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Deportes

 

primera división 3 la jornada 13-

Dos grandes en Mestalla

Valencia y Barça completan un partidazo con polémica por un gol de Messi que el árbitro no da

 

Rodrigo se puso tras el gol una peluca en homenaje a Jaume Ortí; el árbitro hizo amago de mostrarle la amarilla. - DAVID RAMOS

JOAN DOMÉNECH
27/11/2017

Igual que dos boxeadores que quedan atontados por la sarta de golpes que se dan en el cuadrilátero. Así acabaron los dos primeros de la Liga, abrazados, y agotados tras un duelo en el que se zurraron de lo lindo. Aplaudidos por Mestalla y, también, desde Madrid, que vieron reducida la distancia en dos puntitos. Algo es algo, debieron pensar en el Real y el Atlético.

Resistió el Barça en València y lo aguantó todo en Mestalla: la pérdida de un gol legal, clamoroso, tan parecido como el del año pasado en el campo del Betis con el balón botando claramente dentro de la portería, y el de Rodrigo, que se vio obligado a igualar.

DECIDEN LOS LATERALES // El duelo lo decidieron cuatro laterales: Gayà burló a Semedo para servir el pase de la muerte a Rodrigo y luego Alba le robó la cartera a Montoya para cazar un centro de Messi que devolvió la vida al Barça. De Luis Suárez no hubo noticias, menos de Zaza, y peores de Deulofeu, que salió de revulsivo y falló todos los balones, desquiciando hasta a Leo Messi.

Otro de los focos de atención estaba en el belga Vermaelen. No había jugado nada y, de repente, se encontró con la titularidad por las bajas azulgranas en el centro de la defensa. Redebutaba en la Liga dos años después y en su cuarta temporada. La luz le iluminó en el gol de Rodrigo,

Se desempeñó Vermaelen como lo hubiera hecho David Costas, el joven central del filial que ocupó la última butaca del banquillo. Es decir, con timidez, cediendo el peso a los demás.

«Échale huevos» cantó Mestalla a los suyos, interpretando su conservadurismo inicial como pasividad. El equipo se ancló atrás cediendo la iniciativa al Barça, seguramente más rato de lo que deseaba. El juego solo se aceleró puntualmente y por la ruidosa reacción de la grada, demando a los suyos que se postularan como candidatos al título.

Ese acelerón definitivo al juego fue más evidente con el gol de Rodrigo, aunque se había producido poco antes. Tras el descanso, cuando el Valencia dejó de estar acurrucado atrás. El paso de la pasividad a la agresividad lo completó al Barça al verse obligado a reaccionar por el marcador. Y Messi dio otro pase genial.