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Nuevo vector energético

¿Por qué hay tanta euforia por el hidrógeno renovable?

El Gobierno y las grandes energeticas han disparado sus inversiones hacia esta tecnología. Todavía en desarrollo, su despliegue tardará al menos una década en producirse

 

Investigadores 8Marta Blasco y Álvaro Reyes, ante el prototipo del catalizador de hidrógeno. - JOAN REVILLAS

SARA LEDO
29/11/2020

El Gobierno ha anunciado que destinará más de 1.500 millones de euros de los fondos europeos para hacer despegar el hidrógeno renovable y las grandes energéticas han disparado sus inversiones. Iberdrola planea invertir 1.800 millones hasta 2027; Repsol, entre 2.200 y 2.900 hasta un año antes; Enagás habla de 1.500 millones hasta 2023, Endesa dice que tiene 22 proyectos en desarrollo y Naturgy, que se ha unido a la alianza europea del hidrógeno, analiza varios proyectos. ¿Qué ha ocurrido para que haya tanta euforia y recursos?

"Desde el punto de vista de la tecnología y el producto no ha ocurrido nada que motive ese interés", responde el presidente de la Asociación Española del Hidrógeno (AeH2), Javier Brey. A su juicio, el cambio se debe a que en el último año muchos países se han marcado como objetivo la "plena" descarbonización "Ya no se habla de descarbonizar una parte o un sector en concreto, sino de descarbonizar por completo la economía, y eso pasa por el hidrógeno verde", explica. Mientras el experto en política energética, Javier García Breva, apunta al interés de las energéticas por aprovechar los fondos europeos para invertir en nuevos activos.

El hidrógeno no es una fuente de energía como el sol, el petróleo o el gas natural. "No hay ningún agujero por el que salga el hidrógeno", expone Brey. Sino que se trata de un vector energético que es necesario producir. El agua, al entrar en contacto con la electricidad, se divide en oxígeno e hidrógeno. Si esa electricidad procede de renovables, el hidrógeno producido será limpio; si lo hace a partir de combustibles fósiles, será 'gris'.

Su atractivo radica en ser una de las pocas soluciones que existen para descarbonizar aquellos usos que todavía no pueden electrificarse como la gran industria o el transporte pesado. Y, desde el punto de vista del almacenamiento, sirve como respaldo para un futuro sistema eléctrico 100% renovable.

El problema es que todavía no es competitivo y le falta mucho desarrollo por delante, sobre todo, en términos de tamaño y precio. "No sabemos todavía cuál será el camino de la tecnología, si será modular o veremos una economía de escala típica que viene de plantas de grandes dimensiones", reconocía esta semana el consejero delegado de Enel, matriz de Endesa, Francesco Starace.

"Las tecnologías y equipamientos que son necesarios tanto para producir el hidrógeno como para transportarlo hasta los consumidores finales, almacenarlo y usarlo en sus procesos industriales o en sus pilas de combustible aún tienen que madurar, alcanzar las necesarias economías de escala y reducir sustancialmente sus costes", explica el socio responsable de Energía y Recursos Naturales del Monitor Deloitte, Alberto Amores. Además, en el caso del almacenamiento, el coste se dispara en pocos días. "Es necesario avanzar en el estudio y desarrollo de las distintas tecnologías disponibles (yacimientos subterráneos, portadores líquidos, hidrógeno comprimido, etc.)", añade.

Por lo tanto, su despliegue no llegará, al menos, hasta dentro de una década. "Para su uso por la industria, si no hay incentivos o penalizaciones medioambientales significativos, podría irse al 2040", agrega Amores. La "curva de aprendizaje que hay que recorrer" no será muy diferente a la de otros desarrollos como el de la fotovoltaica. En esta línea, según coincidían hace unos días el presidente de Iberdrola, Ignacio Galán, y el consejero delegado de Endesa, José Bogas, las subvenciones necesarias para impulsar el hidrógeno renovable son mucho menores que las que se necesitaron para impulsar la solar hace años, ahora una fuente de energía incontestable.

Lo bueno de esta carrera es que el país que lidere su desarrollo puede crear a su alrededor una nueva industria, a partir de la fabricación de electrolizadores, pilas de combustible, calderas y turbinas. Pero, también puede ocurrir que sean "los consumidores quienes acaben pagando la factura", según opina Javier García Breva. "A cada ciclo inversor de las eléctricas se han sucedido situaciones de sobrecapacidad que acaban derivando en el recibo de la luz y este ciclo no será diferente", asegura el experto, quien opina que "si las inversiones de los fondos europeos se están planteando para los próximos tres años no deben ser para una tecnología que todavía no es madura sino para aquellas que contribuyan al crecimiento de la economía productiva".