+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Mediterráneo:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 

Deportes

 

ARTISTAS DEL ENGAÑO

Armstrong y los mayores tramposos de la historia del deporte

Repaso a engaños de campeonato como el del siete veces campeón del Tour. Movistar estrena esta semana el documental 'Lance', en el que el ciclista habla de su dopaje

 

Lance Armstrong, en una imagen del 2010. - REUTERS

ROGER PASCUAL
16/07/2020

"Cuando mi vida tomó la direccion que tomó me dije vaya a donde vaya el resto de mi vida alguien se me acercara y me dirá: 'que te jodan'" Así empieza el documental sobre Lance Armstrong, dividido en dos partes que Movistar emite este miércoles y jueves. Titulada 'Lance', aunque publicitado como 'The last Lance' a rueda de la exitosa serie sobre la última temporada de los Bulls de Michael Jordan, en la producción de ESPN el ciclista tejano explica con detalle cómo se dopó desde los 21 años para convertirse en un ícono mundial tras haber ganado siete Tours seguidos. Armstrong recuerda la primera vez que le dijeron "que te jodan puto tramposo", algo que también han escuchado alguna vez otros artistas del engaño. Aunque no hay que olvidar que el mejor tramposo es al que no logran atrapar.

LANCE AMSTRONG

De ser un ejemplo de superación a ser el sinónimo del fraude en el deporte. Si durante mucho tiempo la primera cara que venía a la mente al hablar de dopaje era la de Ben Johnson o Marion Jones, ahora el rostro que más rápidamente se asocia es el de Lance Armstrong. "En cierto modo el EPO es una sustancia segura, hay cosas peores que te puedes meter en el cuerpo", relata el ídolo caído en su documental. El ciclista tejano, que ganó el Tour siete años seguidos, confesó en el 2013 en una entrevista con Oprah Winfrey que todo lo que había logrado dopado hasta las cejas.

TONYA HARDING

El mundo del deporte ha dado grandes rivalidades. Pero Tonya Harding decidió llevar la que tenía con Nancy Kerrigan un paso más allá. En 1994, cuando las dos archienemigas se preparaban para la clasificación para los Juegos Olímpicos de Lillehammer, un desconocido golpeó con una barra a Kerrigan en la pierna derecha para apartarla de la competición. No le rompió la pierna, pero no pudo patinar al día siguiente. Harding acabó ganando el campeonato y clasificándose en primer lugar para los Juegos. Pero se descubrió que el atacante, Shane Stant, había sido contratado por el exmarido de Harding, Jeff Gillooly. La justicia finalmente declaró a Harding culpable de obstaculizar la investigación del incidente. Fue condenada a tres años de libertad condicional, 500 horas de servicio comunitario y una multa de 160.000 dólares. La Asociación Estadounidense de Patinaje Artístico la suspendió de por vida, y la despojó del título de campeona nacional. Muy recomendable 'Yo, Tonya', 'biopic' en la que la expatinadora intenta contar su versión.

FRED LORZ

El primer gran tramposo del que se tiene constancia es Fred Lorz. Lo hizo en los Juegos de 1904, los terceros de la era moderna, que se celebraron en Saint Louis. En los primeros Juegos que se disputaban en su país, el atleta norteamericano soñaba con coronarse campeón en la prueba reina, el maratón. Pero a los 12 kilómetros sus piernas flaquearon. Cuando iba a retirarse, su preparador le dijo que subiera al coche, en el que recorrió los siguientes 18 kilómetros. Luego salió y terminó la prueba primero con un tiempo de 3 horas y 13 minutos. Pero enseguida se vio su engaño y fue descalificado después de que varios espectadores dijeran que no le habían visto pasar por ahí (solo competían 32 corredores y solo 14 terminaron la prueba). Lorz fue un pionero en esta triquiñuela, que posteriormente varios atletas seguirían. La más célebre, Rosie Ruiz, la corredora del metro. Ganó la maratón de Boston en 1980 con un tiempo de escándalo, el tercer mejor de todos los tiempos (2:31.56). Pero enseguida hubo dudas sobre ese marca inaudita, que mejoraba nada menos que en 25 minutos la que había logrado seis meses antes en la maratón de Nueva York, en la que había terminado undécima en categoría femenina. Posteriormente también se descubrió que había hecho la misma trampa, por lo que también fue descalificada de la prueba neoyorquina.

FALSOS PARALÍMPICOS

Hacer trampas siempre es moralmente reprobable, pero si hay un caso de especial bajeza fue el que firmó la selección española de baloncesto en los Juegos Paralímpicos del 2000. Tras conquistar el oro en Sidney, tuvieron que devolver las medallas después de que se descubriera que solo dos de los 12 integrantes tenían discapacidad psíquica. Carlos Ribagorda, integrante del equipo y periodista que contó el engaño en la revista 'Capital', explicó que había aceptado al oferta de la federación para demostrar que la mayoría de los integrantes del equipo no la sufrían. Pese a llegar a juicio, el asunto se resolvió el único condenado de los 19 imputados fue Fernando Martín Vicente, expresidente de la Federación Española de Deportes para Discapacitados Intelectuales (FEDDI), que tuvo que pagar una multa de 5.400 euros.

BORIS ONISCHENKO

La espada de Boris Onischenko parecía imbatible. Después de lograr el oro olímpico por equipos y la plata individual en pentatlón moderno en 1972, parecía estar en estado de gracias en los Juegos de Montreal. Cada estocada daba en el blanco, aunque el rival ni lo notara. El británico Adrian Parker, mosqueado al ver que cómo la lucecita roja se disparara pese a que ni Onischenko no le hubiera rozado, reclamó a los jueces que revisaran el arma del soviético. Los revisaron pero no encontraron nada raro. En el siguiente combate, contra el también Jim Fox, se descubrió la argucia: un interruptor permitía a Onischenko lograr puntos aunque ni siguiera rozara a su rival. Expulsado inmediatamente del equipo olímpico, esa fue la estocada a su carrera.

CARLOS HENRIQUE RAPOSO

"Yo quería ser jugador, pero no quería jugar". Así resume Carlos Henrique Raposo su increíble historia. El futbolista fantasma, apodado el Kaiser, explica que se pasó 20 años de club en club ingeniándoselas para vivir la vida de futbolista sin tener que jugar. La fascinante historia es tan y tan rocambolesca que, la verdad, cuesta de creer. Su relato tiene aires de películas como 'Zelig' (el falso documental de Woody Allen sobre un hombre camaleónico), 'Atrápame si puedes' (donde Di Caprio encarnaba a Frank Abagnale, un chaval de 19 años que se hacía pasar por piloto de avión para pegarse la gran vidorra) o las andanzas del Pequeño Nicolás.

Raposo, siempre a medio camino entre la media verdad y la mentira, explica que nunca quiso ser jugador pero que, como muchos jóvenes brasileños de orígenes humildes, se vio empujado a seguir el camino más fácil para salir de la pobreza. "Su único problema era el balón", aseguraba Ricardo Rocha. "Decía que era delantero pero era un delantero tan completo que nunca marcó, nunca dio una asistencia de gol. Siempre decía estar lesionado -comenta el exjugador del Madrid-. Cuando la pelota estaba a la izquierda, él se iba a la derecha, y la inversa. No tenía talento para jugar pero era muy, muy buena persona. Todo el mundo le quería mucho". Su fuerte, como confirmaba Rocha, eran las relaciones personales. Contactos que explotó y estiró al máximo para jugar -mejor dicho, para no jugar- en distintos clubs.

En aquellos años 80 sin internet, con pocos partidos televisados y menos vídeos de los jugadores, el boca oreja tenía mucho más peso. Y que estrellas de la época como Renato Gaúcho te apadrinaran te abría muchas puertas. Formado en las categorías inferiores del Botafogo, Raposo asegura que las loanzas de amigos futbolistas y periodistas le ayudaron a fichar, entre otros equipos, por Flamengo, Puebla de México, El Paso de EEUU, Fluminense, Vasco da Gama, Botafogo, América, Palmeiras y Bangú. El 'Kaiser' también afirma que formó parte de la plantilla de Independiente de Avellaneda y el Ajaccio, aunque en estos dos casos sea falso. En el resto de equipos realizaba la misma jugada: firmaba un contrato de prueba por pocos meses y en el primer entrenamiento que podía fingía una lesión. Como tampoco había resonancias muy cuidadosas, podía estirar el cuento. Para los interesados, el documental 'Kaiser. El mejor futbolista que nunca jugó un partido'.