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Deportes

 

SEGUNDA DIVISIÓN B

El Castellón resiste a un bombardeo en La Nucía

Los albinegros desaparecen en la segunda parte del Camilo Cano, sostenidos por Campos

 

Joseba Muguruza transformó el penalti del 1-1 (foto más grande). Arriba, una lance de Rubén Díez, perseguido por Fofo. Sobre estas líneas, el remate a la media vuelta de David Cubillas, en el primer periodo. - FOTOS: CD CASTELLÓN / LA OTRA FOTO

Joseba Muguruza transformó el penalti del 1-1 (foto más grande). Arriba, una lance de Rubén Díez, perseguido por Fofo. Sobre estas líneas, el remate a la media vuelta de David Cubillas, en el primer periodo. - FOTOS: CD CASTELLÓN / LA OTRA FOTO

JUANFRAN DE LA OSSA
09/09/2019

El CD Castellón no perdió en La Nucía, que ya es mucho (1-1). Como siete días atrás frente al Mestalla, el paso por el vestuario, en el intermedio, resultó fatal para los albinegros, solo que, en esta ocasión, la torrija duró todo el segundo acto. Álvaro Campos, superado y sorprendido en un madrugador 1-0, dio la vuelta a cualquier mal adjetivo sobre su partido en el Camilo Cano con una segunda parte pletórica, sometido al bombardeo, con oportunidades de todos los colores, para el debutante conjunto rojillo.

Este Castellón da gusto verlo cuando tiene el balón, aunque sea en un terreno de juego que no está perfecto, pero sufre sin él. Menos mal que Óscar Cano reaccionó y metió a Rafa Gálvez, que taponó en parte la hemorragia en la media hora final, después de que hasta el 2-1 hubiese sido un resultado corto para el La Nucía. A excepción de una acción totalmente aislada, en la que Joseba Muguruza dejó a Rubén Díez mano a mano con Óscar Fornés, los segundos 45 minutos fueron un absoluto monólogo nuciero. A la postre, hubo que hacer bueno ese tópico, aunque se trate de una expresión que guste más bien poco al técnico granadino, que si no puedes ganar, al menos no pierdas. Y ahí tenemos al Castellón, aún invicto después de tres jornadas, con cinco puntos.

Cano y Ferrando, analizando el buen funcionamiento de sus respectivos equipos, no tocaron nada y repitieron onces. Lo que sí sorprendió es que los nucieros se adueñaron del balón desde el pitido inicial. Cuando José Manuel Hermosa centró y Javi Cabezas superó en el salto a Víctor García (compañero suyo el pasado ejercicio en el Ebro) y en el testarazo bombeado a Álvaro Campos, a los tres minutos, los albinegros ni la habían olido. El dominio absoluto de los locales se prolongó hasta el cuarto de hora, con un latigazo de Fofo como momentáneo epílogo de sus acometidas.

CRECIENDO CON EL BALÓN // El Castellón dio los primeros síntomas de revivir cuando Muguruza, gracias a una limpia circulación de pelota de los orelluts, centró a las entrañas del área, donde César Díaz llegó tarde a impactar la cabeza y, por tanto, no pudo dirigir adecuadamente su remate. A renglón seguido, Jorge Fernández disparó desde la media distancia, Fornés se quitó el balón como pudo y esta vez fue el guipuzcoano quien no conectó su disparo.

El partido había cambiado totalmente, aunque los alicantinos dieron un par de sobresaltos, en jugadas que nacieron a balón parado. Fofo hizo lucirse al 1 del Castellón y un testarazo de Juanan Casanova, sin que nadie le acompañara en la marca, sembró la inquietud en los visitantes.

El Castellón, a partir del balón, moviendo el esférico con paciencia y criterio, fue haciéndose merecedor del empate. Una media vuelta de David Cubillas, tras delicatessen del manchego, no encontró portería. El 1-1, que hacía justicia, compareció en el 34’, cuando el lateral izquierdo del La Nucía, un ya amonestado Hermosa, zancadilleó a César Díaz. Muguruza, encargado --al menos en este arranque de temporada-- de la suerte de los 11 metros, no dio ninguna opción al meta benicarlando a evitar lo inevitable. El primer tiempo murió con los locales de nuevo acaparando la pelota, pero sin inquietar mucho.

Al Castellón le sentó fatal el descanso. Ni dos minutos tardó en sentir esa mala digestión del intermedio. Ortiz, a los 120 segundos después de reingresar sobre el césped, ya dio trabajo a Campos, multiplicándose después para despejar el remate de Pablo Morgado, castigando un infantil error de Eneko Satrústegui (no fue el único). El valenciano no estuvo fino en el 1-0, pero nadie puede negarle la sublime actuación del segundo acto, similar a la que muchos recuerdan en La Rosaleda, en aquella eliminatoria frente al Atlético Malagueño de junio del 2016. Memorable su doble intervención, a bocajarro, delante de Juanjo Gracia y Juanan, a pesar de que la acción ya no valía por la posición antirreglamentaria del exalbinegro.

¡’MAYDAY, MAYDAY’! // El bombardeo se intensificó a raíz de un nuevo fallo del central navarro que Fofo marró. Atención a lo que falló el ciudadrealeaño: la reventó, literalmente, en el área pequeño, cuando lo difícil, lo imposible, era no introducir el esférico entre los tres palos. Una nueva oportunidad de Juanan provocó la furibunda reacción de Cano, que retiró a Jorge Fernández y Josep Calavera para refrescar y sobre todo fortalecer al equipo con Iñigo Muñoz y Rafa Gálvez.

El cordobés es un futbolista que puede causar división de opiniones en la parroquia albinegra; aquellos que no se lo tragan, le han dirigido adjetivos floridos pero poco agradables. Eso sí, pocos le discuten que fue una de las claves de la remontada de la pasada campaña y que cuando él esté en el campo, insufla carácter. Por tanto, no resultó casual que su salida coincidiera con cierto desplome del La Nucía. En ese momento, el Castellón tuvo el 1-2, pero Rubén Díez, que cuando se le conocía como Jamelli --precisamente porque veía puerta con relativa facilidad, como el exfutbolista del Zaragoza-- volvió a no convertir una acción muy clara.

SUFRIMIENTO POSTRERO // El encuentro se tornó de ida y vuelta, aunque los orelluts debieron apretar de nuevo los dientes, entre el minuto 85 y el 94. Campos realizó otra parada para su ya kilométrica videoteca personal, aliviado porque el rechace a la falta ejecutada maliciosamente por Fofo no fue aprovechada por Juanan, que aún tuvo la última, tras otra acción personal de Iñigo Muñoz, como un débil parpadeo de un equipo que abrazaba el punto como lo hace un niño o niña a su osito de peluche en una noche de tormenta. Un empate que, sin discusión alguna, deja la sensación de ser más positivo que negativo, de haber sumado un punto en vez de perder dos.