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A fondo

Europa, China te llama

 

GEORGINA Higueras
05/08/2018

En plena guerra comercial, China ofreció a la Unión Europea poner en marcha un frente común contra Estados Unidos. Bruselas no aceptó, según el diario South China Morning Post, pero ambas partes acordaron establecer un grupo de trabajo para resolver disputas a través de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Europa ha tomado la mejor decisión. No es cuestión de dejar un aliado para agarrarse a otro, pero es evidente que ha llegado la hora de jugar el papel de bisagra en este periodo histórico de transición de un poder hegemónico en declive a otro emergente.

Donald Trump y buena parte del Partido Republicano no ven en Europa un socio al que tratar de igual a igual y con el que tomar las decisiones estratégicas para el futuro de Occidente y del mundo globalizado. Nos ven y nos tratan como a un viejo aliado, que ha dejado de ser prioritario, una carga para el America first. No se trata de la última bomba trumpiana que tacha a la UE de «enemigo», hace tiempo que EEUU comenzó a soltar amarras en el Atlántico para posicionarse en el Pacífico, aunque como el perro del hortelano, trata de impedir a toda costa que otro --sea Rusia, Alemania o China-- se adueñe de lo que él ya no quiere y se empeña en destrozar sembrando cizaña, por si hubiera poca, entre los europeos.

Por el contrario, China no se cansa de decir que «Europa es una de sus prioridades estratégicas», y le ha ofrecido un abanico de oportunidades para colaborar en la creación de un modelo económico más sostenible, que aborde los grandes retos que amenazan al planeta: la desigualdad, el cambio climático y la deriva proteccionista. Bruselas se muestra esquiva y pierde el tiempo, pero la situación internacional evoluciona tan rápido que, como se descuide, será demasiado tarde.

HOY MÁS que nunca, el mundo necesita instituciones internacionales fuertes, capaces de frenar la creciente hostilidad entre Washington y Pekín y de poner orden entre los muchos poderes emergentes. La UE, avalada por los valores que defiende, tiene una oportunidad única de ejercer de árbitro e impedir que se repita el descenso a los infiernos de los pasados años 30. Entonces, el poder hegemónico del Reino Unido fue incapaz de hacer frente a la crisis financiera, y el poder emergente, EEUU, consideró que aún no estaba preparado para tomar el mando. El proteccionismo y el nacionalismo beligerantes generados en esa terrible década recuerdan a los fantasmas que nos amenazan.

Los riesgos de guerra se disparan cuando no hay instituciones comunes robustas sobre los estados soberanos. Estos dos últimos años, EEUU ha abandonado el Acuerdo de París sobre Cambio Climático, la Unesco, la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas y el acuerdo nuclear con Irán. En cuanto a la OMC, Trump insinuó su voluntad de abandonarla y días después la amenazó con «hacer algo» si no comienza a tratar «adecuadamente» a EEUU.

«Hemos entrado en un nuevo mundo de conflictos de poder duro en el que Europa ya no puede confiar en otros para su defensa», escribía en febrero pasado el exprimer ministro sueco Carl Bildt. Al romper la confianza entre los 29 miembros de la OTAN, Trump ha destruido el pilar político de la organización reduciéndola a su carácter militar, al que ha impuesto la misión de acabar con el déficit comercial norteamericano a través de la exigencia de que los europeos empleen el 4% de su PIB anual en defensa, es decir, en compras de material militar en EEUU.

Europa necesita hacer realidad su autonomía estratégica para que el mundo, y en especial EEUU, comience a tomarla en serio. Una Europa dotada de las capacidades militares indispensables tendrá más facilidad para entablar una relación de igualdad con EEUU, que le permita mantenerse equidistante tanto de Washington como de Pekín, para tender puentes que fortalezcan el diálogo y la negociación entre los dos titanes.

NADIE DEBE asustarse por la eventual reducción de la presencia militar norteamericana en suelo europeo, cifrada en la actualidad en 65.000 soldados. Al contrario, si se aborda con normalidad facilitará que la UE tome definitivamente las riendas de su defensa. Por muchos temores que abriguen los países de la antigua esfera soviética, Rusia no tiene ni población, ni potencial económico, ni militar para suponer una amenaza real. Por el contrario, Moscú necesita encontrar cuanto antes una solución que le permita escapar de la sangría económica que le causan tanto su implicación en el conflicto de Ucrania, como las sanciones de Occidente por este.

El acercamiento de Europa a China para defender las reglas de las instituciones multilaterales, el comercio internacional y la lucha contra el cambio climático es la mejor forma de responder al proteccionismo y el unilateralismo trumpianos.

*Periodista