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Reportaje a la contra

Cuando el ADN huele a pólvora nace una saga

 

Vicenta Peñarroja es la matriarca de una saga de reconocidos pirotécnicos ‘valleros’. - MEDITERRÁNEO

Vicenta Peñarroja es la matriarca de una saga de reconocidos pirotécnicos ‘valleros’. - MEDITERRÁNEO

MÒNICA MIRA
01/03/2020

comarcas@epmediterraneo.com

Esperar que tus hijos no se acerquen a los cohetes cuando el perfume del sustento familiar huele a pólvora podría ser la mejor representación gráfica de la sentencia popular jugar con fuego. Aunque Vicenta Peñarroja Fas nunca hizo tal cosa, porque la pirotecnia ha sido algo muy serio para ella. Una pasión que le caló tanto que la impregnó en su ADN, convirtiéndose en el germen de una saga de coeters cuyo nombre es sinómino de profesionalidad y prestigio. De otra forma, no habrían podido convertir el que se consideraba el peor día para tirar una mascletà en València, en el que, hoy por hoy, nadie quiere perderse. Vida y obra de Pirotecnia Peñarroja.

Este domingo, en la fila 11 del balcón del ayuntamiento de la capital del Turia, como viene sucediendo año tras año, Vicenta ocupará su lugar para asistir al espectáculo con ojos de madre y abuela. Lo hará con esa emoción primigenia que genera la sensación de casi ensordecer con la partitura compuesta por su hijo y su nieto, herederos de su manera de entender este negocio, con las entrañas, con el corazón.

Los primeros durante 25 años

Este domingo, a las 14.00 horas en punto, Pirotecnia Peñarroja disparará por 25 ocasión consecutiva la primera mascletà de las Fallas. Dos décadas y media desde que les propusieron abrir el programa pirotécnico, el día que parecía no querer nadie por estar tan alejado de la fiesta grande. Asumieron el reto y han estado a la altura, porque ahora, el 1 de marzo más vallero del calendario es un imprescindible del año fallero.

Dice Pepe Nebot Peñarroja, actual gerente, que su madre es muy benevolente con su trabajo. «Siempre le parece bien, nunca encuentra pegas», en contraste con su autoexigencia, y es comprensible porque, después de una vida de responsabilidad, con 87 años, lo suyo es limitarse a disfrutar y nadie puede hacerte sentir más orgullo que la sangre de tu sangre.

Quizás eche de menos aquellos días en los que vivió ese mismo momento a pie de calle, cuando, si la mascletà era del agrado del público, eran las falleras mayores las que bajaban a felicitar al senyor pirotècnic, que durante tanto tiempo, en este caso, fue una señora.

Veinticinco años consecutivos siendo los primeros, y algunos más en una fiesta que es un escaparate mundial para este negocio. Posiblemente, este año Vicenta repetirá una costumbre que estableció hace tanto que es difícil precisarlo. Comprará un ramo en una de las floristerías de la plaza para la Santa Bárbara de la iglesia de Sant Joan de l’Hospital, mientras los miles de espectadores tratarán de reponerse del estallido fallero.

Con el amanecer en ciernes, este domingo, los Peñarroja volverán a ocupar una plaza todavía silenciosa en la que instalarán el pentagrama de su sinfonía del estruendo, una vez más, sí, pero con emociones inéditas.