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El valor de la juventud

 

DOMINGO García Marzá
27/01/2017

Año tras año las encuestas sobre valores y juventud nos muestran una realidad nada esperanzadora. Es un lugar común hablar de juventud y crisis de valores, pero si pensamos un poco vemos que no se trata de que no tengan valores, sino de que tienen otros. La cooperación y la solidaridad, por ejemplo, se han transformado en competitividad e individualismo. Nada que objetar, si no fuera porque este cambio despoja a los jóvenes de su valor esencial: su fuerza. Es la juventud quién puede cambiar una situación social y económica injusta que se empeña, precisamente, en negarles un futuro. Los valores son necesarios para dar sentido a nuestra vida, para orientarnos y para motivar nuestras acciones. Gran parte de nuestra juventud se orienta por un egoísmo consumista que piensa que la felicidad se compra, que nada debe ni reconoce a los demás, que sigue esperando un estado protector que les salve, aunque nada quieran saber de él. La pasividad ha anidado en su carácter, ya no ven que solos no somos nadie. El resultado final nos lo resume el Banco de España: la riqueza neta de los menores de 35 años se ha desplomado un 93%.

Pero los valores no están en nuestros genes, están en nuestra cultura. La educación es, y no puede dejar de ser, una incrustación de valores. La cuestión radica en decidir si cogemos las riendas de una educación que potencie la participación y recupere así la fuerza de la juventud o la seguimos dejando en manos del mercado, que no busca formar personas sino clientes. Y lo está consiguiendo: causas muchas, rebeldes cada vez menos.

*Catedrático de Ética