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Deportes

 

EL REPORTAJE

Adiós a un goleador mayúsculo

Diego Forlán cuelga las botas, con 40 años y centenares de goles, incluyendo los 59 en sus tres temporadas en el Villarreal H Fue Bota de Oro en el Submarino (2005) y cuatro años más tarde en el Atlético, así como mejor jugador del Mundial 2010

 

A. GILBERT // REDACCIÓN
08/08/2019

«Sabía que iba a llegar este día». Diego Forlán, con 40 años, dice adiós al fútbol, dejando atrás una prolífica carrera, jalonada por muchos títulos y goles, especialmente en el Villarreal, que le recuperó para el fútbol rescatándole de la jaula del Manchester United, formando una sociedad de leyenda con Juan Román Riquelme.

Empezó a despuntar en el Peñarol (su casa en Uruguay) e Independiente, en el otro lado del Río de la Plata, en Argentina. El Manchester United fue su primera escala en el fútbol europeo. Alex Ferguson lo pidió en el 2002, pero no estuvo a la altura de las expectativas que había creado. Una maniobra de José Manuel Llaneza le sacó de Old Trafford, previo pago al contado de tres millones de euros. Así comenzó esa recordada etapa en el Villarreal. Tres temporadas, con 106 partidos y 59 goles, incluyendo los 25 que le impulsaron, en la 2004/205, a ser máximo realizador de LaLiga y Bota de Oro.

Del entonces El Madrigal pasó al Atlético (de nuevo pichichi y máximo realizador en Europa en el 2009), más tarde al fútbol italiano (Inter de Milán) y brasileño (Inter de Porto Alegre), probando suerte en Japón (Cerezo Osaka) e India (Mumbai City), tras un breve regreso en el Peñarol. Hasta mayo pasado vistió la camiseta del Kitchee de Hong Kong.

La selección uruguaya lo tiene como una de sus figuras de todos los tiempos. Así, en Sudáfrica 2010 resultó elegido el mejor jugador. Un año más tarde lideró el equipo que obtuvo en Argentina la Copa América. Pero Forlán no quería vivir de glorias pasadas y sus casi 300 goles. El cuerpo le estaba pidiendo una rutina diferente: «Era hora de parar y seguir disfrutando de otras cosas».

El linaje

Su padre, Pablo Forlán, fue defensor del Peñarol multicampeón. Juan Carlos Corazzo, el abuelo materno, brilló en Independiente y entrenó al combinado celeste que ganó dos Copas América (1959 y 1967). Cachavacha, como lo apodaron en Buenos Aires por su parecido con el personaje de un popular dibujo animado argentino, ha añadido al linaje sus propios pergaminos.

Desde hacía años que Forlán pensaba en el «día después». Hubo un tiempo en el que descartó la posibilidad de convertirse en entrenador. No obstante, hizo el curso. «Es algo que quiero probar, me encantaría dirigir», llegó a manifestar. Quisiera hacerlo en Peñarol, pero ya avisó de que no tendrá problemas en cumplir ese papel en Nacional de Montevideo, su rival de siempre. Forlán tiene un anhelo más ambicioso: ser el reemplazante de Óscar Washington Tabárez al frente del combinado uruguayo, una vez que el Maestro decida dar un paso al costado.

Meses atrás ya tenía decidido cerrar su carrera como jugador. La familia y el cansancio pesaron. Forlán asegura que se despide sin melancolía, después de haberse sentido un privilegiado dentro y fuera de la cancha: «Esto nunca fue un trabajo».