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COVID-19

París piensa en verde

La capital francesa incentivará el uso de la bicicleta para evitar una invasión de coches en la fase de desconfinamiento / "Hay que empezar a concebir la ciudad de manera diferente y acercar la vivienda al lugar de trabajo", analiza el concejal de urbanismo del ayuntamiento parisino

 

Imagen de la plaza de Trocadero, frente a la torre Eiffel, este miércoles en París. - AP / THIBAULT CAMUS

EVA CANTÓN
03/05/2020

Además de paralizar la vida social y económica, la irrupción del coronavirus en Francia frenó el proceso electoral para renovar las alcaldías y es probable que haya que esperar al otoño para que los ciudadanos puedan volver a las urnas sin correr riesgos, pero la preocupación medioambiental, tema estrella de la campaña en París, no se pospone y reaparece ahora con fuerza en la preparación de la fase de desconfinamiento.

 Los retos de la desescalada que arrancará el 11 de mayo son múltiples en una ciudad de 2,2 millones de habitantes (sin contar los que llegan a diario desde la periferia para trabajar) aunque pocos como el del transporte público en el que difícilmente se podrá garantizar la distancia social para mantener a raya la cadena de contagios.

 El miedo a meterse en un tren de cercanías hasta los topes, un metro o un autobús engendra otro: el de ver la capital francesa convertida en un gran atasco. Es lo que Anne Hidalgo quiere impedir, que los coches invadan París.

 “La polución ya es en sí una crisis sanitaria. Sumada al coronavirus es un cóctel peligroso”, advirtió la alcaldesa socialista en un reciente consejo municipal. Si algo bueno ha tenido el confinamiento es el de haber rebajado los niveles de contaminación, incluso la sonora, hasta el punto de que el canto de los pájaros se oye como nunca y el agua del Sena es más transparente. 

Paréntesis de bonanza

 Aunque sea paulatino y se prime el teletrabajo, el regreso a la actividad cerrará ese inesperado paréntesis de bonanza ecológica y obligará a buscar un nuevo equilibrio entre economía y medio ambiente.

  “El debate que agitó París sobre el reequilibrio del espacio público entre ciclistas, peatones y automovilistas se ha acelerado con la crisis del coronavirus. No es posible aumentar el número de coches y la bicicleta es el transporte individual más racional”, explica a El Periódico el concejal de urbanismo del consistorio, Jean-Louis Missika.

 La idea es incentivar el uso de la bicicleta aumentando los carriles exclusivos para las dos ruedas y reproduciendo temporalmente en la superficie el trayecto de las tres líneas de metro más frecuentadas, entre ellas la que une el barrio financiero de La Defensa con el Parque de Vincennes atravesando el Louvre.

 Los coches estarán vetados en la calle Rívoli, un gran eje de casi tres kilómetros que atraviesa el corazón de París que tendrá un carril solo para bicis y otro para autobuses, ambulancias, taxis y vehículos de reparto. El Ministerio de Transición Ecológica destinará 20 millones de euros para quienes decidan usar su bicicleta para ir a trabajar. Tendrán hasta 50 euros para ponerlas a punto.

 Más allá de las adaptaciones para tiempos de pandemia, Jean-Louis Missika admite que habrá que “repensar el urbanismo para acercar los lugares de trabajo a los de residencia y evitar los desplazamientos pendulares ligados a un concepto de ciudad anticuado”.  “Hay elementos que empiezan a discutirse con promotores inmobiliarios e inversores”, señala.

 Mascarillas y gel
 Quienes no tengan más remedio que usar el transporte público deberán llevar mascarilla obligatoriamente si quieren evitar una multa de 135 euros. El Ayuntamiento ha prometido mascarillas gratis para todos los parisinos a mediados de mayo asumiendo un gasto de 3 millones de euros. También habrá gel desinfectante en bocas de metro, marquesinas de autobús, quioscos, colegios y guarderías.

 Además, el acceso a los colegios se peatonalizará para que los padres no estén apiñados en la entrada. París reserva su reapertura para hijos de personal sanitario, funcionarios municipales, profesores o trabajadores del transporte público y para alumnos con dificultades durante las tres primeras semanas de la desescalada.

 El regreso a las aulas es voluntario y algunos padres prefieren mantener a sus hijos en casa. “Si no hay ningún riesgo ¿por qué se necesitan tantas medidas de distancia social?”, se pregunta Sophie, una protésico dental de 38 años y madre de tres niños que confiesa sentirse “insegura” en una ciudad con una densidad de población de 20.000 habitantes por kilómetro cuadrado.