, José Gumbau regresó a Valencia y reanudó su actividad pictórica, centrada principalmente en el retrato. El que le realizó a Víctor Fenollosa le valió el Diploma de Honor en la exposición del Ateneo Regional, en 1932. Igualmente eran de destacar los retratos que hizo a las señoritas María Arrufat, Trinidad Domingo y María Amorós, todos de viva expresión y excelente colorido. También pintó obras de gran tamaño que revelaban el exquisito temperamento del artista, destacando los titulados Ermitaño a por la limosna, Mujer romántica, Gitana melancólica y otros. Lo cierto es que fueron los años en que Gumbau recibió el Primer Premio de Pintura en la Exposición del Ateneo Regional de Valencia, que también le permitió que presentara con todo esplendor su primera Exposición Individual. Fue el punto de arranque de una serie de éxitos personales que le llevaron a conseguir el apoyo de la CNT y ser invitado para organizar la Sección de Bellas Artes de esta central anarquista y ser nombrado profesor de dibujo del barrio de Orriols, con sus escuelas regionalistas. Y volvió a Vila-real para ser nombrado Delegado de Propaganda de la propia CNT. Eran los años en los que España era un país Republicano.

Madrid, Zamora y Marsella

Auspiciado por la Diputación de Castellón, efectuó unos cursos en la acreditada Academia de San Fernando de Madrid, donde el Estado Mayor de la República lo adoptó como algo propio y, por ese motivo, al comenzar la guerra civil, fue arrestado y hecho preso, fue internado en un campo de concentración de Zamora. Y después de un tiempo de sufrimiento, al ser liberado ya en los años 40, se trasladó a París y allí tuvo gran actividad en centros artísticos donde alcanzó notoriedad y prestigio como pintor.

Uno de los artistas que más admiraban a Gumbau, al que conoció personalmente durante sus años de París, de cuya Casa de Valencia era directivo, fue el extraordinario pintor y dibujante castellonense Vidal Serrulla que dio en nuestro Mediterráneo noticias de José Gumbau, en su resumen semanal de temas de arte y cultura, como un noticiario:

—«<b>Gumbau</b> siente y hace sentir en su arte, una intensa preocupación social que nos remonta por encima de lo que es meramente técnico o circunstancial, para valorizar un arte sin fronteras y sin concreción a un tiempo de espacio limitado, un arte sin fronteras con solo presente, que es realmente la única forma de entender el arte con autenticidad. Arte nato sin egoísmos; arte que da sin pedir a cambio; arte sincero y sin concesiones, casi mágico».

Resumen

José Gumbau Vidal había nacido en Vila-real el 10 de noviembre de 1907. Y falleció en su residencia de Marsella el 15 de febrero de 1989. Sus restos mortales fueron trasladados a su ciudad natal, Vila-real, donde recibieron sepultura en el cementerio municipal. Fueron momentos muy emotivos y altamente concurridos por vecinos de la ciudad.

Triunfador en París, como hombre y como artista, aunque Gumbau adquirió una cómoda y vistosa residencia en la ciudad de Marsella, para vivir los últimos años de su vida, con tranquilidad y con ilusión. No olvidaba, sus últimas exposiciones antológicas, en 1985 por el Ayuntamiento de Vila-real, durante el mes de diciembre, en el edificio de la Caja Rural. La exposición en el Museo de Cerámica ‘González Martí’, de Valencia y la última, en 1986, en las salas de honor de la Diputación Provincial de Castellón.

El ayuntamiento vilarealense ha puesto el nombre de José Gumbau Vidal a una sala del Museo de la Ciudad. Y ha rotulado con su nombre una calle donde José Gumbau jugaba, soñaba y aprendía a vivir la vida desde su más tierna infancia.