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UNO DE LOS FUNDADORES DE LA ZONA DE OCIO

Esta es la historia de las tascas de Castelló y de Ernesto

"Mi padre fue uno de los que fundó el tardeo en la ciudad", destaca ahora con orgullo Ernesto Jr., que regenta el negocio

 

Una de las primeras imágenes que se conservan de La Oficina, tasca que abrió en abril de 1972 Ernesto Bou. - MEDITERRÁNEO

RAFAEL FABIÁN
23/04/2019

Nacido en una masía de Puertomingalvo, donde ahora descansan sus restos, la figura de Ernesto Bou ha estado íntimamente ligada a la ciudad de Castelló desde que llegó siendo adolescente al Grau para trabajar en Casa Turch. «Más de uno me dice que ha esperado a que acabe la Magdalena para irse», asegura su hijo Ernesto tras la barra de la mítica tasca mientras recibe las muestras de cariño de su cuantiosa clientela.

En la imagen inferior vemos, de izquierda a derecha, a Ernesto Bou, su hermano Gustavo, Pedro Navarro, que posteriormente abriría El Mejillón, y Juan Culla, que se haría policía local, tras la barra del OAR, donde trabajaban como camareros.

Ernesto Bou hijo, como tantos castellonenses nacidos a partir de 1972, ya ha conocido la capital de la Plana con sus tascas en las calles Isaac Peral y Barracas, pero relata hoy orgulloso la trascendencia que su padre —fallecido el pasado jueves—, tuvo en este popular enclave de ocio: «Estuvo entre los pioneros de la zona, que fundó el tardeo en la ciudad, abriendo su negocio en abril de 1972. Días más tarde, su amigo Pedro Navarro —con quien coincidió en el OAR como camarero—, subió la persiana de El Mejillón y el popular Saeta se quedó con El Pichón ya en 1975, aunque fue Gregorio quien lo inauguró. Poco después vendría La Cueva con José Luis, todo un referente, Manolo con La Nécora ya en los 90, y con el cambio de siglo abrirían Amado y La Guindilla».

En la imagen inferior vemos al fundador de la Oficina, Ernesto Bou, junto a su mujer Delfina.

Ernesto se casaría con Delfina cuatro meses después de abrir el local, que en un primer momento se llamó La Oficina y ahora ya es el Mesón de Ernesto, dedicando así más de cuatro décadas de su vida al negocio, apoyado los últimos años por sus hijos Ernesto y Sonia.

En la imagen inferior vemos el aspecto que tenía la tasca en el año 1981.

En un principio, los jóvenes y no tan jóvenes que acudían a la calle Barracas —«la más antigua de la ciudad», según el ingeniero del Ayuntamiento Pepe Prades le aseguró a Bou Jr.—, pagaban los quintos a cinco pesetas y los tercios a siete, mientras que un bocadillo de lomo a la plancha, por ejemplo, costaba 22. Lógicamente los precios han cambiado —subido—, pero la esencia se mantiene. «Esto es un centro de reunión, no un pub o un sitio en el que hacer botellón», afirma Ernesto hijo, que en la imagen inferior aparece junto a su padre en el local que ahora regenta.

Futuro incierto para la zona

Pese a la historia que tienen las tascas y los miles de castellonenses que han pasado, pasan y pasarán, los últimos años han surgido problemas que ponen en peligro su supervivencia. El último, una sentencia del Supremo, que declaró «inadmitido» el recurso de casación presentado por el Ayuntamiento contra la decisión del TSJCV de prohibir el consumo de alcohol en la vía pública. Ernesto Bou JR. asegura lo siguiente al respecto: «La sentencia ya sale obsoleta porque habla de la ley del 2002, que nosotros modificamos en el 2018 con el apoyo de todos los partidos políticos». Admite, eso sí, los siguientes contratiempos para la zona: «La presión policial que recibimos es fuerte y existe un interés inmobiliario detrás de este acoso, porque vecinos aquí casi no hay y los que hay están a nuestro favor».

En la imagen inferior vemos el aspecto actual de la tasca.

Polémicas al margen, la figura de Ernesto Bou estará por siempre ligada a muchos momentos de diversión en Castelló. Su esquela rezaba lo siguiente: «Me voy a montar otra tasca». Su hijo aclara: «Es que era un cachondo».