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RALLY DAKAR 2018

10 años en Sudamérica

El 10ª aniversario americano convierte al ‘Rally de Rallys’ en una cita muy especial y difícil de ganar H Joan Barreda, el candidato castellonense en motos ante KTM y en coches, Peugot se despide

 

Desde la llegada a Sudamérica, el Dakar deja estampas como las que se producen en el Salar de Uyuni (Bolivia), el mayor desierto de sal continuo y alto del mundo (3.663 metros de altura). - AFP / FRANCK FIFE

EMILIO PÉREZ DE ROZAS
08/01/2018

Cuando llegan los clásicos o, incluso, los derbis, siempre se oye decir a los técnicos de los equipos «¡uf!, cómo me gustaría jugar este partido». Pues bien, ese es el deseo imposible del hombre que, tras ganar cinco dakares, el español Marc Coma, ha pasado a ser la mano que dibuja el Dakar y el cerebro que planifica cómo tiene que ser y en qué condiciones han de ganar y/o sobrevivir los participantes de este maratón, que ya lleva disputadas dos jornadas de su 10ª singladura en tierras sudamericanas, cumpliendo, además, su 40 aniversario.

Porque, según todos, este Dakar 2018, con 9.000 kilómetros de recorrido (exactamente 8.792) y 4.500 de ellos (exactamente 4.329) contrarreloj, maltratará y colocará bajo presión a los participantes desde el minuto uno, desde la primera etapa en Perú, donde se vuelve después de cinco años de ausencia, impidiendo que la primera semana sea de tanteo. «Si algo nos ha anunciado Marc (Coma), es que este va a ser un Dakar duro, muy exigente para nuestros cuerpos y las máquinas. Estamos avisados», señala Laia Sanz (KTM), que se presenta como la chica que quiere ser top-10.

La carrera tiene tres fases muy diferenciadas, que la hacen tremendamente exigente. Esta primera semana, los participantes se enfrentan a las dunas de Perú, cuya continuación será el altiplano de Bolivia ¡ojito! a más de 3.500 metros de altitud (Carlos Sainz, uno de los favoritos a los mandos de un Peugeot, ha contado que «para preparar esos tres días en altitud, he estado durmiendo durante un mes en una cámara de hipoxia») y, finalmente, afrontar la dureza argentina en Belén, Salta, Fiambalá y San Juan, con temperaturas que sobrepasarán los 50 grados. «Quien quiera ganar el Dakar antes de pisar Argentina, se equivocará», reconoce el torreblanquino Joan Barreda, favorito con Honda y máximo estandarte castellonense.

Una carrera donde las grandes novedades comenzaron ya ayer, en la segunda etapa, en la que los coches salieron primeros frente al desierto y, en la 4ª etapa, que será una salida en línea («donde los nostálgicos –explica Coma—recordarán la típica salida del lago Rosa, al final del tradicional Dakar») con 15 motos, 4 coches y 2 camiones en cada tanda.

Peugeot quiere irse ganando

El quinto día, es decir, ya, en el inicio del rally, habrán dos especiales para coches y motos que se harán a la vez a lo Baja Aragón y, en la superespecial de Fiambalá (la 11ª), como ya ha ocurrido otros años, se mezclarán según la clasificación del día anterior. Y, por supuesto, habrá una etapa maratón para coches y camiones y dos, ¡dos!, para las motos.

«Tengo la sensación», explica el francés Sebastien Loeb, ganador de nueve mundiales de ralis, «que Marc (Coma) nos ha preparado un Dakar muy duro. Es, sin duda, mi última oportunidad para ganar y voy a darlo todo por conseguirlo, pues es uno de los trofeos que aún me faltan. La primera semana difícilmente puedes ganar la carrera, pero sí la puedes perder –comenta el francés–. Tienes que estar siempre delante y evitar problemas para afrontar, en buenas condiciones, la última semana en Argentina. De todos modos, lo primero que me dijo Marc el otro día es que colocásemos las palas y las planchas para salir de la arena en posiciones cómodas y accesibles en el Peugeot, pues tendremos que utilizarlas más a menudo de lo que creemos, lo cual ya da idea de lo que será este Dakar».

Ni que decir tiene que la armada Peugeot, con sus impresionantes 3008 DKR Maxi, son los favoritos de este Dakar, pues se despiden de él tras un gran dominio. Los leones al volante de los impresionantes buggys turbo franceses volverán a ser, cómo no, Monsieur Dakar, Stéphane Peterhansel, actual campeón y ganador de 13 dakares (seis en moto y siete en coches), Loeb, Sainz y el pentacampeón en motos Cyril Després. «Después de haber disfrutado durante años de este maravilloso rally, es evidente que Peugeot quiere despedirse del Dakar volviendo a ganar. Y es aquí donde la frase de que es más difícil repetir que ganar la primera vez tiene validez», señala Bruno Famin, director de Peugeot Sport.

Pero Peugeot y, más concretamente, Loeb acaba de perder, en Marruecos, frente al príncipe del desierto, el qatarí Nasser Al-Attiyah, bicampeón en 2011 y 2015, que esta vez pilotará uno de los sofisticados, aunque no favorito, Toyota Hilux, junto a Giniel de Villiers y el novato Bernhard Ten Brinke. Cierto, los japoneses deberán esperar y aprovechar cualquier despiste de Peugeot para encaramarse al podio.

La doble versión de Mini

No solo eso, sino también los pinchazos de la otra gran escudería oficial que peleará por la victoria final, como es la alemana Mini, propiedad de BMW, que se presenta en este Dakar con una doble versión, el tradicional 4x4 y el primer experimento buggy, de cara a futuras ediciones de la prueba.

Cuentan, dicen, que tanto Toyota como Mini se benefician del nuevo reglamento que permite a los 4x4 salir a pista con 100 kilos menos y un ligero juego superior en la suspensión para superar las dunas. Nani Roma, que vuelve a Mini, Orlando Terranova, otro viejo zorro del desierto, y Boris Gavafulic pilotarán el Mini de siempre, mientras que el revolucionario buggy del futuro estará en manos de Mikko Hirvonen, Yazeed Al-Rajhi y Bruyce Menzies.

Todos ven en Peugeot, que ya copó escandalosamente los tres escalones del podio del pasado año, al gran favorito de la carrera, de la misma manera que ven en la poderosísima KTM austriaca, con el campeón Sam Sunderland al frente y su mosquetero Toby Price de ayuda, los candidatos a la victoria en motos. KTM lleva 14 triunfos consecutivos. Y ahí estará, de nuevo, Joan Barreda (Honda) para evitar que repita. «Yo, en motos, no soy capaz de decir quien va a ganar. Lo juro», sentencia Coma.