+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Mediterráneo:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

REPORTAJE

El 'esmorzar' puede con el covid en Castellón

Este hábito tan arraigado en toda la provincia está sirviendo a algunos negocios para capear el bajón en los servicios de comidas y cenas

 

Terraza del bar Caribe de Castelló. - DAVID GARCÍA

Variedad de tapas. - DAVID GARCÍA

22/11/2020

Callos, sepia, caragols / pebreretes del Padrón / alioli mogollon / i conillet amb alls pa tots / Almorçar! / Almorçar! / Almorçar! / Almorçar! Es el estribillo de una canción del grupo de rock marjalero The Soca. Se le podría añadir el plato de sardina de bota, pimiento verde y huevo frito, pero resume bastante bien las que son las principales preparaciones por las que optan los castellonenses a la hora del almuerzo, un ritual que en la provincia se eleva a categoría de arte. Y una tabla de salvación, también, para los hosteleros, que ven cómo esa franja horaria resiste mejor a los envites del covid que los turnos de comida y, sobre todo, de cena.

Como por ejemplo en Boga Tasca, local situado en el puerto deportivo de Orpesa. Abrió en junio y ha sido una de las sensaciones del panorama gastronómico provincial, pero con las restricciones por el covid se han encontrado con cenas de sábado «con solo dos o tres mesas». «Ante este panorama decidimos hace dos semanas cerrar por las noches y abrir para los almuerzos los sábados y domingos», explica Adriana Urdanoz, propietaria.

Ella, que es vasca, se ha dado cuenta de que en Castellón hay una gran cultura de almuerzo, que le ha transmitido su pareja, el benicense Miguel Ejarque, junto al que gestiona el local. «Es algo cultural que atrae a mucha gente. Hacemos elaboraciones típicas, como callos y conejo con caracoles, pero intentamos que técnicamente estén muy bien», explica este. No en vano, ambos estudiaron en el prestioso Basque Culinary Center.

Donde saben, y mucho, del almuerzo es en el bar Caribe de Castelló, situado en la N-340, cerca del Hospital General. Por sus mesas han pasado miles de castellonenses para degustar su amplia oferta de platos tradicionales. «Si no fuera por los almuerzos ya hubiera tenido que cerrar», explica rotundo su propietario, José María García, puesto que «tenemos bastantes más mesas durante esas horas que en la comida», al menos en estos últimos meses.



Referentes
Otra parada obligada en la capital de la Plana es Casa Mercedes. El «tomate con ajo, el secreto y la panceta a la brasa» están entre las elecciones preferidas de sus fieles clientes, que siguen acudiendo pese al covid. «Siempre hemos tenido muchas mesas a esas horas, y ahora, teniendo en cuenta las circunstancias, seguimos trabajando bastante bien. Eso sí, no caben más de 20 o 25 personas», explican desde el establecimiento.

O qué decir de Casa Julián, en La Barona, punto de peregrinación de ciclistas, excursionistas o de cualquiera al que le apetezca disfrutar del sabor del interior. «Los sábados y los domingos esto lo seguimos teniendo a reventar. Entre semana también viene mucha gente de los alrededores, por ejemplo los que trabajan en los molinos de la aceituna», manifiesta Marilin Castellano, desde un restaurante que es famoso por un concepto: la brasa. «Es lo que más piden, chuleta, longaniza, morcilla, morro....», enumera.

Y para acabar, un carajillo. Estos son los mejores de la provincia.

Antecedentes históricos
¿Y por qué le gusta tanto al castellonense sentarse durante una hora, o más, frente a un bocadillo gigante o a un surtido de tapas que, muy probablemente, le quitará el apetito hasta más allá de la hora de comer? El experto gastronómico Francisco González Yuste lo tiene claro: «El concepto de almuerzo que existe en la provincia es un invento de la gente del campo, va ligado al trabajo de los collidors».

«Antiguamente, como hacía más frío que ahora y estaban peor preparados, solía pasar que a primera hora los huertos estaban demasiado mojados para trabajar, por la humedad, y había que esperar a que se secara. Entonces, aprovechaban para almorzar en el mismo campo, o a veces se iban a un bar cercano si llovía. La dieta era muy contundente porque cuando se incorporaban para trabajar no paraban hasta la hora de comer. Lo hacían de manera frugal y volvían a trabajar hasta las cinco o cinco y media», relata.

Un tipo de trabajo muy físico que requería de un almuerzo contundente «y una o dos barretges». El hábito, una vez mucha gente abandonó el campo, «se mantuvo». «En otras zonas de España es más ligero, como en Andalucía, o el desayuno es más fuerte, como en Galicia o Asturias. Lo que hay en Castellón se parece más a un desayuno americano», indica.



Bocados típicos
González Yuste reivindica dos bocados muy típicos que no se tienen que perder, «la torraeta de anchoas con pimentón y la sardina de bota con sardina y huevo», un invento este último, de nuevo, de los agricultores.

Muchos años después, el grauero Víctor de Jorge es digno heredero de esos collidors, un auténtico profesional del almuerzo. No perdona ni un solo día el bocadillo --su preferido es de tortilla de patata con cebolla, tomate y longaniza--, y ocasionalmente lo acompaña de varias tapas. Cuando las elige es metódico, no deja nada al azar: «En al menos una de ellas se tiene que poder mojar pan». En su experta opinión, un aspecto que deben cuidar más los bares es precisamente el pan, «porque hay algunos que no lo tienen nada bueno». «Para mí es la comida más importante del día, un momento de desconexión de la jornada laboral», explica.

Cuando «quiero regodearme», va al histórico bar Las Planas y se pide «un bocadillo Farnós (tortilla de ajos tiernos con salchicha y tomate) y tapas dobles de sepia y mejillones». Con aficionados como él, el esmorzar nunca morirá.

Mapa Coronavirus España

Mapa Coronavirus España

    Buscar tiempo en otra localidad