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Deportes

 

LA CRÓNICA DEL ENCUENTRO

Ontiveros desatasca el primer triunfo 'groguet' en La Cerámica

Provoca un penalti y marca para revitalizar a un Villarreal que ha dormido en la zona Champions

 

Ontiveros celebra su gol. Antes, provocó el penalti que transformó Cazorla. - EFE / DOMÉNECH CASTELLÓ

JOSÉ LUIS LIZARRAGA
22/09/2019

Cuando tienes el armario repleto de ropa puedes permitirte el privilegio de adecuar tu vestimenta en consonancia a lo que la ocasión requiera. Calleja echó mano ayer de vaqueros y camisetas de porte juvenil para salir airoso del difícil trance ante un Valladolid serio, rocoso, ordenado, que sabe manejar bien los partidos y es capaz de dejarte sin respiración si le permites una mínima grieta por la que penetrar. El partido se encaminaba a un 0-0, o a un resultado peor si la fortuna daba la espalda. El traje y la corbata de Cazorla presentaba arrugas y no se le notaba el porte elegante de otras tardes. A Moi se le desajustaron las mangas, mientras que a Gerard, Bacca y Ekambi el largo de los pantalones les dificultó tener acierto en las áreas.

La vestimenta más clásica no era la apropiada para una mañana calurosa, más propia de agosto que de finales de septiembre. Miró al armario Calleja y no tuvo más remedio que tirar de la parte mas juvenil del perchero. Y al césped saltaron Ontiveros y Chukwueze con vaqueros informales, camiseta fashion de niños descarados y zapatillas un tanto chillonas, pero a la moda veraniega. Y se la armaron al Valladolid a las primeras de cambio. El partido necesitaba alguien que lo rompiera y lo sacara del molde demasiado formal que Sergio González había construido para que su Valladolid saliera airoso de La Cerámica. Y Calleja, otro técnico descarado y que sería capaz por su atrevimiento de presentarse en una boda con americana sport, no dudó: sacó toda su artillería. Javi (Ontiveros) y Samu (Chukwueze) desastacaron el partido en un plis plas.

FICHA TÉCNICA

Villarreal: Asenjo; Rubén Peña, Albiol, Pau, Quintillà; Iborra (Ontiveros, m.74), Anguissa, Moi Gómez (Chukwueze, m.65), Cazorla; Gerard Moreno y Bacca (Ekambi, m.58)

Valladolid: Masip; Pedro Porro, Olivas, Salisu, Fede Barba; Antoñito, Alcaraz, Míchel (Hervías, m.80), Óscar Plano (Anuar, m.74); Sandro (Waldo, m.65) y Sergi Guardiola.

Goles: 1-0, m.77: Cazorla, de penalti. 2-0, m.89: Ontiveros.

Árbitro: Soto Grado (Colegio riojano). Mostró tarjeta amarilla los locales Quintillà e Iborra y al visitante Barba.

Incidencias: Partido correspondiente a la 5ª jornada de LaLiga Santander disputado en el Estadio de la Cerámica ante 16.195 espectadores.

Calleja quiere que el colectivo sea la estrella y para ello posee un variado elenco de recursos. Pero tocaba otra cosa y los recursos están para explotarlos. Y eso hizo el técnico, sacar petróleo de lo que tenía a golpe de talento individual y se ganó un partido que el año pasado, seguramente, podría haberse perdido o, en el mejor de los casos, empatado. Este Villarreal tiene un fondo de armario de equipo noble. El primer triunfo en La Cerámica cayó a la tercera. Costó pero se logró ante un buen Valladolid y da tranquilidad después de un año de ir siempre a contrapie. Además, permitió a los amarillos dormir la pasada noche en zona de Champions.

EL PROTAGONISTA, AL FINAL 

No fue la mejor versión del Villarreal, pero cuando un equipo posee tanta calidad individual como la que atesora este bloque que dirige Calleja, es suficiente un par de destellos para resolver. Ontiveros suplió a Cazorla en el papel de mago y sacó la varita cuando más lo necesitó su equipo. Provocó un penalti y marcó un golazo. Justo lo suficiente para sumar el primer triunfo, que puede ser trampolín hacia otros que llegarán si se mantiene esa línea, aunque no se alcanzara ante los pucelanos el listón de fútbol de Leganés. Y cuando hace falta es necesario echar mano de talento individual. El 2-0 señala el despegue en la clasificación y ofrece, sobre todo, tranquilidad.

EL DIBUJO DE BUTARQUE 

Calleja repitió el dibujo táctico de una semana atrás en Leganés: 4-1-4-1. Solo introdujo una variación en el once con matices más ofensivos, con la inclusión de Rubén Peña por Mario Gaspar en el lateral derecho. Y el Villarreal funcionó a ráfagas. Algunos highlights de talento, pero normalmente en acciones alejadas de la zona de definición, o estropeadas en los últimos metros por imprecisiones. Destellos, sí, con la marca Villarreal, pero necesitados de más continuidad en el tiempo.

La primera parte adoleció de ritmo competitivo. 45 minutos demasiado insulsos, que ofrecían la impresión de disputarse sin prisas, con la mente de que todavía resta tiempo, pero siendo muy indolentes con el aprovechamiento del crono. Reseñar ocasiones claras en el acto I requería un esfuerzo de imaginación. Una por bando, y la más nítida la tuvo el Valladolid, a los 13 minutos, con Óscar Plano encarando a Asenjo, quien desvió lo justo para evitar el gol y propició que Rubén Peña dispusiera de tiempo para sacar el balón desde la misma línea de meta.

El Villarreal dominaba el balón y controlaba el juego, pero sin profundidad. Dos aproximaciones reseñables solo en la primera mitad. Una que se fabricó inteligentemente Carlos Bacca, y una segunda que el árbitro anuló por una presunta falta de Gerard Moreno, que no pudo ser rearbitrada por el VAR al haber pitado el colegiado antes. Más que dudosa la falta del pichichi amarillo. Y poco más. Fútbol horizontal, poco intenso y sin malicia alguna. El Valladolid jugó a lo suyo: orden táctico, disciplina colectiva y un repliegue intensivo en su campo, solo interrumpido con alguna que otra salida a la contra.

MEJOR ATRÁS QUE ARRIBA

El equipo de Calleja defendió con orden, pero atacó con un desorden absoluto. Caras diametralmente opuestas en las dos facetas que marcan el fútbol: defensa y ataque. Mínimas apariciones de un Cazorla desdibujado, intermitencia absoluta de Moi Gómez y Gerard Moreno muy desactivado en su escarmiento a banda. Zambo Anguissa solo dejó trazos de su calidad. Todos demasiado cómodos. Pero para el Villarreal el 0-0 no era un resultado óptimo.

El inicio del segundo tiempo llegó con un susto de época para los amarillos, que también se mostraron indolentes a la hora de defender a Sandro y el canario estrelló un balón en el poste que había merecido el gol, con Asenjo totalmente superado.

CAMBIO DE SISTEMA

Para entonces Calleja ya había adelantado a Gerard Moreno, ubicándolo como pareja de Bacca, y transformando el 4-1-4-1 de salida en un 4-4-2. El segundo movimiento fue sustituir a Bacca por Toko Ekambi. Movimientos destinados a estimular más presencia en la punta del ataque. Sin embargo el problema no estaba arriba, sino en la zona de creación, donde los ideólogos del juego ofensivo no tenían su día y no encontraban el hueco. Falta desequilibrio, capacidad de sorpresa e imaginación, justo ésta una cualidad de la que andan sobrados futbolistas como Moi o Cazorla. Todo era muy previsible y el Valladolid, que parecía conformista con el 0-0, esperaba agazapado su oportunidad.

Al Villarreal le faltaba velocidad, inventiva y desparpajo. Calleja, ya casi a la desesperada, miró al banquillo y vio a Samu Chukwueze y Javi Ontiveros, dos niños descarados y explosivos, capaces de montarla en un palmo de terreno o de desesperarte por falta de participación, pero ambos con un talento descomunal. Y el Submarino apretó más en apenas 10 minutos que en el resto del encuentro. Toko Ekambi falló un mano a mano con Masip que olía a gol y luego remató de cabeza un balón que se marchó fuera por centímetros.

El Villarreal necesitaba inventar a nivel individual porque colectivamente no tenía el día. La varita mágica de Cazorla no tenía baterías, pero Ontiveros asumió el rol y en el segundo balón que tocó encaró el área del Valladolid y fue objeto de un claro penalti por parte de Salisu. El niño prodigio de la cantera del Málaga había hecho justo lo que necesita un equipo que está atascado para resolver un partido que se pone cuesta arriba. Y Santi Cazorla puso la puntilla marcando de tiro ajustado la pena máxima.

SOCIEDAD SAMU-ONTIVEROS

El Villarreal siguió apretando a pesar de la ventaja. Los amarillos son como un gato escaldado que ha aprendido que el agua caliente quema si no tienes cuidado con ella. Peña envió un derechazo al poste de Masip en el minuto 85. Después, los dos revulsivos de los que había echado mano Calleja en la segunda parte se fabricaron ellos solos el 2-0 definitivo: centro de Chukwueze y remate preciso de cabeza de Ontiveros a la red. El segundo gol en el minuto 88 dejaba al Valladolid tocado y hundido. Bien está lo que bien acaba. El Villarreal tuvo suficiente con 20 minutos para desatascar un partido que pintaba a 0-0, hasta que el marbellí echó mano de talento. Había que ganar y se ganó.