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Comarcas

 

La crisis en pueblos de menos de 100 habitantes

Coronavirus en Villores: Igual de confinados, más tranquilos

Las vecinos adaptan las rutinas a las nuevas circunstancias por el virus y, aunque su proximidad con el entorno natural y su aislamiento habitual son una tentación, no dudan al cumplir con las restricciones

 

Tesa, secretaria en el IES de Morella, comprando en la tienda. - Ortí

Ana Molinos, voluntaria de Protección Civil, limita sus salidas a la compra y a su perro. - Ortí

Javier Ortí / Mònica Mira
03/05/2020

Los ordenadores y una buena conexión a internet se han convertido en las herramientas esenciales para que las vidas no se detengan durante el estado de alarma. Y es así en Madrid, en Castelló o en Villores. La diferencia es que los vecinos de esta pequeña localidad de Els Ports disfrutan de un entorno natural y de una calidad de vida que ahora muchos envidiarían.

Bien lo sabe Marc Aguilar, edil y maestro, quien durante el confinamiento desempeña sus funciones públicas y docentes conectado a su portátil, lo que le permite tener al día de los aconteceres del pueblo al alcalde, Ivan Guimerà, que reside a escasos 20 minutos, en Morella, y que está muy pendiente de las necesidades de los vecinos gracias al propio Marc y a Tesa, ambos representantes municipales en Villores. Todos ellos, como el resto de residentes, están muy concienciados con las recomendaciones y normas del estado de alarma. Es el caso de Ana Molinos, voluntaria de Protección Civil, que limita sus salidas a los paseos de su perro y a hacer la compra.

Las necesidades básicas están cubiertas en la tienda de Juan, propietario a su vez del bar que, como en cualquier otro lugar, permanece cerrado. En su establecimiento también atienden y suministran encargos de la panadería o la carnicería de Forcall.

Entre los vecinos está Pepe Aguilar, a quien la crisis sanitaria le pilló en el pueblo, porque tiene su residencia habitual en Castelló. Está en ERTE y se dedica a hacer tareas de mantenimiento de su casa y alimentar los animales, mientras el joven Jordi Aguilar compagina sus estudios con los cuidados del huerto familiar.

En cuanto a los que no paran, aunque con las limitaciones de estas fechas, están Miguel y Mara, trabajadores municipales. Y en el extremo opuesto, Esther, otra de las habitantes del pueblo, sale puntualmente para adquirir productos básicos. Algo parecido hace Felipe, quien se traslada a diario a su huerto y vuelve a casa. 

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