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Deportes

 

VILLARREAL CF

El Villarreal da un sorbo más a su sueño copero en Girona (0-1)

Un gol de Yeremi sirve el pase a otra ronda para un Submarino que supo competir y sufrir para ganar

 

Yeremi Pino marcó el gol de la victoria en Montilivi. - EFE

José Luis Lizarraga
27/01/2021

Una buena copa de vino se bebe poco a poco. Sorbo a sorbo. Con tranquilidad, saboreando y degustando el aroma, disfrutando en el paladar. Un buen catador no lo entiende de otra forma y, cuando entra en contacto con el caldo, no mira la etiqueta ni el precio. Valora lo que le entra en la boca. Unai Emery está haciendo lo mismo, pero con la Copa del Rey. El enólogo de Hondarribia sirve el vino con paciencia y lo aprecia con la convicción de que el último trago de la botella es el que más se disfruta. Paso a paso el Villarreal CF supera eliminatorias sin sorbos malditos que se cuelan por la vía que no toca al entrar en la garganta. Con esa ceremonia se ha colado en cuartos de final y parece que el vino tiene poso, pero sobre todo, coge cuerpo con el paso de los partidos.

Sabe que el gran sueño es jugar una final. Su discurso sigue siendo sencillo. Ni un gesto de euforia, ni un aspaviento de queja. Llegaba a Girona con siete bajas, pero seguramente con su cabeza en Montilivi porque era lo inmediato, consciente a la vez de que el sábado aterrizaba la Real Sociedad en La Cerámica de Vila-real.

No podía apurar la copa hasta el final, ni tampoco dejar que se le oxidará el alcohol en el cristal. La Copa es como un vino joven con ese sabor intenso de la uva que apenas ha tenido barrica. Un mal día o una confianza mal entendida acaba en una resaca horrorosa.

Emery lo tuvo muy claro y volvió a poner de manifiesto que va a por todas, pero sabedor de que en la buena dosificación radicará su éxito. Dio pistas falsas en la previa, acerca de la alternativa de jugar con tres centrales. No, al final optó por lo racional y dio descanso a Albiol. Era como pausar la ingesta y esperar a que el vino reposara en la copa. Un 4-3-3 que se adaptaba mejor a su actual situación. Eso sí, tenía que asumir el riesgo de alinear a Peña, su único hombre para el carril derecho. No era mesura, sino confianza ciega, porque en ataque tres chicos con escasa estancia en barrica, formaban el ataque con dorsales de filial: Baena, Niño y Yeremi.

El Villarreal controlaba el partido. Movía la copa de vino con la categoría del experto catador, preparado para todo y disfrutando con lo mejor de la cosecha, también dispuesto para los restos de la barrica. Encaró bien el cruce de octavos en Montilivi. Manu Trigueros conectó un trallazo desde la frontal del área que salía como un tiro hacia el fondo de la portería, pero tropezó en el poste y se marchó escupido al área. Yeremi recogió el balón y lo envió a donde iba dirigido inicialmente.

El Submarino continuaba paciente. No quería caer embriagado por los efluvios de su superioridad aparente y mantenía las espaldas bien cubiertas. Niño tuvo dos buenas ocasiones para sentenciar el partido. Hasta que Yeremi dio un mal trago. Una nueva lesión. El canario arrastraba problemas en el tobillo, que se reprodujeron en un lance de ataque. Pedraza le sustituyó. El técnico del conjunto amarillo sale a lesión por partido.

El VAR, que reaparecía en la Copa en octavos de final, se tomó dos copas de más. Una entrada de Nahuel Bustos sobre Rubén Peña era rearbitrada. Una acción punible de roja... pero la tecnología se permitió una nueva frivolidad por la interpretación del árbitro, que se dirigió a la pantalla y mostró tarjeta al jugador del Girona. ¡El VAR ya sirve hasta para las cartulinas amarillas!

La segunda mitad fue de todo menos tranquila. A Emery le llegaba la peor parte de la añada. Pero este Villarreal sabe sufrir y también manejar los tiempos cuando arrolla para no morir en la orilla. Empezaba a hacer mella el cansancio. Rulli evitó el empate.

El Girona se crecía. El Villarreal reculaba, pero peleaba y se defendía agarrándose a la Copa. No la quería compartir con nadie. Los cambios llegaron y fueron entrando Parejo, Alcácer, Moi y Raba. Era oxígeno para disimular el enorme desgaste físico de este equipo que se aferra a las tres competiciones en disputa como el buen bebedor de vino muestra su preferencia a cualquier denominación de origen que le dé placer a su paladar.

El conjunto amarillo apretaba los dientes. Sufría pero no se descomponía en ningún momento. No era su mejor versión, pero sí la demostración clara de que para ganar hay que saber sufrir y también disfrutar. Para apreciar un buen reserva hay que haber degustar caldos menos nobles. Solo se aprecia lo bueno cuando sabes qué es lo malo. El año pasado en Miranda fue un buen ejemplo.

El equipo groguet le dio otro sorbo a la Copa. Ya está entre los ocho mejores. Emery mira la botella. Todavía queda bastante para el último trago. El sábado, más. Llega la Real, un enemigo directo en LaLiga. Los donostiarras tuvieron que ir a la prórroga en Sevilla. Algo positivo por más desgaste, mientras el técnico vasco mira al armario y cada vez le queda menos fondo porque se le caen jugadores en cada partido. Mientras, sigue con paso firme. Este Villarreal tiene poso de gran equipo.

- Ficha técnica:

0 - Girona FC: Murić; Yan Couto, Ramalho, Santi Bueno, Arnau (Franquesa, min. 71); Valery, Ibrahima Kébé, Gumbau (Stuani, min. 82), Yoel Bárcenas; Mamadou Sylla y Nahuel Bustos (Samu Sáiz, min. 71).

1 - Villarreal CF: Rulli; Peña, Funes Mori, Pau, Estupiñán (Dani Raba, min. 83); Capoue, Coquelin; Yeremy (Alfonso Pedraza, min. 32), Trigueros (Parejo, min. 62), Baena (Moi Gómez, min. 83); y Fer Niño (Paco Alcácer, min. 62).

Gol: 0-1, min. 19: Yeremy.

Árbitro: Ricardo de Burgos Bengoechea, del comité vasco. Amonestó a los locales Nahuel Bustos (min. 39) y Franquesa (min. 92) y a los visitantes Trigueros (min. 17), Coquelin (min. 51), Baena (min. 73) y Dani Raba (min. 91).

Incidencias: Partido correspondiente a los octavos de final de la Copa del Rey disputado a puerta cerrada en el Estadi Municipal de Montilivi.

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