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Ironías del destino

 

PABLO Sebstiá
03/02/2018

En Castellón llevamos mucho tiempo esperando al AVE. Más de diez años. Lo prometió José Luis Rodríguez Zapatero, lo prometió Mariano Rajoy, lo prometió hasta el gato pardo.

El que por fin «aterrizase» el AVE en Castellón el lunes 22 de enero fue todo un hito, sí, y un despropósito al mismo tiempo. Tantos estuvimos esperándolo que finalmente llegó con retraso el mismísimo día de su viaje inaugural. El AVE, el tren de alta velocidad que nunca hace tarde, se retrasó veinte minutos cuando por fin cruzaba tierras castellonenses.

Y el martes, el segundo día de su puesta en funcionamiento, cuando ya no transportaba autoridades sino viajeros de pago, también se retrasó. Llegó diez minutos tarde a Madrid. Ya sé que diez es menos que veinte. Pero sigue siendo mucho.

ME PREGUNTO si el famoso tercer hilo va a funcionar bien algún día. Que compartan plataforma los trenes de cercanías, los borregueros de carga, los mercancías, los regionales, el Euromed y los trenes de alta velocidad puede que sea demasiado para un trayecto de sesenta kilómetros que atraviesa ciudades, zonas industriales y demás.

Hace tiempo, allá por el pleistoceno, se hablaba de expropiaciones de terrenos para realizar ampliaciones de plataformas, se hablaba de terceras vías, de soluciones que en apariencia eran más satisfactorias que el ya mencionado tercer hilo ferroviario.

Algo pasó entre el pleistoceno y la postmodernidad y en el camino se quedó el verdadero AVE a Castellón.

*Escritor