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LA CRÓNICA DE LA 23ª JORNADA

El Espanyol B baja de la nube a un Castellón que merece más

Tras una floja primera mitad, los albinegros encierran al filial ‘perico’ y están a punto de levantar un 0-2

 

A la izquierda, el albinegro Rubén Díez pelea por el esférico ante un rival; arriba, David Cubillas superando a dos rivales; y sobre estas líneas, un activo Muguruza es frenado por dos defensas del Espanyol B. - FERNANDO GIMENO

A la izquierda, el albinegro Rubén Díez pelea por el esférico ante un rival; arriba, David Cubillas superando a dos rivales; y sobre estas líneas, un activo Muguruza es frenado por dos defensas del Espanyol B. - FERNANDO GIMENO

ISMAEL MATEU
04/02/2019

Frenazo a la progresión del Castellón. El Espanyol B, aprovechándose de una floja primera mitad albinegra, y de ser eficaz a la contra en la segunda devolvió al conjunto de Óscar Cano a la realidad, llevándose los tres puntos de Castalia (1-2) y rompiendo así la racha de cinco jornadas consecutivas sin perder de un equipo orellut que sigue inmerso en puestos de descenso.

Se había acostumbrado el Castellón a la media inglesa, pero en esta Segunda B cualquiera te puede pintar la cara, tanto dentro como fuera de casa, y más si el rival es un filial, que propone el mismo fútbol que pretende el míster albinegro. Pero ayer tocó perder.

Con Castalia engalanada y una afición expectante, debido a la buena racha del equipo, se esperaba a un Castellón dominante, con personalidad y siendo el dueño del esférico. Pero en la primera parte no fue así.

El Espanyol B, como bien dijo Óscar Cano en la previa, es uno de los equipos más difíciles a domicilio de toda la Segunda División B. Y lo demostró, al menos en la primera mitad.

Los futbolistas de David Gallego tenían bien estudiado el método Cano y salieron fuertes a presionar bien arriba, cortar las líneas de pase albinegras y, a su vez, adueñarse del balón.

El sistema de 3-4-2-1 del míster orellut no funcionó en un primer acto con un Castellón timorato, débil en la presión y con pocas ideas con el balón en los pies.

De hecho, les faltó dinamismo a los castellonenses cuando un compañero tenía el esférico, ya que las únicas soluciones eran el pase atrás y, tras ello, el cambio de orientación en diagonal.

Los pelotazos a Cubillas, con el llamado ataque buscando rechace, fueron la única arma orellut en un primer periodo en el que solo unos arreones en el tramo final , con dos córners y sendos remates altos de cabeza pusieron en jaque a la zaga periquita.

DOMINIO VISITANTE / Por contar, el 4-3-3 del rival mejoraba la propuesta albinegra. Los tres mediocentros españolistas se adueñaron de la parcela ancha, del balón y nutrieron de certeros servicios a sus extremos o a un 9 con muchas variantes tácticas como Campuzano, todo un incordio.

Tal es así que las acciones de peligros más claras fueron blanquiazules –aunque el B visitió ayer de rojo--. Y muy pronto llegaron los frutos visitantes.

Puesto que tras avisar Moha Ezzarffani en el minuto 11 con una ocasión el segundo palo, en el 13 conectaba un trallazo desde fuera del área ante el que Álvaro Campos nada pudo hacer (0-1). Un jarro de agua fría.

POCAS IDEAS / De ahí y hasta el descanso, tocó remar a contracorriente, con un Castellón sin demasiadas ideas, que abusó de balonazos sin apenas peligro y con un Espanyol B que pudo ampliar su cuenta con otro latigazo de fuera del área de Campuzano o un mano a mano escorado de Moha Ezzarffani que sacó Campos.

Cano tuvo que variar su sistema en la recta final del primer acto, pasando a un 4-3-1-2.

El granadino ubicó en punta a César Díaz junto a Cubillas, con Satrústegui y Muguruza de laterales con toda la banda para ellos, y Rubén Ramos de enganche por delante del trivote Rafa Gálvez, Caballero y Rubén Díez.

Con un ramalazo por la derecha de Muguruza y tiro con poco ángulo al exterior de la red se llegaba al descanso. Mucho trabajo por hacer para Óscar Cano.

OTRA MENTALIDAD / En el segundo acto la cosa fue totalmente distinta. El Castellón salió con otra mentalidad, con otro brío, mucho más motivado e incisivo y... con ideas ofensivas. Los albinegros presionaron más arriba la salida de balón del Espanyol B y cada vez que robaban volcaban el balón a banda, en especial a la derecha, donde Muguruza intentaba percutir cual puñal.

En los primeros diez minutos de la reanudación, los orelluts generaron varias acciones de peligro, en especial un remate de Regalón a la salida de un córner, cuyo testarazo salió fuera.

Pero los visitantes dieron un paso al frente y quisieron jugarle de tú a tú al Castellón. Fue entonces cuando Cano retiró a Rafa Gálvez para poner más pólvora en punta, dando entrada a Jairo Cárcaba. Quedaba media hora y había que arriesgar.

A partir de ese instante, Caballero fue el iniciador del juego local, secundado por Rubén Díez y Ramos, pero al Castellón le costaba perforar la defensa rival y solo las irrupciones de Muguruza —el mejor ayer— por derecha lo conseguían, pero sin terminar en serias acciones de peligro.

Sin embargo, el Espanyol B comenzó a ser peligroso a la contra. Primero avisó Doncel, y en el 66, tras no echar fuera el balón estando Muguruza en el suelo, Álex Bermejo se sacó de la chistera una genial jugada con asistencia a Campuzano, que fusiló a Campos (0-2). Tocaba remar.

UN NUEVO PANORAMA / El Castellón no arrojó la toalla. Cano dio entrada a Pablo Roig por César Díaz y el equipo ganó en posesión y en presencia ofensiva.

Y fue entonces cuando Cubillas sacó petróleo. En una acción dudosa, arrastró al central rival Nacho, que le empujó y terminó derribándole: penalti. Rubén Ramos no falló y acortaba distancias en el 74 (1-2), quedaba mucho por jugarse.

Y el equipo de Óscar Cano demostró que es otro, que está hecho de otra pasta. Y murió con las botas puestas. Con Muguruza como estilete por la derecha, los albinegros lo intentaron, con centros desde dicha banda, pero ni Rubén Ramos tras pase hacia atrás ni Cárcaba de cabeza, ni en dos córners en las postrimerías del choque obraron el milagro.

El Castellón, que mereció al menos empatar, pagó caro su pobre primera mitad y tendrá que seguir remando para salir de la parte baja e ir consolidándose en zonas más tranquilas.