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Los versos y la memoria con el Humo de los barcos del verano

 

Los versos y la memoria con el Humo de los barcos del verano -

11/11/2017

En uno de los primeros veranos de este siglo XXI, el Ayuntamiento de Benicàssim plantó una hermosa palmera junto a la rampa de bajada a la playa desde el paseo marítimo de la Almadraba. Los habituales de aquel sector con nuestras sillas y toallas, lo celebramos de un modo especial, aunque el poeta Juan Munárriz, esposo de la profesora Carmenchu Cid, la bautizó públicamente como ‘Palmera Ana’ como cordial detalle de homenaje a mi mujer. Y, con la alusión al Humo de los Barcos, me envió unos versos:

Llega la noche, / ruidos, rumores, / palabras, amores. / Todo se transforma / en sencillas líneas impresas / levantadas para ser leídas, / para apuntalar / esperanzas y alegrías, / como las torres de arena.

PALMERAS. Con el tiempo, han ido apareciendo otras palmeras. Digo ahora todo esto, porque hace unos días, cuando ya dábamos por finalizado el veraneo y la estancia en la playa, en el momento de la despedida, Munárriz nos obsequió con otro parlamento, que me atrevo a reproducir. Dijo y escribió todo ésto:

--«He visto el Humo de los Barcos. He interpretado durante muchos años sus mensajes. Los he compartido para alegría de amigos. Otros pobres ciegos, no ven como los barcos escriben con tinta negra sobre cielo azul, allá donde mar y cielo se unen. Los barcos hablan. Yo hablo para unir a los hombres, para recordar las historias de mi vida. Esos maravillosos renglones se agitan incansablemente en mi imaginación. Hablan de aventuras, de ilusiones, de amores… Son mis mejores sueños, mis nobles ambiciones. ¡Los leo porque son mi vida! Cuando se lleva el viento las negras letras, su recuerdo es imborrable, al igual que los dos azules, el del mar y el del cielo. La memoria y la belleza perduran».

Lo cierto es que el poeta Juan Munárriz, de origen vasco, me invita muchas veces a que juguemos con palabras, no con pelotas y raquetas. Con palabras.

Además, un día me planteó la palabra ‘memoria’ para nuestro juego. Yo le contesté que divulgado por la editorial Espasa Calpe desde el año 2006, llegó a mis manos un ejemplar del Diccionario de la Real Academia Española, con los nombres de todos sus excelentísimos académicos con los que aparecían de un modo muy distinguido --para mí-- los de Martín de Riquer, Julián Marías, Miguel Delibes, Francisco Ayala, Antonio Mingote, García de Enterría, Luis Goytisolo, Mario Vargas Llosa, Ana María Matute, Fernán Gómez, Luis Mateo Díez, Pérez Reverte y José Manuel Blecua. Alguno más de ellos ya fallecidos entonces, que a todos tuve tiempo de preguntarles por el significado de la palabra memoria y hubo contestaciones para todos los gustos. Es decir, «facultad psiquímica por medio de la cual se retiene y recuerdan aspectos o hechos del pasado», también «recuerdo que se hace o aviso que se da a algunos aspectos y acontecimientos particulares que se escriben para ilustrar la historia». También «memorismo, que dicen es la práctica pedagógica o método de estudio en el que se da más importancia a la memoria que a la inteligencia». Así es.

MIS LIBROS. Observará el lector que el mundo de los libros y de los que los escriben forma parte de mi vida. Cuando en octubre de 1957 me incorporé a la librería Armengot, hice el juramento de que leería al menos un libro cada día y expondría mis impresiones al día siguiente, intentando convencer al cliente-lector de las virtudes de dicho libro, si consideraba que las tenía. La temática era muy variada: mucho teatro, casi siempre novela, algo de historia, también biografías… pero casi nunca los libros de los poetas. Tal vez por ello, como reflejo de la frustración, siempre he sentido el deseo de escribir fragmentos poéticos. De saber hacerlo, manejando con eficacia las leyes de la rima. La contradicción fue que, en mi adolescencia, me tocó escribir letras de canciones por encargo de compositores amigos. Pasodobles taurinos generalmente y, sobre todo, la letra del bolero Fuente de la Plaza Mayor, obra muy bien acogida por las orquestinas de la época. Y por los oyentes de la radio. Y es el medio radiofónico el que me permitió adentrarme en el hecho de contar historias de seres humanos de una manera natural y sencilla, creíble. Con el tiempo, eso me devolvió a la redacción de este periódico Mediterráneo, donde había hecho crónica deportiva en mi juventud. La vida.