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Todos contra Fertiberia

 

VICENT FarnósVICENT Farnós 01/03/2009

Los sesenta fueron una etapa de gran crecimiento en Castellón. La población se multiplicó por dos y al socaire del desarrollismo, el casco urbano se amplió por el oeste, naciendo los llamados barrios periféricos. El Grao de Castellón, en este caso al este del casco urbano, no fue una excepción y también creció con el impulso de la pesca y de sus industrias auxiliares. Muchas familias, especialmente de Andalucía, y concretamente de la población marinera de Barbate, eligieron el Grau como nuevo hogar, de forma que la población del distrito marítimo no solo se dobló sino que se multiplicó por cuatro. Fueron aquellos años, en la llamada Década Prodigiosa, cuando también se establecieron en Castellón grandes industrias, hasta entonces inéditas en la historia económica de la ciudad. Se trató de la gran refinería que la multinacional norteamericana Esso construyó en el Serrallo, antiguamente una de las zonas de baño preferidas por los castellonenses. Otra gran industria que se ubicó, a finales de los años sesenta, fue la planta de fertilizantes que puso en marcha Fertiberia, en este caso al norte del distrito marítimo, en una zona que se había planificado desde los años cincuenta como un enclave de desarrollo turístico pues allí se localiza el campo de golf del Pinar, la casa de baños y unas magníficas playas. La decisión de ubicar Fertiberia al norte del Grau provocó ya un gran debate en el Castellón de los años sesenta con una crisis municipal inédita en la dictadura. Hubo plantes y dimisiones de concejales. Lo cierto es que la sociedad castellonense se dividió en dos, entre los defensores de una gran industrialización del término y los que apostaron por un uso residencial y turístico al norte.

Proximidad a las viviendas

La planta de fertilizantes se situó a menos de 2.000 de las viviendas. La cohabitación entre una empresa fuertemente contaminante que emitía gases y provocaba quejas por malos olores fue ciertamente difícil. Los vecinos del Grau expresaron repetidamente su oposición, con manifestaciones e incluso con la interposición de demandas en los juzgados. Asociaciones de vecinos como El Faro se distinguieron en la movilización permanente.