+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Mediterráneo:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

Los nombres de las calles

  •  El cambio del callejero vinculado con el franquismo provocó una agria polémica


  •  

    VICENT FARNÓSVICENT FARNÓS 06/06/2004

    Una de los primeros acuerdos que tomó la corporación municipal castellonense, presidida por Antonio Tirado Jiménez, el primer alcalde elegido democráticamente en la capital de La Plana tras cuarenta años de dictadura, fue el cambio de rotulación de las plazas y calles de la ciudad que se titulaban aún con nombres de personalidades y hechos vinculados con el anterior régimen franquista y con la guerra civil de 1936.

    Un cambio que resultó toda una revolución en el callejero castellonense y que a muchos ciudadanos les pareció muy bien, pues reflejaba el proceso democrático en España mientras a otros les pareció mal porque eran nostálgicos del franquismo o simplemente pensaban que esta nomenclatura respondía a unos personajes y hechos históricos. Lo que sí es cierto que a los vecinos y comerciantes de las calles afectadas les importunó porque se vieron obligados a cambiar rótulos, tarjetas de visita e impresos.

    En el seno de la corporación municipal, la decisión fue objeto de un intenso debate en el el pleno municipal, ya que este tipo de decisiones levantaba pasiones encendidas en un momento en el que la dictadura aún era muy reciente y muchos añoraban el régimen del general Francisco Franco. Antonio Tirado intentó cambiar la nomenclatura franquista recuperando los viejos nombres de las calles que estuvieron vigentes en algunos casos hasta 1938 y en otros hasta 1931. Fue el caso de la plaza del Caudillo que pasó a denominarse Porta del Sol, antiguo y popular nombre que seguía siendo utilizado por el pueblo. Por su parte, la calle Mártires de la Cruzada pasó a denominarse Cantó de Castalia.

    También se intentó rescatar los nombres de los viejos políticos castellonenses de la Restauración como el caso del líder de los republicanos castellonenses Fernando Gasset Lacassaña que recuperó su puesto en el callejero sustituyendo al del fundador de la Falange, José Antonio Primo de Rivera,en la calle donde precisamente tuvo su residencia familiar. Lo mismo ocurrió en la calle Calvo Sotelo que pasó a denominarse Ruiz Zorrilla, otro jefe republicano. La calle General Mola se cambió por Falcó, mientras la del General Aranda, el militar que dirigió la ocupación franquista de la ciudad, se denominó, a partir de entonces, con el nombre de Asensi.

    También se incluyó la denominación de la plaza País Valenciano, tan de moda en aquellos años, que sustituyó el nombre de Alcázar de Toledo, mientras la calle del general Moscardó, héroe del Alcázar, pasó a denominarse calle del Trabajo. La antigua plaza Alférez Provisional se denominó, también a raíz de la decisión municipal, como plaza de la Constitución Española mientras la calle del Aviador García Morato pasó a llamarse plaza del Estatut. En el Grau, la calle Mártires del Barco, denominada así por los ochenta presos del buque prisión Isla de Menorca que fueron fusilados en octubre de 1936, se llamó a partir de entonces Treballadors de la Mar.

    Los cambios afectaron asimismo a calles y plazas tituladas con el nombre de personajes ligados a la historia de Castellón como fue el caso del ministro secretario general del Movimiento y antiguo Fiscal General del Reino, Fernando Herrejo Tejedor que falleció en accidente de tráfico en junio del año 1974 y cuya plaza, donde se localiza el Palacio de Justicia, pasó a denominarse Juez Borrull mientras la calle del general Abriat, cuya hija fue la primera reina de las Fiestas de la Magdalena, se cambió por calle Rafalafena.

    Los concejales socialistas, comunistas y los dos ediles de Esquerra Independent apoyaron la moción de la alcaldía que se encargó de defenderla en el pleno el primer teniente de alcalde, delegado de cultura, el médico Miquel Bellido. Por contra, el concejal de Coalición Democrática, el abogado Jose María Escuí se opuso al acuerdo aduciendo argumentos de carácter histórico. Los ediles de UCD se abstuvieron, lo que les fue recriminado por algún sector de la derecha