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Casado espera a que Sánchez mueva ficha

Los conservadores temen el peso de Vox en el Congreso a la hora de fijar debates. El PP quiere poner el foco sobre el PSOE y evitar que se aborde su posible abstención

 

El líder del PP, Pablo Casado, tras el escrutinio del 10-N, el domingo. - Europa Press / Jesús Hellín

PILAR SANTOS
12/11/2019

Pablo Casado se mantuvo ayer callado. Pasó casi todo el día encerrado en su despacho de la séptima planta de la sede del PP en Génova, preparando el discurso que pronunciará hoy al mediodía ante los principales cuadros de su partido en el comité ejecutivo nacional.

El domingo por la noche, con los resultados del 10-N recién escrutados, el presidente del PP no quiso aclarar si ayudaría a desbloquear el enrevesado escenario político o no. Esa ambigüedad continuó en boca de los pocos dirigentes del partido que hablaron ayer, interesados únicamente en remarcar dos cosas: que es Pedro Sánchez el que debe acaparar todos los focos y tomar la iniciativa para sacar a España de la ingobernabilidad, y que «no se fían» del líder socialista como para facilitar otro Gobierno con él al frente.

«La pelota está en su tejado», declaró el vicesecretario de Comunicación, Pablo Montesinos, a este diario. «Él nos ha metido en este lío y tiene que decir qué va a hacer», añadió. Y, en línea con lo que ya marcó la víspera el secretario general de la formación, Teodoro García Egea, invitó a Sánchez a «marcharse». Ni Montesinos ni tampoco García Egea, en las numerosas entrevistas que ofrecieron a lo largo de la jornada, quisieron aclarar si esa es una condición indispensable para sentarse a negociar una posible abstención del PP, que en la dirección de Génova ven, en todo caso, como algo remoto en estos momentos.

LOS 11 PACTOS DE ESTADO / Las señales que emite el PSOE, afirman fuentes de la dirección, invitan a pensar que han descartado cualquier acercamiento al PP. En este sentido, subrayan que el secretario de Organización de los socialistas, José Luis Ábalos, avisó tras la reunión de la ejecutiva federal del partido que su objetivo es «tratar de articular» la «realidad compleja» que ha dejado el 10-N a través de «un Gobierno de carácter progresista». Ábalos se escudó en la cercanía de Vox (52 escaños frente a los 88 de los populares) para señalar que con esa «presión» por la derecha no se puede esperar la abstención de Casado.

El presidente de los populares tendrá ocasión hoy de marcar su posición en un discurso ante sus filas (en plasma para la prensa, como es habitual), en el que recordará que en los últimos meses tendió la mano a Sánchez para cerrar 11 pactos de Estado, desde asuntos europeos hasta las pensiones y la violencia de género, le pidió que no se apoyara en Bildu para gobernar en Navarra y le reclamó que rompiera con los independentistas en varios ayuntamientos y en la Diputación de Barcelona.

No atendió ninguno de esos planteamientos, resaltará.

Será interesante ver ahora hasta qué punto Casado mide sus palabras y si repite la idea de pedir la cabeza de Sánchez o si eso lo deja para sus colaboradores más estrechos.

NUEVA RELACIÓN CON VOX / El dirigente conservador también deberá hilar un argumento ante el auge del partido de Santiago Abascal. Todo apunta a que Casado debe olvidarse, al menos a corto y medio plazo, de su misión de «reagrupar» a las tres derechas, una idea que ha repetido en múltiples ocasiones este último año. Con el peso ganado por Vox en el Congreso, donde será la tercera fuerza, tendrá más capacidad de presentar iniciativas y Abascal podrá intentar retratar en cada pleno a los populares, a esos que llama «la derechita cobarde».

Fuentes del núcleo duro del líder popular niegan que el crecimiento de la ultraderecha deba llevar a Casado a radicalizar su mensaje y subrayan que la opinión en Génova es «prácticamente unánime» al considerar que, si el PP ha subido de 66 a 88 escaños, ha sido gracias al nuevo «tono y estilo» del candidato desde el pasado verano.

De la sede popular también salieron ayer numerosas llamadas hacia Andalucía. En esa comunidad, donde Vox apoyó al PP y a Ciudadanos para gobernar en la Junta, los naranjas, como en el resto de España, no pasan por un buen momento. Han perdido ocho de los 11 diputados en esa región.

El temor en Génova era que Juan Marín, actual vicepresidente del Ejecutivo autonómico, y hombre de confianza de Albert Rivera, sufriera algún envite interno de la corriente crítica. Sin embargo, fuentes del PP descartaron cualquier crisis en ese sentido lo que permitirá mantener el pacto de gobierno en La Junta de Andalucía y evitar un conflicto que podría ocasionarles problemas en el futuro e incluso en el presente.

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