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Revolución 4.0

 

DOMINGO García Marzá
12/01/2018

Hace tiempo que la ciencia se ha convertido en tecnociencia, en un conocimiento puesto al servicio del mercado, de unas tecnologías que permitan ganar más dinero y más rápidamente. La última revolución es la introducción de las tecnologías digitales en la industria. Son las llamadas fábricas inteligentes, informatizadas y con todos los procesos interconectados, de las que se espera un increíble aumento de la productividad y un uso mucho más eficiente de los recursos y, por supuesto, una reducción de costes.

Esta economía 4.0. Va más allá de la industria. Nos dicen que es un proceso imparable derivado de la aplicación en todos los sectores de las tecnologías en línea, de la interconexión digital de los objetos cotidianos a través de internet. No solo en las finanzas. Ya oímos hablar del internet de las cosas y de los algoritmos que sustituyen a las personas, por ejemplo, a la hora de diseñar coches sin conductor o, incluso, en una intervención quirúrgica. De esta nueva revolución se esperan grandes oportunidades de desarrollo y de empleo.

Y esto último es algo que no acabo de entender, a ver si ustedes me ayudan. En esta nueva revolución industrial todos los trabajos repetitivos van a desaparecer sustituidos por protocolos y robots. Las empresas tendrán así un mayor rendimiento laboral, nos dicen. ¡Pero sin trabajadores! Ya no vamos a hacer falta, ya ni siquiera seremos recursos humanos. Solo los más cualificados y especializados, esto es, los que puedan pagarse unas titulaciones creativas y unos desorbitados másteres, podrán trabajar entre tanto robot, sufriendo siempre para que no les llegue el día. ¿Y los pobres? Como siempre, a servir.

*Catedrátido de Ética