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Los condes de Aranda crearon la fábrica de exaltación de cerámica y loza

 

Los condes de Aranda crearon la fábrica de exaltación de cerámica y loza -

Salvador Bellés Salvador Bellés
02/07/2016

La palabra Conde, de origen latino, significó en un principio ‘compañero’. Y en el Bajo Imperio se refería concretamente a los nobles que vivían en palacio y acompañaban al emperador en sus expediciones. Claro que el feudalismo dio un nuevo significado al vocablo al convertirlo en título de jerarquía para aquel que gobernaba un condado. Hubo una larga época de varios siglos, poco propicia para esos nombramientos, aunque a partir de 1604, con motivo de la costumbre de las Cortes de aquel momento, ya se dio comienzo a una era de creación de títulos nobiliarios.

Pedro Pablo Abarca de Bolea, Conde de Aranda, fue un militar y estadista español nacido en Siétamo, provincia de Huesca, en 1719. Fue embajador de España en Portugal y en Polonia y, en 1763, fue nombrado capitán general de Valencia. Y tras el motín de Esquilache en 1776, capitán general de Castilla. Su biografía está repleta de actividades políticas y de destierros, también la Inquisición intentó procesarle, aunque fue ministro de Carlos III. Al final de sus días, se retiró a descansar a su palacio de Épila.

Pero hoy está aquí en la página porque bajo su señorío floreció en sus tierras del Alcalatén la más internacional y conocida de actividades artísticas como la loza fina y la porcelana de l’Alcora. Y eso nos afecta directamente.

DON BUENAVENTURA // El padre de don Pedro Pablo, es decir, don Buenaventura, es quien había fundado la gran fábrica de loza fina en la que era villa principal de sus amplios dominios en las tierras castellonenses del Alcalatén, en l’Alcora, en 1727.

Buenaventura Pedro de Alcántara Ximénez de Urrea y Abarca de Bolea fue el noveno Conde de Aranda. Comenzó por fijar su atención en los 24 hornos de cántaros o alfares en su señorío del Alcalatén. Y así empezó todo.

La primera época propiamente de la fábrica, llamada de loza, se extendió hasta 1749 y durante ella se preocupó el Conde por traer de Moustiers y de Marsella artistas franceses como Eduardo Roux y José Olerys, junto a los cuales se formaron otros artistas de la comarca que dieron lustre a la producción de l’Alcora, como Ochando, Grangel, Causada, Soliva y otros.

El Conde Pedro Pablo, protagonizó en cierto modo la segunda época, la de la porcelana, que se prolongó hasta 1793, durante la cual trabajó en tierras alcorinas Pedro Clostermans entre los extranjeros y el célebre Álvaro entre los españoles. Y la tercera época, recordada como la de la tierra de pipa, se inició en 1798, al morir Pedro Pablo, y llegó hasta 1858. Es cuando aparece el busto que preside esta página y los famosos grupos escultóricos, entre los que destaca el toro Farnesio.

LA VIDA // Hijo del fundador de la legendaria fábrica de loza, que en nuestro tiempo se convirtió en la ‘Noble Cerámica de Alcora’, el noveno Conde de Aranda presentó al mundo su heredero y décimo Conde de la dinastía, Pedro Pablo Abarca de Bolea. Nació en la población de Siétamo, provincia de Huesca, en junio de 1719.

Después de una rigurosa preparación cultural y de técnicas científicas e históricas, no tardó en penetrar en elevados círculos del saber y del mandar. Destacó como político y como militar, fue incluso ministro de Guerra con el rey Carlos III. Y cuando en 1742 falleció su padre, heredó todo los títulos y propiedades de la casa. Y sobresalió cuando en 1749 creó nuevas ordenanzas que rigieron la vida laboral de la ya famosa fábrica. Mientras, contrajo matrimonio con la Duquesa de Hijar, María Antonia Portocarrero. Tuvieron un hijo, Luis Augusto, que murió en Zaragoza en 1755. Y también en diciembre de 1783, según me informa el erudito Eugenio Díaz Manteca, falleció la duquesa, su esposa. Y Pedro Pablo, con el deseo de dar descendencia a su apellido, contrajo matrimonio en segundas nupcias con su sobrina Pilar Fernández de Hijar, 48 años más joven que él, y con la que no tuvieron hijos. En su palacio de Épila, falleció el conde el 9 de enero de 1798.

CONDICIONES // Mientras estuvo directamente al frente de la fábrica, Pedro Pablo elaboró e hizo cumplir unas condiciones laborales, unos reglamentos, que mejoraban sensiblemente las promulgadas por su antecesor, su padre. La supresión de viejos abusos, como prohibir la realización de trabajos por parte de los empleados con destino a los cargos directivos de la empresa o la fijación de la obligatoriedad de pagar en dinero y no en especies, entre otras puntualizaciones, así como la mejora de las condiciones de producción y racionalización del trabajo, llegando hasta fijar un subsidio a los obreros incapacitados por accidente. Ya se ve que fueron estas algunas de las medidas que condujeron a humanizar la situación de la manufactura. A pesar de ello, en los momentos en que la condesa estuvo al frente de la fábrica, por ausencia de su marido, hubo problemas laborales de cierto relieve. Tuvieron que intervenir por primera vez, jueces especiales. En su documentado estudio, el ex alcalde de Castellón y erudito, don Eduardo Codina Armengot, ya escribió que con la condesa se produjo en aquel entorno “la primera huelga de brazos caídos”. El ilustre coronel de las Fuerzas Aéreas, y creador de Torrecid, don Federico Michavila Pallarés, me contaba también estas cosas con exquisita gracia, doscientos años después, claro. Lo cierto es que llegó un momento en que la legendaria fábrica de loza fue languideciendo en su actividad. Y ha sido más recientemente cuando se ha creado la sociedad ‘La Muy Noble Cerámica de Alcora’.

LA ACADEMIA // Un capítulo importante de la historia de la Real Fábrica la constituye la actualización de una antigua academia de aprendices. En el primer reglamento ya figuraba el apartado correspondiente de su funcionamiento, como academia de aprendices, pensada en la formación del personal que podía dar sus frutos en el futuro, a medida que fuera avanzando el tiempo, sobre todo observando el capítulo en el que se hace mención a la atención que hay que tener con los oficiales, aun los más experimentados, teniendo en cuenta los grandes maestros contratados para impartir las clases, como es el caso de los Ochando en época de don Buenaventura, o los más recientes como Julián López, Ferrer, el prestigioso Álvaro y algún otro. Lo curioso de la academia es que tenía un artículo en su reglamento por el que, un domingo al mes, los alumnos tenían que mostrar públicamente sus progresos en lo que se refiere a la actividad artística, con el empleo de la propia cerámica en la fabricación de las piezas de orfebrería o la elaboración de sus famosos bustos, cuyas huellas y en todos los paises de Europa han llegado hasta nuestro tiempo. H