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LA CONTRACRÓNICA

10 horas que se hacen eternas

‘Mediterráneo’ vivió in situ, un año más, la Penyagolosa Trails XXI Marató i Mitja H Una edición que estuvo marcada por la espectacularidad y el público masivo que siguió la prueba en todas las poblaciones del interior que forman parte del recorrido

 

El redactor de ‘Mediterráneo’ Ismael Mateu (en el centro), junto a varios compañeros del Running Castelló. A la derecha, en el control de Xodos con su amigo Javi Celma, de Benicarló. - MEDITERRÁNEO

El redactor de ‘Mediterráneo’ Ismael Mateu (en el centro), junto a varios compañeros del Running Castelló. A la derecha, en el control de Xodos con su amigo Javi Celma, de Benicarló. - MEDITERRÁNEO

ISMAEL MATEU
15/04/2019

«¡Coged un ritmo, no penséis! ¡Si no podéis, caminad, pero no paréis, ánimo!». Esa voz se escuchaba a lo lejos cuando comenzaba el ascenso a la Lloma Bernat, el punto, quizá, más crítico de la MiM, una vez dejas atrás el ecuador de les Useres y el control de Sant Miquel de les Torrocelles.

Mientras subía la Lloma, lo pensé. Cuando le vea le preguntaré el nombre. Pero no hizo falta. Él no me reconoció. Era Roberto Chordá, runner y en su día miembro de la Agrupació de Penyes del Villarreal CF. Estaba él sentado en una esquina rocosa con dos amigas animando a los cadáveres que aún no habíamos cumplido ocho horas de carrera. Su gesto, al igual que el de Takito -otro runner muy conocido-, que estaba en la cima de la Lloma y también auxiliaba a los que pasábamos por allí, no tiene precio. Como no tiene precio el ver esa marea de gente a la llegada a Les Useres, en Sant Miquel o en la subida a Xodos, donde cada voz que grita tu nombre (porque lo pone en el dorsal) supone un chute de adrenalina tan rehabilitador como gratificante. De verdad.

Porque hay que estar ahí para saber lo que se sufre en una prueba (en mi caso) de 60 kilómetros de montaña. Gracias a Mediterráneo y a la organización, el que suscribe estas líneas tiene la oportunidad de vivir desde dentro, compitiendo, la prueba de trail más bonita de la Comunitat Valenciana y una de las más populares de España, a la altura de las que se celebran en Asturias, País Vasco o Pirineos. Y no me tira el corazón, lo digo por todo aquello que arrastra, transmite y expone la Penyagolosa Trails HG a toda la provincia, Comunitat, España y el resto del mundo, porque fueron 51 las nacionalidades que formaron parte de la MiM o la CSP.

Era mi tercera participación y con el paso de los años se nota el arraigo a escala internacional que está adoptando la carrera. Más de 5.000 preinscritos y al final, 600 insensatos que tomaron la salida en la CSP y 1.500 en la MiM. Desde la salida en la UJI, el famoso tapón que se forma a la llegada al Tossal Gros nos ralentizó a más de uno. ¡Creo que en la MiM lo que se corre más rápido desde el año pasado son los dos kilómetros iniciales!

Como la salida era de noche, hubo que tirar de frontal, provocándose una estampa preciosa: una serpiente luminosa que se prolongaba por la montaña desde el Hospital de la Magdalena hasta coronar el Gigante de Castellón. Tras aligerarse el tapón del Tossal y bajar la Antena, se llega a Borriol, donde comienzas a notar el calor humano… hasta subir el Calvari, que se empina y vuelve a poner a todos en fila de a uno. ¡Paciencia! Si te pones nervioso se te puede ir la carrera. Es una monótona subida de 40 minutos en la que no puedes adelantar hasta casi La Pedra, por lo que dependes de los de delante. El Calvari hay que aceptarlo como es. Y de ahí a La Pedra, donde se puede correr y muchos matan su carrera, porque ponerle ritmo de asfalto a una prueba de montaña… a la larga se paga. Las fuerzas que no guardas en el tramo entre La Pedra y La Bassa, en Xodos las echas en falta.

La Bassa es capítulo aparte, el control más cálido con el corredor. Equipo de música, la figura del Tombatossals recibiéndote y el CA Running Castelló, mis compañeros, recibiéndonos con los brazos abiertos. ¡Chapeau!

Todo empieza en les Useres

De ahí a les Useres, con las dos montañitas del nuevo recorrido estrenado el año pasado que tanto se atragantan a la larga. La llegada al ecuador de la prueba es majestuosa. Cuando subes por esos márgenes empedrados que dan a una escalera de piedra repleta de gente se te pone la piel de gallina. Los aficionados se agolpan, familiares, amigos… todos aplauden, te dan su aliento… Llegas, allí están los tuyos. Repones. Te auxilian, comes, bebes… y si te conoce, no te escapas: y te entrevista Enrique Speaker. El conocido speaker de carreras nulense le pone siempre un toque especial a todo lo que hace, animando al cotarro y apoyando a los de su gremio, porque también es runner.

Cuando sales de Les Useres, a rezar para que no te pase nada. Pero esta vez tocó vivir la cara del sufrimiento. Y llegaron los calambres. okupas que no estaban invitados. Paras, estiras, sigues. Y todo iba bien hasta la bajada previa a Sant Miquel, donde llegó lo que no quería: crack, latigazo. Un calambre en un gemelo, y acto seguido en el siguiente.

Llegado a la ermita de Sant Miquel me planteo retirarme, pero Nando, Mapi y Cris habían venido a seguirme, y luego se unió Penélope, y la gente de mi club. Y digo, pruebo. Quedaban 20 kilómetros. Los más duros mentalmente y con calambres.

Ya fue imposible correr, si probaba, a los dos minutos otro latigazo. Pero tras pasar la Lloma llegaron mis ángeles de la guarda. Mientras bebía en un control de agua, me tocan la espalda: Omar y Sergio, dos de los compañeros con los que me había preparado los últimos dos meses. «Vamos Capitano, que nos quedamos contigo», no daba crédito. «Es nuestra primera MiM, no nos va de diez minutos». Y tiraron de mí para evitar una posible retirada en Xodos, que ya ni me planteé al llegar allí y por sorpresa ver que me esperaban Javi y Alma, que vinieron a propósito desde Benicarló.

En la MiM retirarse no es una opción si aún te van las piernas, y aunque sea andando la terminas. ¿Por qué? Por toda esa gente que te apoya, que pierde un sábado de sus vidas por ti, que te ayuda y provoca que cuando los ves en un control te pongas a llorar como un niño. Me quedo con el abrazo de los tres compañeros que llegamos juntos a meta. Nos besamos como si fuéramos familia y solo con la mirada nos dijimos lo orgullosos que estábamos los unos de los otros. ¡El año que viene, más!